Graznidos

cuervos

Cuando aparece un Cuervo medio negro, de mirada entre torva y rojo sangre a un tris de coagular, lo mejor es que te cobijes de nuevo bajo el pecho de tu madre y reces el gorigori de la sumisión al Infinito.
Los cuervos son malos consejeros, peor mensajeros, porciones en bruto, sin pulir, de maldad siempre al azar pordiosero del acecho.
Los cuervos mienten como zorras, como bocas heridas por la inefable e incontrolada farmacopea del cerebro recalentado y desperdiciado a causa de abusos, soles y faltas evidentes de delicadezas.
Los cuervos se lanzan a tu glándula pineal en cuanto la intuyen desprovista de ayuda incrustada entre sus ojos.
Pican, seducen al fantasma que llevas dentro y de su afán de poder hacen ellos la eternidad insufrible de su perpetuo planeo.

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