En la «Crítica del juicio», Kant redujo la originalidad en estética a una sola de
Al ser varios, sin que haya pruebas materiales y fidedignas, de que el Dios Creador o suprema inteligencia, hubiese entrado en contacto directo con profeta o profetas determinados, obligados a informar al creyente de la eternidad que le aguarda, y en consecuencia, de sus orígenes, las versiones son diversas, incidiendo inevitablemente la vanidad, elemento destacado y destacable, de la naturaleza humana. Demasiado satisfechos de habernos conocido, no estamos dispuestos a rebajarnos a ser regla. Nos declaramos excepción, descendientes de padres únicos, o cuando mucho de grupo reducido de mutantes, localizados en espacio reducido. Razonable concluir que al ser el cambio efecto de la composición química de la atmósfera, las sucesivas mutaciones se hicieron “necesarias” simultáneamente, a los ancho del planeta, incidiendo en aspectos específicos de la “forma”, en las diferente etapas de la “vida”, latitud y altitud, causa de distingos climáticos evidentes. En estado natural, el esquimal y el oso polar, no podrían sobrevivir en el trópico. Ni el negro o el loro tropical, en el polo. De ahí que las diferentes “ramas” de homínidos, a imitación de las “formas” de vida que les precedieron, surgiesen y mutasen en tiempos tan próximos, que medidos en parámetros de “tiempo total” de la creación, pueden ser considerados simultáneos, inscribiendo en su naturaleza caracteres diferentes, por exigirlo la adaptación al clima, en que han de desarrollarse, teoría cuando menos lógica, al menos tanto en cuanto no se pruebe lo contrario, por vía más sólida que una inspiración divina, no demostrada. Nada indica que eslabón más acabado, actual y conocido, de la cadena de la vida, sea el último, ni que surgiese de mecánica diferente, a la que hizo posibles las restantes especies, por estar sometido a leyes exclusivas. Como las demás, la racional debió evolucionar y mutar colectivamente, desapareciendo de la misma manera grupos de individuos, que al haber fijado en exceso sus caracteres, no pudieron adaptar su morfología al cambio del contexto, continuándose la vida a través de los ejemplares más receptivos, a la influencia exterior, sin que el mamífero, irracional o racional, pueda considerarse excepción, al margen de la regla.
De haber conservado la geografía de los “continentes circulares”, la América tropical se seguiría llamando África o Tierra de Negros. Y la teoría de Gloger hubiese sido aceptada, ahorrándonos mentira suplementaria, sin detrimento para la Iglesia. Nada más simple que recurrir a San Agustín, para adaptar el principio al credo, como se adaptó a la evolución, al acumularse las pruebas, que impiden negarla. Según el denostado antropólogo y su seguidor Lisenko, los descendientes del Pitecántropos, perdida la protección pilosa, adquirieron color de piel, adecuando al contexto climático. Protegidos los esquimales por espesa capa de grasa y en consecuencia oscuros, los hombres del norte, privados de sol, la tuvieron tan blanca, que pudieron absorber hasta el último rayo, adquiriendo la energía indispensable. En las regiones cálidas, por el contrario, produjeron dosis extraordinaria de melanina, tiñéndola del aceitunado al negro, carácter al que se sumó, en regiones particularmente calurosas y húmedas, nariz ancha y chata, que facilita la respiración y pelo crespo, protector de la masa encefálica. La presencia de negros autóctonos al sur de la India, norte de Australia e islas del Pacífico, refrendó la tesis. Pero la echó por tierra la supuesta ausencia de negros aborígenes, en el trópico americano, consecuencia de no haber alusiones a población negra, en las crónicas de los descubridores y conquistadores de América, opinión que perdura pese al hallazgo de Lucy, la negra americana, fallecida hace 11.000 años a.C. Encontrada en Minas Gerais, a más de adelantar en un milenio, la llegada del hombre al subcontinente de América del Sur, certificó de la presencia de hombres de color, antes de la llegada de Colón. Continuando las excavaciones, aparecieron restos de varones con la misma antigüedad, rasgos y ADN. Desaparecida la arqueóloga responsable en accidente, no vivió para ver publicado su descubrimiento, siendo difundido en el ámbito semi restringido de la publicación de vulgarización científica, en el año 2000. De América no estuvieron ausentes las especies, que poblaron la Pangea en el Cretáceo, ni detuvieron su evolución, porque el cambio no puede detenerse. Se continuó, adaptando las formas al medio, hasta fijar los caracteres, en grado que no podemos precisar. Por el momento, parece evidente que los descendientes del negro, establecido en tierra de blancos o viceversa, conservan y transmite el color de piel, de no mediar cruce genético.
No sorprende que en el siglo XIV desembarcasen en Barcelona esclavos negros, procedentes de una Etiopía, que suponemos ser la actual, ni que se trajesen de una Mauritania, identificada con Marruecos, donde la mayoría es de tez aceitunada, o pura y simplemente blanca. Y se olvida muy voluntariamente, que Estrabón situó a los etíopes a “orillas del Océano, a ambos lados del mismo”, separados por el mar. Comunidad de “negros” y “loros”, libres “continuos”, porque nunca fueron esclavos, residente en Andalucía, elegían “mayoral” o juez que les gobernase y juzgase, en función a leyes y costumbres que al ser comunes, revelan origen común. Enemigos los Reyes Católicos de autoridad, que escapase a su control, en 1475 nombraron para el cargo a Juan de Valladolid, negro, su portero de cámara. “Noble entre los negros”, lo presentaron como idóneo, por estar informado de los derechos, deberes, costumbres y fiestas, que observaba el colectivo. A lo largo del siglo XV, esclavos negros, loros e incluso blancos, fueron embarcados en Gomera, “isla” de Gran Canaria, con destino a mercados andaluces. Cronista de Juan II recuerda que en tiempo de este rey, entraba en Sevilla gran número de negros, con destino al mercado de esclavos. No menos notable era el mercado de Puerto de Santa María, nutrido por tratantes de Cabo Verde, estando tan extendida la gente de color en la región, que copla del “Provincial” reprocha abuela negra a Per Afán de Ribera, Adelantado de la Frontera, preguntando los oidores en 1504, sin cortarse, si Catalina del Puerto, nacida en Puerto de Santa María, era blanca o “negra” del todo. El testigo la definió como mestiza, al decir que no era ninguna de las dos cosas.
En Panamá se alzó el cacique Urraca. Le siguieron indios y negros, que mantuvieron a Pedrarias en jaque durante 9 años. Los atrapó Pedro de Ursúa, en 1535. El caudillo de los negros cubanos, Antonio Mandinga, se alzó en 1581, siendo de importancia singular la revuelta de Los Llanos, en Venezuela, por registrarse cambio cualitativo. A los negros e indios alzados se unieron españoles criollos y peninsulares, contando con la ayuda de los vecinos de la Guayana incontrolada e ingleses. A la pacificación siguió caza de brujas, parando entre rejas o el patíbulo no pocos “conquistadores”, sospechosos de complicidad con los aborígenes. No se dice, pero las agitaciones en Indias fueron constantes, a lo largo de los cuatro siglos que duró la ocupación. Buscando el medio de erradicarlas, en 1526 Carlos V prohibió la introducción de negros “ladinos”, así llamados por haber residido un año en la Península. Portadores de “pensamientos peligrosos”, “echaban a perder” a los “bozales” o recién capturados, incitándoles a la desobediencia. Suspendida la importación de esclavos por el Emperador, la falta de brazos obligó a reanudarle en 1532, con veto explícito a berberiscos y negros “xelofes”, de la isla de Gelofe, con reputación de agitadores natos. El mal era contagioso, pues en 1550 el Emperador cerró Indias a los negros de Levante o Guinea. Musulmanes, transmitían el mal a los “nuevamente convertidos”. Falto Felipe II de gente de mar, en 1572 consintió a los mercaderes, llevar dos o tres negros de Guinea como tripulantes, acompañados de hijos y familia, con prohibición de quedarse en Indias.
En 1655 y 1656, las colonias de Indias se abastecieron en el depósito inglés de Jamaica. Demasiado caro, Felipe IV intentó forzar la oferta, concediendo la exclusiva de la trata, al comercio de Sevilla. Escasos los negros, caro el intento, la actividad de los negreros se manifestó más que moderada. Peligrosamente mermada la mano de obra en las colonias, el Austria buscó asentista, encontrándolo doblado en 1662. Domingo Grilla y Ambrosio Lomelin, de profesión constructores de navíos, combinaron contrata de barcos, con la trata. A su cargo construir buques para la corona, en los astilleros de Vizcaya, agregaron compromiso de introducir 24.000 “piezas de Indias”, de 7 cuartas de altura y sin defecto, a razón de 3.500 al año. Repartidas 1.000 por virreinato, el pico de 500 no pagaría derechos, por estar destinado a los astilleros. Libres los asentistas de introducir, en Indias, cuantos negros quisiesen, la franquicia se hizo extensiva a 100 cabezas de negro, por millar suplementario. Temiendo el Rey que de tropezar con dificultades, alegasen por disculpa la falta de transporte, Grillo y Lomelin se comprometieron a mantener navíos “de a 500 toneladas” o 500 toneladas de buque, para el “tráfago”, que parecen haber repartido en cinco embarcaciones, de 100 toneladas. Obligados a cargar 5.000 “piezas”, al ser la carga de 3 negros por tonelada, para cubrir el asiento habían de hacer 3 viajes al año, de los depósito a lo puertos de destino, entre lo que figuraba el lejano San Juan de Ulúa, hazaña imposible de haberse encontrado la cantera en Angola.
Leyenda del siglo XVI, recogida por Benzoni, revela que en Indias se conocían el origen americano, de los negros esclavos. Cobriza la población del istmo en las tierras altas, la negritud de los ribereños del Caribe, se achacaba a cargamento, procedente de Brasil. Alzándose los negros en la mar, se hicieron con el barco. Descubierta costa vacía y hospitalaria, se instalaron, renunciando a regresar al país de origen. Prueba la abundancia de negros en Venezuela y lo desconsiderado de la saca, que fuese país exportador en los principio de la “conquista”, cambiándose en importador a finales del siglo XVI. Fenómeno similar se produjo en Brasil. Albergue de funcionarios y mercaderes, las factorías portuguesas se abastecían de los productos, aportados por vasallos del Xarife, siendo irrelevante la demanda de mano de obra, pues incluso los bienes de consumo diario, procedían del exterior. Los pocos portugueses que se dedicaban a producir azúcar y especies, residían en territorio del Xarife, integrados en la población autóctona. Los primeros plantadores, que se mantuvieron a obediencia de Portugal, surgieron en tiempo de Juan III, eclosionado en 1580, tras la anexión del reino a Castilla, incitados, probablemente, por la política de Felipe II. Ampliadas las plantaciones a lo largo de la costa, no tardaron en acabar con los negros de las inmediaciones. Animados por la demanda, los “bandeirantes”, buscadores de oro, cambiaron de profesión en torno a 1591, dedicándose a capturar negros, en banda de 200 leguas al interior. Agotada la cantera, en el segundo cuarto del XVII penetraban 500 leguas en la selva, en busca de género.
En 1581, recién anexionada la corona de Portugal a Castilla, Gaspar Núñez, gobernador del Nuevo Reino, pidió 2.000 negros para “beneficiar” las minas de Trinidad de los Muzos y Palma, por haber agotado la población, susceptible de ser gravada con la “mita” o “encomendada”. En 1650, reglamentada la importación, los negros representaban, incluido el istmo, modesto 8’5, reducido al 5’4%, en 1789. Mayoría los blancos y mestizos, el color “loro” del indio puro, lo conservaba un 16’5%. Minuciosos los propietarios de minas, contaron los mitayos: quedaban 8.621. En Venezuela sucedió lo contrario. El 8% de negros estimado en 1650, dobló en 1789, rebasando el 16%. En el siglo XVIII, la población negra de Montevideo representaba el 20%. En el Plata, provincia importadora, quedaba en un 10%. Regular la introducción de esclavos en una Nueva Castilla, formada por Ecuador, Perú y Chile, se calculaba un 10 % de individuos de color, los más concentrados al norte, donde los hay autóctonos. Importador México desde los principios de la conquista, en 1700 la población negra se reducía, a modesto 1’3 %. No eran las Antillas Menores centro de minas ni plantaciones, que necesitasen mano de obra. Innecesarios los negros, en el siglo XVII, la población morena oscilaba entre el 90% y el 100%, rebasando el 90% las Guayanas, con excepción de Cayena, capital de la francesa, centro de plantadores, que en 1677 contaba con un 77% de individuos de color. En Jamaica, exportadora de guindilla o manegueta, depósito de negros de Inglaterra, el porcentaje de población negra, representaba un 56%. Confundidos en Brasil negros y mulatos, bajo el denominador común de “pardos”, eran mayoría en Manaus, Belén y Recife, contando San Luís, mediado el siglo XX, con un 50% de población negra. Conocida Bahía por la “Roma de los Negros”, era amuleto popular la mano de Fátima. Significativa la proporción en Estados Unidos, en 1789 el norte tenía un 4% de negros esclavos, frente al 39’5% del Sur. Apta Georgia para la agricultura, en consecuencia importadora, éstos alcanzaban el 17%. Pero Florida, tierra caliente, pantanosa y hostil, contaba en 1800, con un 55% de población negra.
Servidos los datos, que cada quién saque sus propias conclusiones.
Luisa Isabel Álvarez de Toledo
Read MoreMientras se llenan el bolsillo contemporizan. Contemporizadores los hay en las derechas y son vistos como aliados tibios e inseguros, aprovechables por tanto. Y los hay en la otra banda de jilgueros y los ven como reaccionarios, lo que para un futuro les interesa a modo de salvavidas.
En fin, cada vez que votáis ponéis vuestras vidas en sus manos.¿ es que alguien os obliga a justificar su latrocinio sobre vosotros? ¿ Por qué votáis y legitimáis ante el Mundo a esos mercachifles de felicidad pública?. Su mercancía es el robo y vuestra destrucción; van todos subidos en la misma carreta y vosotros los bueyes que tiráis de ella, ¡estúpidos!.
No puede ser que descubierto el juego de su reclamo les permitáis introducir su podrida mercancía.
Ahora bien, y no es broma, tenéis otro enemigo, agazapado y disfrazado y es casi tan listo como el Diablo al que venera, y no es Jesucristo o sus enseñanzas . Sí, la Iglesia Católica. Tened en cuenta que quien lucha por la emancipación social, mina el edificio religioso; de la misma manera que quien habla de libertad de conciencia o de libertad política, socava el monumento político de la falsedad. Pero que se puede decir más si al final sois unos componedores abstencionistas de hombría y libertad.
Fuente: Con una sola mano
Washington ya tuvo acceso de manera ilegal a los datos bancarios confidenciales de los ciudadanos residentes europeos y esto significaba como símbolo el vasallaje o dominación de la Unión Europea por los EEUU así como la piedra angular de la integración europea en el Imperio Trasatlántico. Sin embargo, empleando nuevos poderes que le otorga el Tratado de Lisboa, el Parlamento Europeo pronibió la legalización de esta práctica. Hasta ahora, en que los ministros del Interior de los Veintisiete aprobarán este viernes negociar un nuevo acuerdo que permita a Estados Unidos acceder a los datos bancarios de ciudadanos europeos gestionados por el consorcio Swift, situado en Bélgica, con la justificación del socorrido “investigaciones antiterroristas”. En fin, que podemos decir que vosotros podaís evitar, terroristas, que sois unos terroristas.
Recordar que el pasado 11 de febrero la asamblea plenaria del Parlamento Europeo en Estrasburgo rechazó ratificar el Acuerdo «Swift» firmado por la Comisión Europea con las autoridades estadounidenses. Se trata de una reacción del Parlamento frente a una evolución de las relaciones trasatlánticas que da al ejecutivo estadounidense una soberanía directa sobre las poblaciones europeas. Si bien la reacción de los diputados carece de medios para poner de tela de juicio la dominación que preside estas relaciones, sin embargo marca un freno en el ejercicio de la hegemonía estadounidense en el proceso de reconocimiento por parte de los europeos del derecho que se ha otorgado la administración estadounidense de organizar su existencia.
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La palabra hermenéutica derivada del vocablo griego “Hermeneuo”, aludía al griego Hermes que clarificaba ante los humanos los mensajes de la divinidad, oficiando de mediador.
Un hombre demandó a un fabricante de microondas porque después de bañar a su perro lo puso a secar en él para que no cogiese frío, con el resultado de que mató a su mascota. La demanda se basó en que el fabricante no indicó en el prospecto que en ese artefacto no había que poner animales a secar. Erik Porge menciona este caso, extraído de Folie et démocratie de Dany-Robert Dufour, y señala que en las sociedades democráticas de hoy se constituye, como reverso del Nombre-del-Padre Sujeto supuesto Saber, un “Sujeto supuesto No Saber, lo que todo el mundo sabe”.
Y podría afirmarse que todo el mundo sabe que si ponemos un animal en el microondas lo reventamos. Pero también se sabe que para secarlo no lo pondremos en el horno a gas, e incluso antes de conocer estos artefactos también todo el mundo sabía que no había que ponerlo en el horno de una cocina a leña o carbón. Por otra parte, en un agobiante día de verano, para refrescar al mejor amigo del hombre, tampoco lo pondríamos en el congelador..
Sin embargo, la “suposición de no saber” campea en la actualidad como un rasgo de la época. Esta posición de sujeto supuesto no saber se ve promovida por cierta “ingenuidad” -o infantilización- subjetiva, semejante a la del ejemplo de arriba, y al mismo tiempo es legitimada y favorecida por los mecanismos sociales y legales que disciernen una disminución de la responsabilidad individual en beneficio (o perjuicio) de un aumento de la misma en las corporaciones y las instituciones. Con efecto de procedimiento “objetivante” -al igual que el de la medicina y los diversos sociologismos y psicologuismos- que disminuye la implicación subjetiva.
El resultado es que suponemos en el ciudadano de hoy: el “consumidor / cliente”, un Sujeto supuesto No Saber. Es un sujeto poco o nada responsable de sus actos que estarían condicionados por un impersonal Sujeto que Sí Sabe, que queda del lado del “sistema”, favoreciendo así una posición de Ignorancia, que sin ser Docta es muy apasionada.
La referencia a aquel caso que cita Porge, la brinda Rolando Karothy en su libro Una sola gota de semen… el sexo y el crimen según Sade, de Editorial Lazos; allí, en el capítulo 5 de su libro, señala la función de Sade en relación a poner en escena el límite de la revolución democrática. En la medida que éste propone una democracia igualitaria frente al mutuo derecho al goce, lleva a un callejón sin salida y así denuncia el impasse revolucionario de la revolución francesa. Recuerda Karothy que Zizek señaló que no fue necesario esperar a Marx para descubrir el desequilibrio de las paradojas de la democracia formal, puesto que fue Sade quien con su “democracia del goce” (Franceses un esfuerzo más si queréis ser republicanos) “tropezaba con el hecho que una democracia sólo puede ser una democracia del sujeto, no hay democracia del objeto”.
El campo de la ley y los derechos pertenece a la dimensión de la universalidad, la naturaleza misma del fantasma se resiste a su universalización: “el fantasma es el modo absolutamente particular en que cada uno de nosotros estructura su relación imposible con la Cosa traumática. Es el modo en que cada uno de nosotros, por medio de un guión imaginario, disuelve u oculta, o ambas cosas, el atolladero fundamental del otro inconsistente”.
Sin embargo, en el ejemplo que vimos, el Otro sería puesto como garantía de consistencia del “artefacto” a condición que la inconsistencia quede magnificada brutalmente del lado del sujeto, hasta el extremo de lo que yo llamaría su infantilización y estupidización como Sujeto supuesto No Saber lo que todo el mundo sabría (modifico brevemente la fórmula para destacar la condición potencial de la suposición). De tal forma que, extremando el caso, en un campo de igualación universal de equivalencias y reciprocidad: somos todos estúpidos.
Juan Carlos Mosca
Read MoreEl presente se plasma con extraordinaria plasticidad y autenticidad, pero se le acepta ingenuamente como algo dado: el escritor aún no se pregunta por sus raices y las causas de su evolución. Este sentido abstracto en la estructuración del tiempo histórico tiene también efecto en la plasmación del lugar histórico. Lesage todavía puede trasladar sin reparos a España sus muy verídicas descripciones de la Francia de su tiempo. Swift, Voltaire y aun Diderot hacen desarrollarse sus novelas satíricas en un lugar y tiempo indeterminados que, sin embargo, reflejan fielmente los principales rasgos de la Inglaterra y Francia de sus días. O sea que estos escritores plasman las características esenciales de su época con un realismo audaz y penetrante. Pero no saben ver lo específico de su propia época desde un ángulo histórico. Esta actitud fundamental no se altera en nada esencial por el avance cada vez más intenso del realismo, que destaca los rasgos específicos del momento presente con extraordinaria fuerza creadora.
Recuérdense novelas como Moll Flanders, Tom Jones, etc.En esta representación ampliamente realista de la actualidad aparecen ocasionalmente algunos acontecimientos importantes de la historia contemporánea y se combinan adecuadamente con los destinos de los personajes. Con esto llega a concretarse, especialmente en Smollet y Fielding, el tiempo y el lugar de la acción de un modo mucho más enérgico de lo que había sido costumbre en el periodo anterior de la novela social y todavía entre los franceses coetáneos. Fielding inclusive tiene una cierta conciencia de esta práctica, de esta concretización de la novela orientada a captar la singularidad histórica de las personas y situaciones plasmadas. El mismo se considera, en cuanto escritor, un historiador de la sociedad burguesa.
En general, al analizarse esta prehistoria de la novela histórica, se debe rechazar la leyenda romántico-reaccionaria de que la época de la Ilustración carecía por completo de todo sentido histórico y de toda comprensión de la historia, y de que apenas los enemigos de la Revolución francesa —Burke, De Maistre, etc.— fueron los inventores del sentido histórico. Basta con pensar en la formidable labor histórica de Montesquieu, Voltaire, Gibbon y otros para enterrar esta leyenda.
Lo que interesa es concretar es el carácter especial de este sentido para la historia antes y después del periodo de la Revolución francesa para ver claramente sobre qué base social e ideológica pudo surgir la novela histórica. Y debemos señalar aquí que la historiografía de la Ilustración ha sido en su orientación esencial una preparación ideológica de la Revolución francesa.
La estructura de la historia, que en ocasiones revela nuevos y grandiosos hechos y conexiones, sirve para demostrar la necesidad de una total renovación de la “irracional” sociedad feudal absolutista para derivar de las experiencias históricas aquellos principios con cuyo auxilio se pueda crear una sociedad “racional”, un estado “racional”. A esto se debe que la Antigüedad clásica se halle en el centro mismo de la teoría de la historia y de la práctica de la Ilustración. El estudio de las causas de la grandeza y la decadencia de los estados antiguos constituye una de las principales labores teóricas preliminares para la ulterior transformación de la sociedad. G.L.
Read More¿No podemos entender el arte como la más elevada representación del ser de las cosas? ¿Acaso no hay cosas que no son esencialmente bellas? ¿Cómo habríamos de representarlas?. ¿No es lícito utilizar el arte para crear sensaciones o impresiones en el observador, sin mas pretensión que su creación pura?. ¿No es negar la creatividad el hecho de que un artista no pueda abandonar las ortodoxias que lo coartan?. ¿Puede amputarse al arte su creatividad?.¿No es la historia del arte una continua evolución a la par de la sociedad que la alberga?. ¿ No podemos llamar arte a una nueva y creativa forma de comunicación entre artista y observador?. ¿ No puede ser el arte un vehículo de denuncia social que busque la concienciación del espectador a través de nuevos canales?. El arte ha de ser dinámico, vivo, múltiple en sus formas, como lo es el universo que representa. No sólo puede ser pensado, puede ser sentido, puede ser engendrado, amado, odiado o ignorado. Eso lo hace único, sublime. (Ereb)
Read MoreCon el tiempo las grandes palabras, que expresaban grandes ideas, se han ido corrompiendo como ríos que encontrasen cerrados sus desagües propios. El torrente se convierte en pantano, la verdad en mentira, porque el torrente como la verdad necesita del movimiento constante, de la agitación fecunda.
Libertad. Igualdad. Fraternidad. Patria. Derecho. Son bellas palabras aunque fueron grandes ideas ayer. Hoy, libertad es el permiso, de una casta a esclavizar a otras. Igualdad, el abrazo que se dan al asesinarse mutuamente los hombres en las luchas fratricidas. Fraternidad, la camaradería de los miserables esclavizados por un mismo amo. Patria, el huerto donde los pocos comen los frutos que los más cultivan. Derecho, la defensa de los más fuertes, al saciar sus apetitos.
Una nueva palabra va entrando en la clasificación anteriormente expuesta, en el rango de las palabra-tambor, diríamos así, por tener mucha sonoridad y estar vacías como los parches guerreros.
Esta palabra es: intelectual.
Al patricio, inculto, al señor feroz, al clérigo taimado, al noble vanidoso, al militar fatuo, ha venido a sustituir en el momento presente el intelectual rastrero. Pretende bajo un nombre que encierra una gran idea, establecer una forma de tiranía tan odiosa como la del patricio, la del señor, la del clérigo, la del noble, la del militar. Concentra en sí todos los vicios capitales de los antiguos amos, más el refinamiento de su cultura que le permite con gran hipocresía aparentar que no los tiene formando así sus legiones de prosélitos.Ha triunfado y ocupa todos los puestos altos de la vida, no los puestos cumbres.
Una montaña es una cumbre, un carrousel es una altura.Están en las academias, en las universidades, lo mismo entre los profesores y rectores que entre los alumnos, y en los puestos del gobierno han encontradosu mejor habitación. Son como las pulgas en el órgano auditivo de los perros.
Intelectual es el trabajador del pensamiento. ¡El trabajador!, o sea, el único hombre que a juicio de Rodó merece la vida, es aquel que empuña la pluma para combatir la iniquidades, como los otros empuñan el arado para fecundizar la tierra, o la espada para libertar a los pueblos, o los puñales para ajusticiar a los tiranos.
A los que denigran su pensamiento esclavizándolo a la ignorancia convencional o a la tiranía oprobiosa no debe llamárseles jamás intelectuales. Guardemos las bellas palabras, que son pocas, para las cosas grandes, que son más pocas todavía.
A los que venden las ideas como las hijas de la alegría sus cuerpos impuros, no les llamaremos intelectuales, si fuesen del sexo femenino ya habríamos encontrado el epíteto, llamémosles tartufos, pero nunca intelectuales.
Intelectual fue Prometeo, tartufo Hermes. Intectual Demóstenes, tartufo Alejandro. Intelectual Catilina, tartufo, mil veces tartufo, Cicerón. Intelectuales los poetas y filósofos e historiadores y tribunos de la Revolución Francesa, tartufos los poetas y filósofos e historiadores (tribunos no podían existir) en la época del llamado Rey Sol.-
Autor: Julio Antonio Mella
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Debemos la casi totalidad de nuestros conocimientos a nuestras violencias, a la exacerbación de nuestro desequilibrio. Incluso Dios, por mucho que nos intrigue, no es en lo más íntimo de nosotros donde le discernimos, sino justo en el límite exterior de nuestra fiebre, en el punto preciso en el que, al afrontar nuestro furor al suyo, resulta un choque, un encuentro tan ruinoso para El como para nosotros. Alcanzado por la maldición que los actos conllevan, el violento no fuerza su naturaleza, no va más allá de sí mismo, más que para volver de nuevo a sí enfurecido, como agresor, seguido de sus empresas, que vienen a castigarle por haberlas suscitado.
No hay obra que no se vuelva contra su autor: el poema aplastará al poeta, el sistema al filósofo, el acontecimiento al hombre de acción. Se destruye cualquiera que, respondiendo a su vocación y cumpliéndola, se agita en el interior de la historia; sólo se salva quien sacrifica dones y talentos para que, liberado de su condición de hombre, pueda reposarse en el ser. Si aspiro a una carrera metafísica, no puedo a ningún precio guardar mi identidad; debo liquidar hasta el menor residuo que me quede de ella; mas si, por el contrario, me aventuro en un papel histórico, la tarea que me incumbe es exasperar mis facultades hasta que estalle con ellas. Siempre se perece por el yo que se asume; llevar un nombre es reivindicar un modo exacto de hundimiento.
Fiel a sus apariencias, el violento no se desanima, vuelve a empezar y se obstina, ya que no puede dispensarse de sufrir. ¿Que se encarniza en la perdición de los otros? Es el rodeo que toma para llegar a su propia perdición. Bajo su aire seguro de sí, bajo sus fanfarronadas, se esconde un apasionado de la desdicha. De este modo, es también entre los violentos donde se encuentran los enemigos de sí mismos. Y todos nosotros somos violentos, rabiosos que, por haber perdido la llave de la quietud, no tienen ya acceso mas que a los secretos del desgarramiento.
En lugar de dejar al tiempo triturarnos lentamente, hemos creído oportuno sobreabundar en él, añadir a sus instantes los nuestros. Ese tiempo reciente, injertado en el antiguo, ese tiempo elaborado y proyectado debía pronto revelar su virulencia; objetivándose, iba a convertirse en historia, monstruo urdido por nosotros contra nosotros mismos, fatalidad a la que no podríamos escapar, ni aun recurriendo a las fórmulas de la pasividad, a las recetas de la sabiduría.
Intentar una cura de ineficacia; meditar sobre los padres taoístas, su doctrina del abandono, del dejarse llevar, de la soberanía de la ausencia; seguir, según su ejemplo, el recorrido de la conciencia cuando deja de tenérselas con el mundo y se moldea sobre todas las cosas, como el agua, elemento al que son afectos, eso ya podemos esforzarnos en lograrlo, que no lo conseguiremos jamás. Ellos condenan juntamente nuestra curiosidad y nuestra sed de dolores; y en esto se diferencian de los místicos, y singularmente de los de la edad media, hábiles en recomendarnos las virtudes de la camisa de cerdas, de la piel de erizo, del insomnio, de la inanición y del gemido.
«La vida intensa es contraria al Tao», enseña Lao-Tse, el hombre más normal que hubiere. Pero el virus cristiano nos recome: legatarios de los flagelantes sólo refinando nuestros suplicios tomamos conciencia de nosotros mismos. ¿Qué la religión declina? Perpetuaremos sus extravagancias, como perpetuamos las maceraciones y los gritos de las celdas de antaño, ya que nuestra voluntad de sufrir iguala a la de los conventos en la época de su florecimiento. Si bien la Iglesia no goza ya del monopolio del infierno, no por eso nos tendrá menos anclados a una cadena de suspiros, al culto del padecimiento, de la alegría fulminada y de la tristeza jubilosa.
El espíritu, tanto como el cuerpo, paga los gastos de la «vida intensa». Maestros en el arte de pensar contra sí mismos, Nietzsche, Baudelaire y Dostoievski nos han enseñado a apostar por nuestros peligros, a ampliar la esfera de nuestros males, a adquirir existencia por la división de nuestro ser. Y lo que a los ojos del gran chino era símbolo de decadencia, ejercicio de imperfección, constituye para nosotros la única modalidad de poseernos, de entrar en contacto con nosotros mismos.
«Que el hombre no ame nada y será invulnerable». («Chuang?tzé»). Máxima profunda como inoperante. ¿Cómo alcanzar el apogeo de la indiferencia, cuando nuestra misma apatía es tensión, conflicto, agresividad? No hay ningún sabio entre nuestros antecesores, sino insatisfechos, veleidosos, frenéticos, cuyas decepciones y desbordamientos nos será preciso prolongar.
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Raza de convulsivos, en el centro mismo de una broma de proporciones cósmicas, hemos impreso en el universo los estigmas de nuestra historia, y de esa iluminación que invita a perecer tranquilamente nunca seremos capaces. Hemos elegido desaparecer por nuestras obras, no por nuestros silencios: nuestro futuro se lee en la risotada de nuestros rostros, en nuestros rasgos de profetas mortecinos y afanosos. La sonrisa de Buda, esa sonrisa que flota sobre el mundo, no ilumina nuestros rostros. A lo máximo, concebimos la dicha; nunca la felicidad, privilegio de las civilizaciones fundadas sobre la idea de salvación, sobre la negativa a saborear sus males, a deleitarse en ellos; pero, sibaritas del dolor, retoños de una tradición masoquista, ¿quién nos columpiará entre el Sermón de Benarés y el Heautontimoroumenos? «Soy la herida y el puñal»: tal es nuestro absoluto, nuestra eternidad. E.M.C.
Read MoreLas putas camelias instaladas en el poder reaccionario os dan por vuestro partido bull y pedis que sigan así, que no se vayan, que continuen jodiendoos porque en el fondo los reaccionarios sois vosotros,¡cabrones !

















