Cuando se busca unidad entre luchas internas

Simon Boccanegra es uno de los títulos más controvertidos y geniales de Verdi, en el que conviven de forma sorprendente la mayor parte de sus planteamientos musicales con una compleja trama que mezcla lo histórico, lo político y lo sentimental. Por ello, el gran régisseur Giorgio Strehler lo definió como “Un grande, complicado y artísticamente ordenado desorden que es como la vida misma”. La ópera nació en 1857 a partir de un libreto de Francesco María Piave con adiciones de Giuseppe Montanello basado en el drama homónimo de Antonio García Gutiérrez, pero fracasó tras su estreno y desapareció del repertorio cuatro años después. Renació en 1881 por iniciativa de Giulio Ricordi, tras una revisión del libreto de Arrigo Boito y casi un tercio de nueva música, que añadió viveza, fuerza y profundidad o desterró el tono tétrico de la primera versión en favor del colorido instrumental y la concisión vocal del periodo de madurez de Verdi; todas las virtudes de la nueva versión se concretan en la imponente escena del Consejo que cierra el primer acto. La trama narra la historia novelada del dux de Génova, Simon Boccanegra, un plebeyo de voluntad pacifista que vivió en el segundo tercio del siglo XIV entre luchas políticas, odios ancestrales y ambiciones personales que le condujeron a morir envenenado.  (continua)

 

Simon Boccanegra es una obra verdaderamente singular en el catálogo verdiano por diversas razones muy diferentes. En primer lugar, al igual que pasa con Macbeth, es una obra que está compuesta en dos períodos distintos de la vida de Verdi, separados además por un gran lapso de tiempo. La primera versión de Simon Boccanegra es de 1857 y la segunda y última, que es la que se representa habitualmente, de 1881, veinticuatro años de diferencia. La versión de 1857 es una versión más convencional pero también llamativamente experimental, mientras que ese aspecto se diluye por la maestría y la madurez de los últimos años de Verdi, inmediatamente anteriro a Othello y posterior por tanto de Aida. Esta cuestión ha dificultado que la obra se instale de manera regular en el repertorio de los grandes teatros.

En segundo lugar, se trata de una obra oscura; hay una soprano, un tenor y todo lo demás son barítonos y bajos. Todos los personajes importantes de la trama, empezando por el protagonista son voces graves; incluso en la versión del 1881, Verdi bajó medio tono algunos de los fragmentos de la primera versión, con lo cual, la obra es tonalmente más oscura todavía.

En tercer lugar, el protagonista es un barítono, aportación de Verdi a la historia de la tópica vocal. Antes de Verdi, la voz de barítono no existía como tal. Existían bajos cantantes, pero este tipo de voz, que es un barítono con un centro poderoso, con una voz oscura, pero con una voz suficientemente aguda como para llegar al Mi, al Fa y hacerlo con un legato expresivo. Esta creacción verdiana fue utilizada para algunos de los principales protagonistas de sus obras como es Rigoletto.

Tanto en Rigoletto como en Simon Boccanegra, la trama argumental está protagonizada por un padre. Verdi trata la figura del padre en 24 de las 26 óperas que tiene en su haber, lo que conforma un caso insólito en la historia de la ópera. Incluso en cuatro de sus óperas, Alzira, Luisa Miller, Rigoletto y Simon Boccanegra, aparecen dos protagonistas que encarnan el rol de padre. En el caso de Simon, está el personaje Fiesco, padre de María y Simon, padre de Amelia. La figura del padre siempre tiene un papel autoritario, que exige el cumplimiento de la ley a sus hijos, con una presencia escénica y dramática verdaderamente importante. En muchos casos, son los que dificultan la relación amorosa, característica de la soprano y del tenor. No es el oponente por razones de celos, sino oponente en término de la “ley” frente al “deseo”, elemento estructurante de la dramaturgia verdiana.

 

Simon Boccanegra, al igual que en Il Trovatore, toma como base la obra de un dramaturgo español, Antonio García Gutiérrez (1813-1884), escrita en 1864. La obra se basa en el personaje histórico de Simon Boccanegra, primer dux de Génova. En la obra sitúa los orígenes de Simon como un pirata, aunque en realidad era su hermano. Llegó al poder en 1339 gracias a un movimiento popular que le apoyó, reflejo de la debilidad de las familias nobiliarias de la época. Las luchas internas estaban protagonizadas por los gibelinos y por los güelfos, partido apoyado por el Vaticano. Durante el mandato constituyó la primera Constitución en Génova. La ciudad estuvo contínuamente enfrentada por las luchas internas de las familias nobiliarias como los Doria y Spinola (del partido gibelino), y los Fieschi y Grimaldi (del partido güelfo), y enfrentada con Venecia por la supremacía del Mediterráneo. Esto provocó que en 1347, Simon abandonase el poder y se estableciera en Pisa, donde consiguió reorganizar su partido para restablecer su poder en la República Marítima de Génova (1354). Murió probablemente envenenado en 1362, habiendo conseguido durante su mandato la conquista de la isla de Quíos y la derrota de los tártaros.

En la obra de Verdi, el personaje de Simon encarna el sentido del estado, imbuido de los ideales del Risorgimento.  Pese a estar ambientada en la Italia del siglo XIV, Verdi está hablando de su presente histórico con la Unificación de Italia. Verdi estaba muy ligado a Génova, donde residió algunas temporadas, a partir de 1866, en el Palacio Sauli y posteriormente en el Palacio Doria. Esta relación con la ciudad hizo que Verdi fuese nombrado ciudadano honorífico de Génova en 1867.

Simon Boccanegra fue la quinta y última de sus óperas escritas para el Teatro de la Fenice de Venecia, junto con Ernani, Attila, Rigoletto La Traviata. El estreno en La Fenice fue el 12 de marzo de 1857, constituyendo un tremendo fracaso para Verdi. La primera producción tras su estreno, que tuvo lugar en Reggio Emilio en julio de 1857, contó con mejoras en la escena, el libreto y la partitura. El resultado no fue memorable pero sí positivo. No obstante, el principal fiasco de Simon Boccanegra después de su estreno llegaría en octubre de ese año en el Teatro della Pergola de Forencia. Aquí la reacción del público fue burlona y despiadada.

 

En noviembre de 1858 alcanzó gran éxito en el San Carlo de Nápoles pues el público napolitano estaba ansioso por escuchar una nueva ópera de Verdi. Parecía que la ópera había alcanzado el éxito esperado por Verdi pero no superó la prueba más importante: La Scala de Milán. Este fracaso fue para Verdi el más previsible por el deficiente reparto con que contó pero también el más doloroso al tratarse del principal centro operístico italiano.

Dejando a un lado la complejidad de la trama o sus deficiencias dramáticas, Boccanegra es un ópera muy novedosa desde el punto de vista estilístico y formal donde predominaba el canto declamado por encima del canto adornado, se concedía gran importancia a los recitativos acompañados, prevalecía por momentos la combinación armónica por encima del despliegue melódico o se disponía de una instrumentación muy innovadora.

A partir de 1861, Simon Boccanegra fue desapareciendo del repertorio y también de la cabeza del propio Verdi. Su revisión surgió de una inteligente maniobra comercial del editor Giulio Ricordi. Cuando en otoño de 1880, Ricordi vio claro que Otello no estaría listo para la temporada de carnaval del año siguiente que coincidiría con la Esposizione Nazionale de Milán negoció a espaldas de Verdi con La Scala una reposición.

Verdi reconsideró su postura y optó por revisar Boccanegra, tal como haría con otras óperas por las que sentía un afecto especial. En una carta a Ricordi el compositor plantea cómo deben ser los cantantes, lo triste y desolador de la partitura o la necesidad de rehacer el primer acto.

 

De la carta de Verdi a Ricordi sobresale una pregunta por encima de todo: “¿Quién podría rehacer el libreto?” Piave había fallecido cuatro años atrás, pero el editor propone a Boito. Arrigo Boito, perteneciente al movimiento literario y artístico Scapigliatura (‘libertinaje’), fue muy crítico con la literatura y cultura de su tiempo, atacando también el mundo operístico del momento. Aunque no nombraba a Verdi, éste se enemistó con Boito, por lo que la revisión del Simon Boccanegra supuso una reconciliación entre ambos. Ricordi pretendía con este acercamiento, la reconciliación de Verdi con el Teatro alla Scala de Milán, que desde 1845 Verdi no había vuelto a escribir una ópera para dicho teatro porque consideraba que no tenía la altura artística necesaria.

Verdi no pretendía simplemente revisar algunas partes o actos, sino que su labor fue una verdadera reescritura de la ópera de principio a fin. Y esa forma de concebir la revisión dotó a Simon Boccanegra del estilo vocal conciso y dramático de su periodo de madurez, aunque es especialmente en la parte orquestal donde más se notan los cambios: el compositor tiñe de una nueva tinta instrumental a la partitura en la que el mar adopta un impresionante protagonismo.

Lo más significativo de la segunda versión es el gran acto del Concejo que conforma el final del Acto I. Fue totalmente rehecho debido a la impresión que le causó a Verdi el descubrimiento por parte de Fracasi en 1865 de dos cartas de Petrarca fechadas en 1354, es decir, en la época que sucede históricamente Simon Boccanegra. En estas dos cartas, escritas al dux de Venecia y al dux de Génova, Petrarca les instaba a alcanzar una paz porque ambos son hijos de la misma madre que es Italia. Verdi, hombre del Risorgimento, le conmovió ver en un autor tan antiguo cultivando ese sentimiento patriótico, que él estima absolutamente del presente. Por ello, en la escena final del Acto I, Simon asume esas palabras literales de Petrarca y se convierte en ese momento en un hombre del Risorgimento que está hablando del presente histórico de Verdi.

  

Las tres escenas más importantes que Verdi conservó intactas de la primera versión fueron: el aria de Fiesco en el Acto I, la reconciliación entre Fiesco y Simon Boccanegra en el Acto 3, y la despedida final de Simon en el final de la ópera.

Verdi terminó la revisión el 21 de febrero de 1881 en medio de duras negociaciones con La Scala para disponer del mejor reparto posible para el estreno. El estreno de la revisión tuvo lugar el 24 de marzo de 1881 y suscitó reacciones bastante amables, aunque la ópera no entusiasmó. Verdi aceptaría con más calma el relativo nuevo fracaso de Simon Boccanegra. A parte de las ventas económicas que tuvo la revisón, la experiencia permitió recuperar en Verdi el interés por escribir óperas y en abril de 1881 retomó su trabajo con Boito en el libreto de Otello que estrenaría seis años más tarde. Muchos críticos siguen viendo en la actualidad la revisión de Simon Boccanegra como una especie de laboratorio de Otello.

Desde el punto de vista musical, es una obra que, aunque no está concebida sinfónicamente, si que tiene un tratamiento orquestal muy importante. Así, por ejemplo, existen asociaciones de ciertos instrumentos con algunos personajes como el clarinete o el corno inglés con Amelia, el oboe con Gabriele Adorno, y del clarinete bajo con el protagonista Simon. Además, existen ciertas relaciones en el reparto de tonalidades. La tonalidad de Amelia es Mi b, cuya dominante es Si b, la tonalidad del protagonista Simon. Musicalmente, Verdi está hablando mediante elementos puramente abstractos, de ese parentesco (padre-hija), que ellos no conocen, pero que está evidenciado en la partitura. En muchas escenas, Verdi utiliza el estilo conversacional, estilo típicamente verdiano que desarrolló en el que los personajes declaman mientras que la materia propiamente musical, la materia temática está en la orquesta.

La orquesta evoca al mar, un protagonista esencial de la ópera. El mar aparece simbolizado desde el primer compás con un movimiento ondulante que reaparecerá en numerosos momentos de la obra. También aparece evocado el mar en el libreto con distintos significados, como el de liberación o del deber.

. Prólogo

La acción se sitúa en una plaza de Génova a mediados del siglo XIV. Es de noche y un ondulante pasaje orquestal de ambiente marítimo introduce y acompaña la conversación del orfebre Paolo Albani con Pietro, un líder popular; Paolo le persuade para apoyar como próximo dux a Simon Boccanegra, corsario al servicio de la República genovesa. Cuando Pietro sale para reunir el voto popular, Paolo muestra a solas su obsesión por el poder, la riqueza y el ascenso social. Un pasaje rápido y punteado marca la entrada de Simon; el cosario muestra indiferencia hacia la corona ducal pero acepta el plan cuando Paolo le recuerda que podría conseguir a su amada Maria, recluida en casa de su padre, el noble Jacopo Fiesco. Simon sale y Pietro convence a un grupo de marineros y artesanos junto a Paolo; en su racconto con coro “L’atra magion vedete?”, el orfebre describe el palacio donde Fiesco tiene recluida a su hija Maria.

La multitud se dispersa cuando sale Fiesco de su palacio roto de dolor por la muerte de su hija; acompañado por fúnebres metales y sombrías cuerdas, canta el aria “A te l’estremo addio, palagio altero,… Il lacerato spirito” mientras en el interior un coro de hombres y mujeres lamentan la muerte de la joven. Llega Simon con la esperanza de ver a su amada y Fiesco lo recibe con violencia, aunque termina aceptando perdonarle si renuncia a la hija que tuvo con Maria. El corsario narra cómo desapareció misteriosamente su pequeña en el bello andantino “Del Mar sul dido”; al no poder complacerlo, Fiesco finge marcharse mientras Simón le suplica.

El corsario decide entrar en el palacio; le acompañan aires aristocráticos que se transforman en una tremenda agitación orquestal al descubrir a Maria muerta. Simon vuelve destrozado, mientras Fiesco celebra oculto su castigo; la escena termina con el contraste del coro festivo “Doge il popol t’acclama!” que sustituye a la cabaletta y donde una multitud encabezada por Paolo y Pietro vitorea a Simon como nuevo dux de Génova.

 

Acto I

Han pasado 25 años y la acción se sitúa ahora en los jardines del palacio Grimaldi a las afueras de Génova. Un sugerente preludio orquestal evoca el rosicler matutino a orillas del mar con trinos de violines y arpegios de la madera e introduce la cavatina de Amelia Grimaldi “Come in quest’ora bruna”. Se escucha en la lejanía a Gabriele Adorno cantando la serenata en dos estrofas “Cielo di stelle orbato” (que recuerda Il trovatore). Al entrar encuentra a Amelia preocupada por el futuro de su relación y trata de calmarla; cantan el encantador andantino “Vieni un mirar la cerula” mientras contemplan el mar. En el tempo di mezzo entra Pietro (convertido ahora en cortesano) y anuncia a Amelia que Simon Boccanegra (el dux de Génova) desea visitarla hoy; la joven teme que el dux esté planeando su boda con su favorito Paolo (también convertido en cortesano) y pide a Gabriele que prepare su boda con ella para evitarlo. Cantan desafiantes la cabaletta “Sì, sì, dell’ara il giubilo”.

Amelia entra en el palacio y Gabriele al marcharse se encuentra con Fiesco (protector de Amelia y oculto ahora en el exilio bajo el nombre de Andrea Grimaldi). El joven le confiesa sus planes de boda y Fiesco le advierte que Amelia no es de noble cuna; con tono afligido admite que es una huérfana adoptada por los Grimaldi el día en que murió su propia hija con el fin de proteger sus riquezas de la codicia del dux. A Gabriele eso no le importa y Fiesco bendice su unión en el dúo “Vieni a me, ti benedico” con tono solemne y religioso; cuando escuchan unas trompetas fuera de escena anunciando la llegada del dux salen para evitar que Fiesco sea descubierto. Simon se encuentra a solas con Amelia y le entrega un escrito donde perdona a los Grimaldi; la joven cuenta al dux el acoso de Paolo y le dice que ama a otro hombre. Amelia le revela sus humildes orígenes en el dulce racconto “Orfanella il tetto umile” introducido por el oboe; Simon confirma en el tempo di mezzo que Amelia es en realidad Maria Boccanegra, su propia hija, a la que creía perdida, e inicia emocionado la cabaletta “Figlia! a tal nome io palpito”. La joven vuelve al palacio y el dux ordena a Paolo que renuncie a casarse con ella; el malvado cortesano explica a Pietro su plan para secuestrar a Amelia.

Una tensa introducción orquestal con arpegios de la cuerda y acordes del metal inicia el finale primo donde la acción se traslada a la sala del Consejo del palacio del dux. Simon muestra una carta de Petrarca donde suplica la paz entre Génova y Venecia; su discusión con los consejeros es interrumpida por un tumultuoso coro del pueblo que clama por la muerte de los patricios y del dux.

Simon ordena que abran las puertas del palacio y entra el gentío con Gabriele y Fiesco acusando al joven de haber matado a su líder Lorenzino. Gabriele lo reconoce y acusa al dux de raptar a Amelia; al levantar su espada contra él, aparece la joven y se interpone entre ellos. Amelia narra su secuestro y liberación en “Nell’ora soave”, pero se niega a señalar al responsable entre los presentes. Los ánimos se enardecen y el dux inicia con autoridad el andante mosso “Plebe! Patrizi!… Popolo”; un brillante número de conjunto donde Simon calma a la multitud citando a Petrarca (“e vo gridando: pace!”). Gabriele acepta su arresto y el dux pide ayuda a Paolo para declarar maldito al culpable; la maldición se acompaña únicamente con un siniestro solo de clarinete bajo y todos la reiteran ante el horror de Paolo.

. Acto II.

En las habitaciones del dux en el palacio ducal, Paolo encarga que saquen de la prisión a Fiesco y Gabriele; a solas reflexiona sobre su maldición con ecos musicales de la escena anterior y envenena la bebida del dux. Paolo propone a Fiesco que mate a Simon mientras duerme, pero éste rehúsa y es devuelto a la prisión. El cortesano acude ahora a Gabriele y le informa de que el dux quiere a Amelia para él. A solas, el joven inicia fuera de sí el aria “Sento avvampar nell’anima” sobre un furioso acompañamiento en la cuerda que, una vez calmado, se transforma en una lírica plegaria.

 

Entra Amelia y Gabriele la acusa de traición mientras la joven no quiere revelar su secreto; en el bello andante “Parla, in tuo cor virgineo” él suplica una explicación y ella defiende su inocencia.

En el tempo de mezzo unas trompetas anuncian que viene el dux y en la breve cabaletta “All’ora istessa teco avrò morte” Amelia consigue esconder a Gabriele en el balcón. Se inicia el finale secondo con la entrada del dux; la joven le confiesa que ama a Gabriele, uno de sus enemigos, aunque Simon reconoce que podría perdonarlo si se arrepiente. Una vez a solas, el dux bebe el agua envenenada por Paolo y le vence el sueño. Vuelve Gabriele dispuesto a asesinar al dux pero es detenido por Amelia. Simon despierta y revela que Amelia es su hija; Gabriele, arrepentido, inicia el emotivo andante “Perdon, Amelia” donde los tres se reconcilian. El acto termina con el sonido de un coro guerrero acompañado por tambores que promueve la rebelión contra el dux y la promesa de Gabriele de volver a luchar a su lado.

. Acto III

La acción se sitúa de nuevo en el interior del palacio ducal; una tensa introducción orquestal da paso a un coro lejano que vitorea al dux. Fiesco es puesto en libertad y se encuentra con Paolo que es conducido a su ejecución; el cortesano le confiesa en un apasionado recitativo que envenenó al dux, mientras escuchamos en el fagot una breve figuración cromática; a continuación se oye un coro nupcial en la lejanía y Paolo le confiesa que también raptó a Amelia. Fiesco sale al ver que viene el dux y el capitán de la guardia anuncia a cappella que se extingan las luces de la ciudad en memoria a los caídos.

 

Aparece el dux con aspecto abatido, acompañado en la cuerda por la breve figuración cromática que representa el veneno que le está matando; se alivia contemplando el mar en el arioso “Oh refrigerio!… la marina brezza!…”. Fiesco se dirige al dux en el dueto “Delle faci festanti al barlume” y le anuncia su ocaso; cuando las luces comienzan a extinguirse, reconoce su identidad. El dux se alegra de volver a verlo y le revela que Amelia es, en realidad, su nieta; Fiesco llora y los dos se reconcilian en el largo “Piango, perchè mi parla”. Sin embargo, una insistente figuración rítmica en la cuerda rememora que Simon se muere; Fiesco le confiesa que ha sido envenenado. Aparecen Amelia y Gabriele acompañados por caballeros y damas de la corte y Simon los bendice en el concertato final “Gran Dio, li benedici”; ya moribundo nombra sucesor a Gabriele y todos ruegan por su alma.

 

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Simon Boccanegra Tito Gobbi

Maria Boccanegra (Amelia) Victoria de los Angeles

Jacopo Fiesco (Andrea) Boris Christoff

Gabriele Adorno Giuseppe Campora

* Orchestra e Coro del Teatro del`Opera di Roma   GABRIELE SANTINI

CD1    CD2

 

 

 

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