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June, 2010 Monthly archive
 
 
Lo auténticamente “barato” es focalizar los problemas actuales en detalles anecdóticos y en las nefastas consecuencias, cada vez más visibles e insufribles, y que en progresión geométrica, se derivan de la operativa y la vigencia totalitaria de un Sistema infame. Sistema que ha sido vendido y tatuado en la frente de las masas estúpidas, y en la mayoría de los “intelectuales” como “el menos malo de los sistemas”.
 
Esta tarea de cotilleo estéril y de crítica superficial ya está planteada, permanentemente, en los medios de masas, y hasta en los que no lo son tanto. La castración mental ha sido masiva, y el control de la información está mucho más extendido de lo que parece. Hay enjambres de tertulianos profesionales pagados para que sus posiciones y opiniones exacerben polaridades y rencillas cainitas dentro de escenarios ridículos. Los hamseters no tienen permitido salirse de la jaulita.
 
¿Qué más da si el IVA sube un punto, o sube cinco? ¿Qué más da si las chicas musulmanas usan velo o no lo usan? ¿Qué más da si Bono se compro diez áticos o siete chalets? ¿Qué más da si se aplica más Keynes o menos Keynes?
 
Esto es la continuación del fútbol “por otros medios”, je, je. Los auténticos nudos de debate, en los ejemplos expuestos, tendrían que girar en torno a lo siguiente:
 
Que el IVA, como la mayoría de los impuestos son mecanismos del Sistema Usurero para hacer que el dinero circule en la dirección que el poder usurero que controla el aparato político estime oportuno, y que en un Sistema No Usurero, donde un Pueblo Soberano a través de SU Estado Soberano emite SU Dinero en base al Trabajo (y no al revés) y distribuye su Crédito, (sin usura) a las actividades que generen auténtica producción y servicio. Que el Estado, y con él el país, están en manos de los prestamistas acreedores y los caprichos de sus agencias de calificación y sus cábalas usureras. Se discute la anécdota, no el fondo.
 
Que la presencia de chicas musulmanas en Europa debería de ser anecdótica, y que ya mismo habría que estar buscando a los responsables políticos y económicos de la millonaria y alógena inmigración de estas personas en Europa. Ellos son los responsables de la invasión. Esto, es una autentica bomba de relojería, producto de un experimento social contra-natura, funcional a los intereses sionistas. Se discute la anécdota, no el fondo.
 
Que el excelentísimo Sr. Bono, y todos los de su pelaje deberían estar pronto en un campo de trabajo, pagando con trabajo manual, por todos los delitos cometidos. Se discute la anécdota, no el fondo.
Que aplicar la doctrina de Keynes, endeudándose con los prestamistas de la imprenta, (muy bien camuflados tras el fantasmagórico “mercado”), sin Soberanía Monetaria es arruinar y esclavizar a varias generaciones de personas. Se discute la anécdota, no el fondo.
 
Y así se podría seguir con todos y cada uno de los “problemas” de actualidad. Lo que la gente genuinamente inteligente debe hacer es buscar y reflexionar (ahora ya contra-reloj) sobre las causas históricas, filosóficas, psicológicas, y hasta metafísicas, de todo este merengue en el que estamos ahora. Lamentablemente, esto resulta muy “caro” para la mayor parte de la gente, su moneda no cotiza, ya no sólo para la turba alienada, sino para la gran mayoría de las personas a las que se les supone un criterio y una formación, quienes tendrían que encauzar la consciencia colectiva, más allá de azuzar míseras pasiones, y desgastarse en detalles menores. Esto sí que es filosofía “barata”.
Conde de Saint Germain
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La fidelidad a una persona fundamentó el lazo monárquico.
La lealtad a una causa, el republicano.

En los actuales Estados de Partidos la fidelidad se asegura ocupando, con partidarios gubernamentales, los puestos de mando burocrático, y la eficacia se logra convirtiendo la corrupción en motor de las administraciones públicas.

Recordar que fueron los Estados Unidos, un pueblo sin tradición de jerarquías monárquicas, quien  dió valor supremo a la lealtad, como creadora del espíritu republicano en las relaciones del Estado con los ciudadanos, y en la organización de los servicios civiles, donde la lealtad hace posible la existencia moral y la personalidad individual. En definitiva, la lealtad produce ciudadanos y la fidelidad, súbditos.

El concepto de estado social, introducido en la Constitución, es un pleonasmo eufémico que no distingue al Estado cubano, por ejemplo, del nuestro.

La expresión estado de derecho es otro pleonasmo, que ha entrado en la Constitución por razones demagógicas.

La mercadería política y la mercancía cultural son frutos naturales de la decidida voluntad de no querer libertad de elegir, de pensar, de crear ni de investigar, sino tan solo la de refrendar sin optar y consensuar sin diferenciar.

Toda persona que sienta amor a España, a la libertad y a la cultura sabe que solo una revolución cultural puede superar el noluntarismo monárquico, que aniquila el reino de las conciencias, en la misma medida en que acentúa el de los partidos estatales y las autonomías nacionalistas.

Se comprende el temor a la restauración de una República, vinculada intencionadamente al recuerdo de la guerra civil, que fue liberal y no democrática. Lo que no tiene explicación racional es el temor imaginario, en los elementos y sectores más dinámicos o marginados de la sociedad, a una III República, prudente y culta. Si  la política la decidiera la razón no habría Monarquías.

Los monárquicos defienden la necesidad de Reyes, sea porque encarnan el orden divino, que los hace incluso patriarcas de la Iglesia como en el Reino Unido, o bien sea por su patriotismo familiar, supuestamente capaz de garantizar la unidad territorial y de clases sociales, no porque admitan que la fórmula monárquica sea racional.

La nueva teoría de la República se basa en la voluntad de creer en ella, y elegirla como modo de vida social más probable de verdad, contra el modo monárquico, más probable de engaño.

La razón de Estado y el orden público, los dos enemigos históricos de la verdad y de la libertad, son criaturas gemelas del principio de autoridad.

El origen religioso de este principio, piedra angular de todos los regímenes autoritarios, explica tanto su aceptación por los súbditos de las Monarquías confesionales, como la universalidad europea de la servidumbre voluntaria. No se puede entender que toda la filosofía política acepte el principio de autoridad  sin estar sostenido por la autoridad de la razón, el principio de razón suficiente o el de legalidad.

En la República Constitucional, donde hasta la soberanía popular se disuelve con la división de poderes equilibrados, sin que ninguno sea soberano, no habrá más autoridades que la del Jefe del Estado, como encarnación del creador espíritu republicano, la del Presidente de la Asamblea creadora de leyes, y la del Presidente del Tribunal Supremo, en tanto que órgano autor de jurisprudencia.

Sería un contrasentido considerar autoridades a los que solo tienen la potestad de hacer cumplir las leyes. Ningún funcionario puede escudarse en el escalafón administrativo, por alto que sea su cargo, para recibir obediencia del inferior en rango, sin razonar los motivos de su orden.

El principio de autoridad desprecia la inteligencia del funcionario para comprender las razones de las órdenes superiores, y quebranta la confianza en el principio de lealtad que debe regir la acción de todos los miembros de la organización del Estado, y la de los ciudadanos hacia los agentes del orden republicano.

La desigualdad en el trato social, la falta de civismo en la población, es proporcional a la fortaleza del principio de autoridad en la fuerza pública.

En la tradición española del Estado autoritario, ningún pensamiento libre puede hacerse la ilusión de poder competir en pie de igualdad con el juicio dogmático del portador de autoridad.

La fidelidad a la monarquía es un permanente amor sin correspondencia. Y se puede ser monárquico aunque los reyes no lo sean. Si Juan Carlos lo hubiera sido, no habría aceptado ser nombrado por un dictador, ni traicionado a su padre.

Las monarquías rompieron el feudo medieval, que ligaba recíprocamente a señor y vasallo con un pacto de protección y sumisión, disolviendo el sentimiento de patriotismo feudal.

La patria pasó a ser el territorio marcado por los límites del patrimonio de las Casas Reales. Hasta que las revoluciones, las de aquél y este lado del atlántico, despertaron el patriotismo nacional con sus respectivas Repúblicas.

La Casa de Austria subordinó los intereses españoles a los imperiales, y la de Borbón, a los franceses. A ninguna de nuestras dos repúblicas las trajo ni animó un patriotismo nacional.

La guerra civil aniquiló el sentimiento natural de la patria. Y la dictadura creó una patria nacionalista para los vencedores.

La monarquía de Juan Carlos se descompone en nacionalismos feudales, en nacionalidades totalitarias de País y Comunidad, con aspiraciones de Estado, en feudos nacionalistas de corrupción de partidos y discriminación de habitantes, retornando al patriotismo feudal.

La conciencia nacional, la libertad política, la verdad y la decencia pública no encuentran sitio ni ocasión para patriarse en España.

Lo español y lo verdadero se encuentran juntos en el destierro.

Sin principios éticos, el consenso de monarca, partidos estatalizados, medios de comunicación, instituciones financieras, empresas privatizadas, autonomías faraónicas y municipios inmobiliarios, ha creado una cultura mercantilizada, donde el espíritu equivale a hipócrita vacuidad. Era de esperar que esta Monarquía de Partidos se sentara en el trono del orden público establecido por Franco, para ahuyentar al espíritu republicano que la asustaba. Y el consenso mediático ha creado la opinión general de que la República, ordenación de los asuntos comunes, es incompatible con el orden público.

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La mundialización de los mercados financieros, junto al progreso de las técnicas de información, garantiza una movilidad sin precedentes de capitales y proporciona a los inversores, preocupados por la rentabilidad a corto plazo de sus inversiones, la posibilidad de comparar de manera permanente la rentabilidad de las más grandes empresas y de sancionar en consecuencia los fracasos relativos. Las propias empresas, colocadas bajo semejante amenaza permanente, deben de ajustarse de forma más o menos rápida a las exigencias de los mercados, so pena de “perder la confianza de los mercados”, y, al mismo tiempo, el apoyo de los accionistas que, preocupados por una rentabilidad a corto plazo, son cada vez más capaces de imponer su voluntad a los managers, fijarles normas (a través de las direcciones financieras) y de orientar sus políticas en materia de contratación, de empleo y de salarios.

De este modo se instaura el reino absoluto de la flexibilidad, con la extensión de los contratos temporales o los interinatos, y los “planes sociales” reiterados y, en el propio seno de la empresa, la competencia entre filiales autónomas, entre equipos empujados a la polivalencia y, en definitiva, entre individuos, a través de la individualización de la relación salarial: fijación de objetivos individuales; entrevistas individuales de evaluación; evaluación permanente; subidas individualizadas de salarios o concesión de primas en función de la competencia y del mérito individuales; carreras individualizadas; estrategias de “responsabilización” tendientes a asegurar la auto explotación de algunos técnicos superiores que, meros asalariados bajo fuerte dependencia jerárquica, son considerados a la vez responsables de sus ventas, de sus productos, de su sucursal, de su almacén, etc., como si fueran “independientes”; exigencia de “autocontrol” que extiende la “implicación” de los asalariados, según las técnicas de la “gestión participativa”, mucho más allá de los empleos de técnicos superiores. Técnicas todas ellas de dominación racional que, mediante la imposición de la súper inversión en el trabajo a destajo, se concitan para debilitar o abolir las referencias y las solidaridades colectivas .

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El rescoldo del viejo régimen

Los reyes de Castilla y Portugal aprovecharon guerras civiles entre musulmanes, para ampliar sus “conquistas” : el ocaso de los Benimerines o Marines, coincide con intento de Enrique IV, de hacerse con el territorio, comprendido entre los del cabo Cabos de Ajer al de Bojodor; Pedro de Vera conquistó Gran Canaria, Palma y Tenerife, aprovechando a la conmoción, que acompañó a la toma del poder por los Utasi; la guerra de Lugo y la operación colombina, se desarrolló paralela a la entrada de los “Morabitos”, en la escena política.

Abdalah Mohamed, experto en el Corán, técnico en hierbas y sanador, que se decía descendiente de Mahoma, se afincó en el Sus, no tardando en conseguir gran predicamento. Previsor, mandó a los hijos a la universidad del Cairo, destacada en el mundo árabe. Debidamente instruidos al regreso, toparon con gobernador del Xarife , desacreditado por corrupto. Le envenenaron, porque el pueblo no le echaría en falta. Puede que el Xarife sospechase la causa de óbito, pero satisfecho al haberse quitado un indeseable de encima, recompensó a los hermanos, nombrándoles para el cargo, que ejercieron en mancomún. Fieles a su benefactor mientras vivió, muerto concluyeron que nada debían al heredero, alzándose con reino del Sus. Conquistados los de Dará, Fez y Marruecos, instauraron la dinastía de los morabitos.
 
Prestigioso probar que los cristianos no eran invencibles, los hermanos asaltaron la plaza portuguesa de Arcilla, arramplando con artillería, municiones y pólvora. Asustado el Cardenal Cisneros, temió repercusión de la tarascada en la conquista de Castilla, reflejándose el miedo en sendas provisiones de 13 de agosto y 14 de septiembre, de 1516. Recordando la prohibición de vender armas, artillería y pólvora a los moros, acusó a los mercaderes andaluces con factor en Marruecos, de procurárselas, avezando en el manejo a los “enemigos de la fe”, a más de avisar con desvergüenza, de las armadas que se preparaba España, contra el Islam. Haciendo responsables a los andaluces, de que los moros se atreviesen a pelear contra cristianos, en la mar y la tierra, prohibió a los castellanos, en general, tocar en puerto de infieles, dando a los factores dos meses de plazo, para repatriarse, bajo amenaza de serias represalias. Que el Cardenal pudiese aplicarlas a residente en Marruecos, indica las existencia de una Berbería, en la disfrutaba de autoridad, impensable en el norte de África.
 
A 15 de enero de 1517 se publicó real orden, decretando que las mercancías destinadas a Marruecos, transitasen por plaza de cristianos. Alarmada Cádiz, población de mercaderes, el Cabildo celebró reunión extraordinaria, acordando mandar apoderado, en busca de Carlos V, para hacerle ver que causaba serio perjuicio a los gaditanos, sin afectar a los moros, pues no faltaban monarcas europeos, dispuestos a venderles las armas que pidiesen, pugnando Francia e Inglaterra por ocupar, en Berbería, el sitio de los andaluces, en calidad de proveedor, siendo el rey de Portugal, primer beneficiario de la ley. Declaradas su plazas puerto de transito obligado a tierra de moros, de personas y mercancías, las haría prósperas, arruinando a Cádiz.
 
De alvinas o marisma el término, a más de reducido, suspendido el trato directo con Berbería, los vecinos se verían obligados a emigrar, quedando puerto estratégico del reino, a merced de quien quisiese ocuparlo. Evidente que la razón asistía a los gaditanos, Carlos V dejó en suspenso la pragmáticas, en atención al “mucho oro e otras cosas” que importaban de África. No habiendo causa geológica demostrada, para suponer el Norte de África productor de oro, en siglo relativamente cercano, habremos de admitir que aquel trato y comercio, se desarrollaba en diferente escenario.
 
Lope de Sosa era gobernador de Gran Canaria y alcaide de Santa Cruz, cuando “los moros de Berbería”, entraron en el puerto de la Mar Pequeña. Como en Arcilla, quemaron la torre, arramplando con cañones, armas y pólvora. Pasadas dos semanas, Fernán Darias Saavedra, señor de Lanzarote y Fuerteventura, yerno de Sosa, recuperó los restos, quedando en Santa Cruz, como alcaide accidental. Cesado el suegro a primero de agosto, esperaba sucederle, pero el Emperador no estaba dispuesto a perpetuar enojoso recuerdo del pasado. Queriendo borrar las Canarias americanas, en enero de 1518 nombró gobernador de Canarias, lejanas e inéditas, a un Pedro de Castilla. Alcaide de su Santa Cruz particular, tenía su residencia tan “apartada” de la Santa Cruz , a orillas de la Mar Pequeña , que el rey separó la alcaidía de la Torre , del cargo de gobernador.
 
A 5 de septiembre de 1519, el Emperador nombró alcaides pro-indiviso, de la “torre de la Mar Pequeña “, con 100.000 maravedís de tenencias, a Luis Zapata y Francisco de Vargas, cortesanos dispuestos a cobrar, pero sin intención de mudarse a la alcaidía. Autorizados a nombrar teniente, que recaudase quinto y parias, organizase los rescates, impidiese pasar armas a los “moros” e hiciese la guerra, se designó para hacer entrega de la torre y ejercer el cargo, al “que fuese” gobernador de Tenerife, por ser la autoridad más cercana, es decir a Pedro Fernández de Lugo, residente en San Cristóbal.
 
La entrada de los Morabitos en Santa Cruz, inquietó a los gaditanos. Temiendo que repercutiese en libertad de comercio precario, los ediles mandaron regidor a Valladolid, para conseguir que la permisión temporal de tratar con Berbería, fuese cambiada en derecho permanente. Informados de los entresijos del real pensamiento y de los reales fantasmas, escogieron por arma seguro, otorgado a portugueses y castellanos en 1480, para frecuentar las “escalas de mercadores” . Vinculado a una Guerra de Guinea, que se quería enterrar con la Guinea , Carlos V entendió el mensaje. En atención a que Cádiz fue puerto de Berbería, desde que se fundó, yendo y viniendo sus navíos libremente, no era razonable abortar un tráfico, que a cambio de paños de mala calidad, rechazados por los castellanos, aportaba cada año 200.000 ducados en oro, 100.000 cueros de vaca y 10.000 quintales de cera.
 
Hombre sensato el monarca, prolongó indefinidamente la licencia para tratar con Berbería, cediendo de paso a clamor general, contra la concentración del tráfico de Poniente en la Casa de la Contratación. Mejor preparado que sus abuelos para administrar la paz, pese a su afición a la guerra, renunció de someter la realidad a la ley, para adecuar la ley a la realidad. Los oficiales de la Contratación de Sevilla extenderían licencias para navegar a Indias, en barcos “sueltos” o en flotas, pero los navíos, entonces con arqueo medio de 200 toneladas, no remontaría el río, hasta el Muelle de la Muelas. Serían “visitados” en Bonanza, ahorrándoles tiempo y riesgos. Difícil de controlar el barco suelto, el Emperador impuso el cuaderno de bitácora, a los navíos sometidos al control de la Casa , describiéndolo como “libro”, aquel en el que serían consignadas las costas avistadas y los puertos en que mojasen, sin que fuese preceptivo consignar anécdotas e incidencias del viaje. En los años que siguieron, la Casa de la Contratación se extendió, instalando agencias en cuantos puertos conectaban con Indias, incluidos los del Cantábrico, que pese a la prohibiciones, nunca rompieron el contacto con las pesquerías de Berbería o Bacalaos.
 
En decadencia la factoría portuguesa de Santa Cruz del Cabo de Guee o Aguer, Juan III se propuso reactivarla, canalizando el comercio con los reinos del Xarife, por su aduana. Tratando entre iguales, convenció a Carlos V. Regresando a la idea de Cisneros, hizo pregonar que cuentas mercancías tuviesen por destino Berbería, habrían de ser desembarcadas y registradas en plaza de cristianos. Intuyendo la causa, los gaditanos replicaron de inmediato, acusando al rey portugués de manipular la realidad y al Emperador, para expulsar del mercado musulmán, a la competencia andaluza. Bastaría cargar la mano en tasas y derechos, para que no pudiesen competir con los portugueses. Comprendiendo que no les faltaba razón, Carlos V fingió ceder a la voluntad del portugués, pero mandó la provisión a vía muerta, haciéndola preceder de pesquisa.
 
Terminada en mayo de 1532, las respuestas son reflejo de una burguesía variopinta, en la que estaba representado el liberalismo, junto a la reacción más intransigente. Juan de Salamanca, residente en Cartagena, declaró que prohibir a los españoles tocar en puerto musulmán, implicaba privar a los propios de mercado ventajoso, para darlo a extraños, calificando los sevillanos de “imposible”, el intento de suprimir el comercio directo con los “moros”, siendo sacrificio inútil prohibir a los castellanos, procurar armas y trigo a infieles, porque otros se lo llevaría. Estando Francia preparada para ocupar el vacío, que dejaba Castilla, el Emperador, para impedir el tráfico, tendría que poner armadas, en todas las rutas de la mar.
 
El licenciado Campillo, de la facción integrista, prestó al Emperador un poder que nunca tuvo, suponiendo que sería suficiente llamar al orden a los reyes de la cristiandad, advirtiéndoles que de tratar con moros, por puertos no autorizados, les secuestraría barco y mercancías, para que renunciasen. Un tal Polanco, de la misma cuerda intelectual, propuso sin ironía, prohibir a los castellanos pisar tierra de moros, en especial a los descendientes de judíos, pues el trato con el Islam, favorecía el regreso al credo de origen. Prohibidas las compañías mixtas, formadas por cristianos y musulmanes o judíos, los castellanos habrían de negociar, sin salir de plaza de cristianos, incluso los rescates de cautivos.
 
De paso se opuso a que entrasen en puerto de Portugal, para no pagar derechos a rey extranjero, calificando de intolerable que lo hiciesen en puerto de moros, sometiéndose a la humillación de ser registrados por infieles. Tradición que musulmanes pululasen libremente, por las villas portuarias de Andalucía, considerando peligroso el contacto, por el riesgo de contacto ideológico. Polanco pidió que se designase un único puerto para recibirlos. Yendo más lejos, el licenciado Valcárcel aconsejó prohibir a los moros de Allende, entrar en lugar de cristianos, pues con pretexto de “contratar”, se enteraban de lo que convenía mantener secreto.
 
Acusados nuevamente los andaluces de exportar herramienta de guerra a tierra de moros, metiéndola por los puertos de Torocuco y Tafetana, Carlos V cortó por lo sano, canalizando el tráfico con Marruecos, por “Santa Cruz, puerto de Portugal”, en la conquista de Juan III. Publicada la provisión, el corregidor de Jerez, encargado de hacerla cumplir, por desconfiar la corona, de los ediles locales, el juez, replicó con contundencia, digna de gaditanos. No había mercader que llevase piedra de azufre, salitre, cobre, hierro o acero ,a los puertos mencionados, porque siendo abundante, los andaluces compraban todo esto a los moros, para venderlo en Castilla y puertos europeos.
 
Achacó la denuncia a la mala lengua del rey de Portugal, empeñado en canalizar el tráfico por Santa Cruz del Cabo de Guee, teniendo arruinada su aduana, las malas maneras y abusos de los oficiales, que fijaban los derechos a capricho. Probado que la palabra de un rey, “dura cuanto es su de voluntad”, que Juan III fijase a los castellanos derechos iguales, a los que pagaban los portugueses, carecía de significado.  Demasiado lejos Santa Cruz, para pedir socorro a España, el castellano habría de dejarse extorsionar, echando el viaje a pérdidas. Elevados los derechos de entrada, al cobrarlos de salida, por llevar las mercancías a tierra de moros, el precio a que se ponían, para no vender a pérdidas, las ponía fuera del alcance de la demanda. Siendo igualmente altos los que pagaban moros y judíos, por entrar en la plaza, no acudían a comprar, abasteciéndose en Tafetana y Torocuco, puertos en los que judíos y moros eran francos, pagando el cristiano los mismo derechos, que el rey de Portugal exigía a sus vasallos. El Emperador, uno de los monarcas más despiertos de nuestra historia, al comprender el mensaje, dejó las cosas como estaban.
 
Luisa Isabel Álvarez de Toledo
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Si el poder fiscal pasa a la UE estamos perdidos. Hay que salir de la UE.Y después, básica y naturalmente:

Establecimiento de un régimen político democrático al más puro estilo de la Teoría de la República Constitucional

Y una vez llevado a buen término, los siguientes consejos:

  1. Establecimiento de un impuesto para el IRPF y de Sociedades del 18% como máximo.(atraigamos empresas)
  2. El terreno dedicado a dehesas para toros lo cedemos a empresas extranjeras que creen trabajo. Además de pòner a disposición del capital inversor todos los terrenos del Estado utilizables una vez satisfecha la de demanda de vivienda de los españoles.
  3. Opcion sobre el tipo de asistencia sanitaria y servicios de logistica post laboral( seguridad social o seguros privados). Opción en todo.
  4. Protocolo de eficiencia y eficacia para todos.
  5. Reducción de funcionarios innecesarios y eliminación de todas las autonomía.
  6. Nacionalización de la banca y de empresas de servicios básicas(ej: telecomunicaciones y energias).
  7. Urgente cambio de modelo de la enseñanza básica y universitaria mediante un protocolo de calidad, calidad(CC), con unas líneas básicas y de seguimiento de conocimientos desarrolladas por los mejores cerebros del país.
  8. Devaluación de la Nueva Peseta (NP)
  9. Cobijo y comida  para todos hasta conocer sus capacidades aportativas y en su caso mejoras de las mismas para su aportación al mercado privado de trabajo.
  10. Un puto himno decente que cuando sea cantado sea sentido porque quienes lo cantan lo han creado y han puesto en práctica la política que conduce a sacar pecho por uno mismo.

Lo contrario sería seguir con “El mundo de la Copla” : mantener el poder en manos de viciosos ladrones:

  • Terrenos militares
  • Terrenos de la Iglesia
  • Terrenos de los terratenientes de siempre
  • Limite de terrenos en las costas
  • Terrenos de Palacios
  • Terrenos de Iglesias posicionadas en los centros de las ciudades
  • Terrenos de Catedrales
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El verdadero autor de la Constitución vigente fue Fernando Abril Martorell, vicepresidente del gobierno con Adolfo Suárez.
Se reunió en el mes de mayo de 1978 en el comedor reservado que el José Luis, el que sirvió la boda de la Ana Aznar, tiene frente al madrileño Estadio Bernabeu, para redactar, enmendar, pactar, conceder o capitular con cuatro socialistas conspicuos y cuatro ucedistas aptos para todo, y por supuesto “sin luz y sin taquígrafos”, el texto de lo que luego  aprobarían disciplinadamente las huestes sociatas y ucedeñas, imponiendo así el texto escrito a mano por el sumiso Pérez Llorca al dictado de los componedores Fernando Abril y Alfonso Guerra. El padre Celestino y su acólito Cortadillo mangonearon cuanto les convino la virginidad de los artículos pendientes (sobre la libertad de enseñanza, las Fuerzas Armadas, la huelga, el matrimonio, etc.) sin dar cuenta ni razón de sus manejos a las demás fuerzas políticas representadas en la Comisión, despreciando así de modo claro y notorio la opinión de éstas, que ni siquiera mereció de los componentes de tan peculiar maridaje la más mínima discusión; ni siquiera que se les explicara qué razones tenían los manipuladores para actuar con la nocturnidad y la alevosía que emplearon en su contubernio. Vale la pena tener en cuenta, pues, que una buena e interesante parte de esa “suprema” norma ha pasado a la historia sin que en el correspondiente “Diario de Sesiones” aparezcan los motivos y las razones que tuvieron tan privilegiados y minoritarios legisladores para privar a sus compinches de las Cortes, a los españoles de entonces y del futuro, jurisperitos, comentaristas, políticos, comentaristas o simples estudiosos de los textos legales, cuáles y cuántos fueron los “toma y daca” de las cuadrillas actuantes en el reducido ámbito de la cena abrileña.
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La economía política nace a caballo entre los siglos XVIII y XIX ingleses de la pluma de pensadores bien conocidos como Malthus, Ricardo y Bentham y de otros que lo son tanto como Townsend y Burke .

El siglo XVIII inglés es testigo de un fenómeno hasta ese momento desconocido en la historia: el de una revolución industrial que a la vez que incrementa la riqueza de la nación multiplica el número de pobres e indigentes hasta unas cifras difícilmente soportables tanto en términos morales como políticos para las clases dominantes. Y si el problema era tanto moral como político se requería una respuesta que abordara a un mismo tiempo los dos planos. Esa respuesta vino de la mano de un tipo de reflexión que terminará siendo una nueva ciencia: la economía política.

El punto de partida no era sólo la existencia de una pobreza masiva, sino también el de su carácter persistente: “decenio tras decenio el nivel de vida de los pobres trabajadores no mejoraba en absoluto, cuando no empeoraba”. Ahora bien, si este fenómeno era persistente a pesar del incremento de la riqueza y del “sistema de socorros” establecido por la Ley de Speenhamland de 1795, es que tenía unas causas ineludibles humanamente. Las causas sólo podían de ser de orden natural; la sociedad tenía que formar parte de la naturaleza. Y si la naturaleza física se hallaba regulada por leyes inquebrantables por el hombre, lo mismo habría de suceder en la sociedad. Sólo quedaba una cuestión: descubrir esas leyes al igual que Newton había descubierto las de la naturaleza física. Ese fue el objetivo del esfuerzo pensador del momento.

Las premisas naturalizadoras de lo social dieron su fruto. Su muestra más evidente fueron la Ley de la población de Malthus y la Ley de los rendimientos decrecientes de Ricardo, que “hacen de la fecundidad humana y de la fertilidad del suelo los elementos constitutivos del nuevo territorio cuya existencia ha sido descubierta”. Sólo son la punta del iceberg de ese “nuevo territorio” de la naturaleza, pero el territorio quedaba ya descubierto. De su exploración se encargará una nueva ciencia, tan nueva como aquél: la economía política. Así, si había pobres y su situación no mejoraba, nadie tenía la culpa y la política nada podía hacer; su existencia formaba parte de la naturaleza social ordenada.

El desarrollo de la economía política mostrará el sentido de la pobreza en ese orden: “Unicamente el hambre puede espolear y aguijonear (a los pobres) para obligarlos a trabajar; y pese a ello nuestras leyes han decretado que nunca deben pasar hambre. Las leyes, hay que reconocerlo han dispuesto también que hay que obligarlos a trabajar. Pero la fuerza de la ley encuentra numerosos obstáculos, violencia y alboroto; mientras que la fuerza de la ley engendra mala voluntad y no inspira nunca un buen y aceptable servicio, el hambre no es sólo un medio de presión pacífico e incesante, sino también el móvil más natural para la asiduidad y el trabajo; el hambre hace posibles los más poderosos esfuerzos, y cuando se sacia, gracias a la liberalidad de alguien, consigue fundamentar de modo durable y seguro la buena voluntad y gratitud” (Townsend).

Ese es el orden social natural y, como todo orden natural, no sólo irreformable sino también bien ordenado. En consecuencia, el único papel que le queda al orden humano de la política es el permitir y facilitar su funcionamiento . “Nada de salarios fijos, ni socorros para los parados útiles, pero tampoco salarios mínimos ni nada que garantizase el “derecho a vivir”. Hay que tratar el trabajo como lo que es, una mercancía que debe recibir su precio del mercado. Las leyes del comercio son las leyes de la naturaleza y, por consiguiente, las leyes de Dios”.

El que posteriormente se probara que muchas de las leyes formuladas por estos primeros científicos de lo social fueran erróneas carecía de importancia. Lo importante es que se había creído descubrir un nuevo orden natural y una nueva ciencia que lo investigaba y lo imponía como norma, por más que supusiese la aceptación de la presencia masiva de la pobreza. “El descubrimiento de la economía fue una revelación revolucionaria que aceleró la transformación de la sociedad y el establecimiento de un sistema de mercado .

Así el descubrimiento y desarrollo de la economía política fue el instrumento ideológico imprescindible para la superación del orden social anterior y la implantación del nuevo orden de una sociedad de mercado. Pero si su sentido histórico es ese, es evidente que su significado real se sitúa mucho más en el terreno de lo político que en el de lo estrictamente científico.

La crítica a la economía neoclásica se mueve en una dirección diferente, aunque su conclusión final no se aleje tanto de la anterior.

La economía neoclásica se construye como ciencia a partir del significado de término “economizar” en tanto que “ahorrar”. Es un significado que expresa la relación medios-fines y hace referencia al hecho de la escasez. Tiene un contenido formal y es conceptualizado como acción racional.

La acción racional se define como la elección de unos medios en relación con un fin. La especificidad de la acción racional no se refiere “ni a los medios ni a los fines, sino a la relación medios-fines”. Cualquiera que sea el fin, lo racional es elegir los medios adecuados para alcanzarlo. Así, “la lógica de la acción racional se aplica a todos los medios y fines concebibles” , desde los más banales a los más elevados.

“Cuando la elección de los medios en relación con un fin se halla marcado por su insuficiencia nos hallamos ante la economía” formal. La escasez es un postulado básico en esta concepción de la economía. El postulado de la escasez supone: a) que los medios son escasos; b) que la elección de uno u otro medio se halla determinada por la escasez.

Pero esta concepción formal de la economía está tomada desde la experiencia de una economía de mercado instituida y sólo es aplicable a ella. La escasez se hace aquí evidente a través de los precios y aparece relacionada con el poder de compra, que por definición siempre es limitado.

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Con el término sistémico/a se quiere hacer mención a la generalidad o totalidad de un sistema ( sistema: conjunto de cosas que relacionadas entre sí ordenadamente contribuyen a determinado objeto ); de todo, de todo el conjunto de ese sistema. Y, se habla de crisis sistémica cuando se pone en duda la continuación de ese sistema todo. Una crisis sistémica se produce ante la inviabilidad del sistema utilizado para que algo funcione. En nuestro caso, el sistema completo español. Es decir, España no tiene un sistema válido para salir adelante airosamente para defenderse en la vida, en relación con los demás. Por tanto, habrá que parar la burra y ver qué ha ocurrido y por qué ha ocurrido.
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Resumen: El régimen político monárquico ha vendido España por poco dinero, arruinado a sus habitantes, y creado además una deuda artificial cuyo capital no ha pasado por las manos de los españoles.

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Asistimos, en efecto, a una auténtica mascarada del poder. Lo peor es que no tiene ni la belleza sublime de la tragedia ni, tampoco, la graciosa simpatía de una comedia bufa. Se trata de la representación de un esperpéntico adefesio, con música de bombo, apto para un público de amplias tragaderas, como el que todavía se adhiere y hasta jalea a los absurdos e insulsos titiriteros que la representan.

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En el día de hoy, cautivo y desarmado el atontado pueblo español, han alcanzado los Agentes del Nuevo Orden Mundial sus últimos objetivos político-financieros. La soberanía española ha terminado. Bruselas, 2010, año de la victoria”.
El Mammonísimo.

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A quién se la tengo que chupar para ser un asesino, ladrón, tirarme a todas las cuarentonas millonarias, romperme los tabiques nasales con la mejor coca de Afganistán, darme por el culo con el pensamiento, comprar una bodega de buen vino riojano, partirle el cráneo al cabezón presidente del parlamento monárquico lame estrellas, jugar con lo logrado por otros, impedir que la gente realice sus sueños, matar de inmediato a quien me pueda contradecir a una determinada hora, cagarme en el despacho de un director de cajas de ahorros, desayunar con una perversa meretriz amante de mi oponente, acuchillar a tres ancianos que no hablan, partirle el cuello a un municipal engreído porque estoy solidario con la masa afeminada en ese momento, comer con un alcalde al que le pondré un veneno letal tras el ultimo whisky, comerciar con los rusos vende linfomas auto esnifados, cambiarme de apellido automáticamente, extraer la luz de la noche, cohabitar con el temor, destruir planetas por capricho, pero que no sean  planetas con basura estelar, cortarle los cuernos al primero, defecar en la boca del cadáver más antiguo del cementerio cósmico oculto bajo tierra, hablar de la vida con mil infantes recomendándoles que se suiciden si son incapaces de matar por la verdad, previamente aprehendida, afeitar a tres mil reyes de un solo tajo, tener un brazo incansable junto con una repetidora que no se quema, inhalar todo el opio del mundo en una sola estimación programada por la china vieja que me adorará  después de muerto, conducir una nave que a los ojos humanos es extraterrestre, que me la chupen las hijas tontas de las reinas de España y Suecia, matar en directo a Obama,  Rockefeller  y a los desérticos de Texas, comer fruta en Calcuta y que cada bocado implique la resurrección de mil muertos  indebidamente asesinados, montar en búfalo. Mandar en España para devolver el poder a los españoles cabrones hijos de puta que cagan pensando en un dios avaro. La culpabilidad de un acto inconsciente se extiende a quien no ha tenido nada que ver con él, salvo que no saltes cuando el maíz si lo hace.

música del día:

Te mataré allá dónde te encuentre, eterno asesino de almas indefensas sobre la que has conseguido extender una fuerza que no te pertenece. ¡ perro!

PD: Ya veis lo que puede hacer el gusano de la seda cuando nada le es contrario a una valoración escrementada humanamente. Imaginaos que pudiera hacer si hubiese sido mucho algo, algo sostenible por algo que no se sujeta como si fuese una mera acción de 5 dólares.. Algo sujetado en la insujección. Dejemoslo aquí porque la naptalina me ahoga sin remisión al mínimo tufo de muerte no provocada ni por mi ni por el asesino que me acompaña en cada momento(que no mata a la espera de que los geringos de las siete de la mañana me los pretendan vender frios).

Calandras eléctricas surcan la vida aletando sin tener alas, y vosotros emitis la duda que parece una certeza y asesinais sin daros cuenta.

Molk and Baal excentricty Co.

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