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Amapolbl

Hoy, ayer, o siempre, en la rutinaria visita a mi siempre disponible y afable vizconde y compañero de la planta superior, que no deja de reptar y trepar, me doy cuenta de que ni el mundo es comprensible a través de los sentidos, ni los conocimientos en él alojados, a causa de la inexactitud de la potencia bruta, son tan limitados…

Al ir a buscar en mi chistera granate la entrada correspondiente a la enajenacion diaria, este personaje, de cuyo nombre no quiero acordarme, aun ebrio de naftalina y uva pasa, (no por nada exacto o preciso, sino porque posee ya tanto renombre que proporcionarle más puede ser hasta adictivo) me ha sacudido con el varapalo didáctico que faltaba en este lindo anochecer de hibernales contornos… Me enseña, ¡el muy extraordinario arrebato de pura energía bien filtrada!, a añadir una introducción nueva sin necesidad de editar a cascoporro lo ya escrito antes, deprisa y desangrándome. ¡¡¡Qué gran HOMBRETÓN, y qué grande CAPULLÓN!!!

Y aún expresa y dice el muy tirano:”Nos veremos en el Fondo, no sé de quién ni de dónde, como en espejos rotos se reflejan esposas en celo distraídas, raras; pero en el Fondo de ese Algo brillarán nuestras miradas, al final de días y noches que no pertenecen a nadie (eso, y esto mismo, si lo mascas con la prudencia de aquélla que lleva ya veinte partos, viene siendo lo idéntico a aquello que reza del modo siguiente:”Arrieritos somos y en los caminos del demonio desatado nos encontraremos”).

Todos venimos de la Ubicuidad y detenemos nuestro pulso añorando la Inmortalidad: de la Nada y a la Nada, tiempo que se desliza por los entresijos de la Eternidad… ¡Qué salvajes y a la vez abstractos soñamos con ser los humanos!

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La esposa se acuesta temprano. Puede conciliar el sueño, si bien tiene de diez a una docena de pesadillas por minuto. Da vueltas, como es lógico, en la cama, y suda, trepa témpanos de patrañas tan odiosas que a la postre se allanan en lugar de rematar en punta, ya saben… ¡Ley de vida! ¡Ley de raíces mal sembradas! Se enreda entre las sábanas. Enciende un cigarrillo. Lee un poco prospectos donde los descritos efectos de analgésicos y excipientes rebajan la dignidad de la vida a ras de suelo o… Vuelve a apagar la luz. Pero no puede dormir. Sólo sueña en voz baja cómo se ahogan sus hijos en garras de amapolas sedientas de más sangre, ellas… A las tres de la madrugada se levanta. Despierta al amigo de al lado (buen miembro, pensamiento zángano y desconfiado como una jaca tuerta) y le confía que no puede dormir. Le pide consejo. El amigo le aconseja que haga cincuenta flexiones o castillos en el aire a fin de cansarse un poco. Que en seguida tome una taza de tila manchada de lid y misantropía y que apague la luz. Hace todo esto pero no logra dormir. Se vuelve a levantar. Esta vez acude al médico. Como siempre sucede, el médico habla mucho pero ella, esposa y desmadre, no se duerme. A las seis de la mañana carga el revolver del padre de sus hijos, un olvidadizo borracho que nunca supo en qué tajo apoyar su cabeza para ser ejecutado, y se levanta la tapa de los sesos. La esposa está muerta pero no ha podido quedarse dormida. El insomnio es una cosa muy persistente. Como la mugre, el Orden, la Eternidad, la fatal capacidad de imaginar a todas horas…
La historia de la hª. es la evolución de la maldad. Interesante forma de redoblar por todo lo audible las pezuñas del diablo en celo contra atmósferas, hados y servidumbres…

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Daría cualquier parte de la carne que me cobija por ser normal. Pensar a su través. Comer como ellos comen. Fingir como ellas traman insinuaciones y fracasos. Hechos. Dónde se agazapan los hechos, tras que epidermis, sobre que llano deslizan su dosis de verdad innecesaria, en qué lado del cauce dejan reposar la erosión de su valía. No sé que aguja atravesó la fisura en espiral bifurcada de mi cráneo para acariciar la pulpa con que la duda envuelve sus errores. Ni sé en qué espejo mirarme cuando sonrío, lloro o sacio un apetito. Siempre encuentro algo donde no se halla y hallo nada donde nadie encuentra. Es un modo de flotar en vida tan evanescente que piensas que cualquier sacudida menor del viento podría llevarse lejos el polvo que tapa las letras del epitafio de tu tumba… Y aún así existo arrastrado, asidos bien mis nervios, por la Felicidad.

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