Pocas veces tendremos ocasión como hoy día para demostrar la falsedad social del mundo político. Para tomar la medida a una Constitución de la fantasía donde se garantiza la orientación al pleno empleo y la irretroactividad de las leyes restrictivas de derechos. Para desnudar una sociedad política que legisla, casi en pleno, contra la «sociedad social». Para revelar el grado de aislamiento social de un Gobierno donde prevalece, contra el interés de los gobernados, la ambición de una jefatura de la mediocridad al servicio doméstico de los poderosos. Para ver la pornografía de una oposición que planea el asalto al poder por etapas de crítica o colaboración programadas, contra el orden de apremio de los problemas, según necesidades de imagen. Para comprender, en fin, que la corrupción y la incompetencia de la clase gobernante provienen del juego institucional del Estado de partidos. Es la lección magistral que la sociedad civil puede dar a la sociedad política.












