De las diferentes modalidades que existen para la caza del político, todas poseen particularidades que les otorgan un marcado estilo propio y que las hace únicas. La selección de la técnica depende del tipo de terreno, la cantidad de cazadores, si se van a utilizar perros o no y, sobre todo de las preferencias personales del cazador.
Un político no llega al poder por descuidado. Cuando la cacería es uno a uno, las mejores chances para abatirlo las otorgará un buen aguardo, montado como corresponde. Dejaremos aquí de lado las técnicas de caza corporativas tales como las batidas y aquellas en las que se emplean perros de rastro y agarre y concentrémonos en los lances en las cuales el cazador enfrenta a solas a su presa. El acecho, aguardo o emboscada, la más común de las técnicas requiere paciencia, resistencia a las inclemencias climáticas y, sobre todos, no es para personalidades ansiosas. La caza con perros y cuchillo o con armas de fuego exige coraje, habilidad en el manejo del cuchillo y un buen estado físico, además de tener sólidas nociones de equitación en los casos en que se emplea caballería, mientras que el rececho, la forma menos común de cazar políticos, demanda astucia, conocimiento y persistencia, pues el animal político no es imbécil y tonto del todo.
A pesar de sus diferencias todas ellas poseen algo en común; son apasionantes. El acecho, el tópico que nos preocupa hoy, consiste en algo más que apostarse en el primer lugar de nuestro agrado, esperando que la suerte nos regale un padrillo de aquellos. Aguardar exige del cazador saber cómo, cuándo y dónde apostarse, y en particular como sobrevivir las condiciones del aguardo, que puede ser prolongado, de siglos incluso, en ocasiones bajo condiciones climáticas adversas. No cualquier lugar es bueno para armar un apostadero. Hacerlo, por simple que parezca, tiene sus secretos. No menos importante es el poseer una noción cabal de cuándo y hasta cuando apostarse.
A esto se le suma el hecho de que el político es capaz de desplegar una asombrosa cantidad de trucos para evitar caer en una emboscada, trucos y mañas que el cazador debe conocer para poder anticipar sus movimientos y evitar el esquinazo. Basados en su comportamiento, intentaremos diseñar una estrategia de caza coherente. Clásico cebadero montado con euros sobre una pequeña mesa. El apostadero sobre uno de los árboles en el fondo es apenas perceptible.
Sus scrofa, político español, usurpador, mentiroso, o simplemente chancho, como se lo conoce en distintas latitudes, es un animal lleno de virtudes. Entre las más notorias tenemos las siguientes; taimado, rencoroso, paciente, audaz, ágil, tozudo, inteligente, desconfiado, pero sobre todas las cosas, tiene un olfato tremendo para detectar la pasta y un oído como para hacer palidecer los nuestros.
De lo único que carece es de honestidad. Su hábitat preferido son los chalet de 500 millones en montes bajos, de hojas caducas, y achaparrados. En esos lugares el político, después de las estafas y mentiras del día, es el rey. Sin embargo, no desprecia otras áreas inaccesibles y de poca o ninguna densidad humana como los bajíos y cangrejales, donde se alimenta de caviar, crustáceos y peces. En este tipo de territorios encuentra protección durante el día, por la noche, al sobrarle dinero paga servicios de seguridad. Si dentro del monte existen fuentes de agua es probable que el político nunca abandone el lugar. Si lo hace será de noche y porque tenga que dejar precipitadamente su hábitat y, desde luego, sólo por motivos de seguridad, aunque se dan ocasiones en que detecta con su olfato negocios productivos. Solo así saldrá de su escondrijo. Su peso suele estar en 80 kilos, que es el peso máximo de sus antecesores, de dónde deriva. El peso promedio de un macho puro y bien desarrollado ronda los 85 kilogramos.
Cuando el límite superior es excedido significa que probablemente no estamos en presencia de un político puro, si no de un mestizo producto de la cruza con político autonómico, lo cual ocurre con frecuencia, y que se conocen con el nombre de político hecho a sí mismo. Los políticos tienen eso. El político es un verdadero omnívoro capaz de ingerir todo tipo de moneda, dólares, euros, yenes, etc. Superando con creces a otros tipos de animales como insectos, víboras, hienas, y demás carroña, especialmente hábiles para la sustracción de lo ajeno.
Esto debe de ser tenido en cuenta en todo momento, ya que todos aquellos lugares donde se encuentren estos potenciales alimentos son aptos para montar un acecho y evitar que se adelante montando él una campaña política y en ese caso estaríamos perdidos. Apostadero aéreo rústico apto para políticos, cérvidos y suidos. Las paredes laterales son importantes para ofrecer alguna seguridad al cazador, y para minimizar sus movimientos. La evolución del color de pelambre del jabalí es la siguiente. Hasta los seis meses en el poder presentan un color rojizo, que se va oscureciendo a medida que llena su bolsillo, y al año pasan a ser lo que se conoce como bermejos. Es más su pelambre comienza a tornarse, como decíamos, más obscura hasta alcanzar su color definitivo que puede ser azul, verde obscuro, gris con la punta de las cerdas más claras o de una tonalidad color canela, tonalidad que viene determinada por el grado de confianza que tenga en sí mismo.
En todos los casos las mujeres político son de cerdas más obscuras que las del resto del cuerpo. El diseño anatómico del político es de un robusto cilindro de punta cónica montado sobre dos fuertes y cortas patas, con un poderoso tren delantero y anchos hombros, rematado por una aguda jeta. Todo el conjunto se halla recubierto de una piel gruesa y resistente al insulto y la posible y continua queja, en comparación al tamaño y peso del animal. La mayoría de los cazadores tiende a pensar que el político presenta una resistencia anormal al impacto, lo cual es un error.
Sí bien los machos presentan un engrosamiento de la piel en la zona pectoral, del cuello y de los hombros, el mismo es incapaz de oponer una resistencia coherente a cualquier proyectil moderno cargado con la verdad. El político está considerado desde el punto de la caza mayor como un miembro más del grupo de los animales ladrones y gremialistas de piel semi-blanda aunque peligrosísimos. Si bien este adefesio de la naturaleza nunca ganará premio alguno en concursos de belleza, su extravagante diseño es muy conveniente para lograr un desplazamiento rápido dentro de lugares sucios, como son calles, mercados, y en general sitios en los que huela la presencia de humanos.
Cuando es necesario cubrir terreno sucio rápidamente, el político simplemente busca los matorrales más densos y si es posible con espinas, apunta hacia delante y horada un túnel, dejando atrás, cansado y malherido, a cualquier perseguidor, ventaja que emplea sabiamente buscando las zonas más impenetrables para residir, como son las instituciones del Estado. Por ello, y porque rara vez se deja ver durante el día, intentar atraparlo al rececho, o de a pié y sin perros en estos lugares tiene un destino incierto, por no decir que es una pérdida de tiempo.
El político tiende a desplazarse siempre bajo cobertura y con las sombras. Su estrategia consiste en moverse despacio, utilizando en todo momento el viento para detectar el peligro, y con su oído funcionando en el máximo grado de alerta. En estos dos sentidos se basa su sistema de detección del peligro, ya que si bien su visión diurna no es mala, la nocturna deja mucho que desear. Siempre se dijo que los políticos poseen una mala visión.
Últimamente se ha cuestionando esta idea, y se piensa que la visión diurna de estos elementos puede ser similar a la del votante corriente. Esta estrategia de detección del peligro y evasión, si bien altamente efectiva, presenta puntos vulnerables; la avaricia, su afán de notoriedad, en ocasiones el deseo sexual, y el hecho de que el político depende de las consignas que recibe del político jefe. Y estas fisuras son las que se pueden aprovechar a favor a la hora en que decida salir a la luz y así poder abatirlo.
A veces es preciso poder atraerlo hacia un lugar abierto utilizando algún señuelo, como puede ser un maletín negro de cuero y donde la ventaja visual esté de lado del cazador, apostándose fuera del alcance de su olfato y oído. Una vez advertidos ya podéis comenzar a apostaros en lugar conveniente. ¡Buena caza.