One of many fine EmArcy titles Dinah Washington recorded in the ’50s, Dinah! includes a very enjoyable mix of medium-tempo and after-hours vocal numbers. On a handful of cuts, Washington gets into the kind of smoldering and declamatory blues mode she excelled at, especially on “All of Me” and “There’ll Be Some Changes Made.” Showing her versatility, Washington also shines on relatively tame pop numbers, like the album’s waltz-tempo version of “Look to the Rainbow” and an easy strolling “Accent on Youth.” Even here, her vocal power comes through, albeit with the blues phrasing mostly kept under wraps. On “A Cottage for Sale,” Washington seems to harness all her vocal talents, creating a dazzling mix of jazz phrases, dramatic tonal shifts, and bluesy exclamations, all enveloped in a weary and melancholic tone befitting a breakup song. Besides this gem, other standout selections include “More Than You Know” and “Smoke Gets in Your Eyes.” Hal Mooney provides solid, if not terribly provocative big-band and strings arrangements, with fine solos and obbligato passages coming from former Benny Goodman tenorman George Auld and West Coast jazz luminaries like trombonist Frankie Rosolino and alto saxophonist Herb Geller. Washington’s rhythm section at the time, pianist Wynton Kelly, bassist Keeter Betts, and drummer Jimmy Cobb, provide stellar rhythmic accompaniment throughout. A top Dinah Washington date, and a fine place to start for newcomers to the singer’s catalog. (allmusic)

Personnel: Etta James (vocals); George Morrow (bass); Keter Betts (bass); Jimmy Cobb (drums); Max Roach (drums); Barry Galbratih (guitar); Junior Mance (piano); Richie Powell (piano); Wynton Kelly (piano); Herb Geller (saxophone alto); Cecil Payne (saxophone baritone); Harold Land (saxophone tenor); Jimmy Cleveland (trombone); Clark Terry (trumpet); Clifford Brown (trumpet); Maynard Ferguson (trumpet).

CD

Read More

 

La mayor parte de nuestra industria agroalimentaria, desde lo que se conoce como la Revolución Verde, está basada en el petróleo. Para obtener 1 caloría de los alimentos la agricultura convencional invierte 10 calorías de petróleo. El sistema de alimentación de la sociedad actual es completamente dependiente del petróleo.

Es lógico, por tanto, que estemos preocupados sobre el impacto que el Oil Crash tendrá sobre la alimentación.

Es cierto que a corto plazo, de continuar con el BAU, el sistema de producción de alimentos sufriría un colapso.

Sin embargo, una gran esperanza supone la permacultura, uno de cuyos aspectos, la agricultura natural, veremos cómo permite crear alimentos sanos de una manera sostenible y con unos rendimientos superiores a la agricultura convencional.

La permacultura resulta la opción más adecuada para enfrentarse al problema del Oil Crash, tal como ya se demostró en Cuba durante su Periodo Especial, tras el derrumbe de la Unión Soviética.

Así que el impacto del Oil Crash en la alimentación dependerá de la rapidez y amplitud con que vaya adoptándose en la sociedad la permacultura.

El fracaso de la agricultura moderna

Sabemos, los que leemos este blog, que nuestro sistema económico está fracasado, pero me da la impresión de que la mayoría ignora que ocurre lo mismo con nuestro sistema agrícola, que se ha convertido en una consecuencia de ese sistema económico.

La agricultura convencional constituye una industria más, que utiliza la energía del petróleo en forma de fertilizantes, pesticidas y maquinaria para manufacturar productos alimentarios sintéticos de calidad muy inferior a los alimentos naturales. Se ha desarrollado no para satisfacer las necesidades de alimentación de la población, sino los intereses económicos de las grandes corporaciones, cuyo ejemplo más destacado es Monsanto.

Produce alimentos carentes de nutrientes; una muestra: “el trigo de nuestros abuelos tenía un 17 % de proteínas, hoy sólo un 4 %, y si se aplica nitrato al suelo, desaparece la lisina y el valor proteico baja al 2 %” (conferencia de Bill Mollison, en 1981).

Esos alimentos incluso son perjudiciales para la salud a causa de sus tóxicos. Una consecuencia del particular Oil Crash que sufrió Cuba, fue sorprendentemente… una mejora de la salud (¡¡¡) debido al cambio de hábitos alimenticios.

La agricultura moderna ha esquilmado la naturaleza y ha destruido, además, la fertilidad del suelo. Todo ello ha conducido a una progresiva desertificación.

Pero incluso, por si todo esto fuera poco, el despilfarro de energía de la agricultura convencional ni siquiera incrementa los rendimientos agrícolas, como pretendidamente defiende.

La revolución de Fukuoka

La figura de Masanobu Fukuoka resulta fascinante. Era un microbiólogo japonés especializado en fitopatología. Una experiencia casual, le cambió completamente la vida: observó unas vigorosas plantas de arroz en un campo no cultivado durante muchos años. A raíz eso adquirió la intensa convicción de que la naturaleza es algo inconmensurable y que la ciencia no sabe prácticamente nada sobre ella (reconozco que este punto del pensamiento de Fukuoka es el que más me ha costado comprender, pues una parte importante de mi vida la he dedicado a un doctorado en ecología). Abandonó la Universidad y se fue a su finca familiar a experimentar sus ideas.

Guiado por su intuición percibió que la mayoría de los trabajos agrícolas eran innecesarios, destructivos y penosos para las personas, por lo que ideó un método sostenible de agricultura que no agotase los recursos.

En sus libros, “La revolución de una brizna de paja y “La senda natural del cultivo”, escritos a mediados de los años 70 del siglo XX describe su método de agricultura natural.

La idea básica consiste en que se debe cooperar con la naturaleza en lugar de tratar de manipularla mediante la técnica. Mediante sencillas intervenciones en el momento adecuado, permite simplificar las labores agrícolas.

Su método de agricultura natural, puede resumirse en los siguientes principios:

No laboreo

Con la labranza el suelo se vuelve deficiente en oxígeno, se destruye su estructura, elimina las lombrices de tierra y otros pequeños animales, volviéndose duro y sin vida.

La tierra se cultiva a sí misma, de forma natural, mediante la penetración de las raíces de las plantas, la actividad de los microorganismos, pequeños animales y lombrices de tierra.

No abonos

En el campo, los restos orgánicos de plantas y animales se acumulan y son descompuestos en la superficie del suelo por bacterias y hongos. Las cubiertas vegetales de leguminosas (ej. trébol) fijan el nitrógeno atmosférico. Los animales de granja, con su estiércol también aportan abono orgánico. Estos aportes naturales son mucho más equilibrados en nutrientes que los abonos químicos, que aportan esencialmente nitrógeno, fósforo y potasio.

 Esto debiera quitarnos la preocupación sobre el Pico del Fósforo, al menos en cuanto a la alimentación se refiere. Como indica Carlos de Castro, la naturaleza es sostenible porque recicla los elementos limitantes, como carbono, nitrógeno y fósforo, gracias a la coordinación de sus elementos y al equilibrio entre consumo y producción. Afortunadamente, el ciclo del fósforo se realiza en la biosfera, que es capaz de disminuir su entropía interna, al contrario de lo que ocurre con la materia inerte.

 

No herbicidas

Como principio fundamental, las malas hierbas deben ser controladas, no eliminadas, mediante técnicas como el acolchado con restos vegetales o cubiertas de leguminosas, entre otras.

No pesticidas

Los pesticidas químicos matan indiscriminadamente la riqueza biológica del suelo, aire y flora. Los insectos existen naturalmente en todo cultivo, pero se convierten en plaga debido a los artificiosos monocultivos y debilidad de plantas cultivadas en un suelo artificial sin humus.

En un cultivo natural los microorganismo e insectos causantes de enfermedades y plagas están presentes, pero las cosechas no son nunca devastadas. El daño afecta únicamente a las plantas más débiles. El mejor control de plagas y enfermedades consiste en cultivar plantas vigorosas en un ambiente equilibrado.

No poda

Lo mejor es permitir que los árboles sigan su forma natural desde el principio. El árbol producirá fruto cada año y no hay necesidad de podar.

Pero si partimos de árboles ya podados, o las plantas madre fueron podadas en el vivero o sus raíces fueron dañadas, la restitución de la forma natural del árbol habrá que hacerla progresivamente. No hay que confundir agricultura natural con abandono.

Siembra directa mediante bolas de arcilla

Fukuoka desarrolló un método muy eficaz de siembra directa, imitando la naturaleza, mediante bolas de arcilla (en japonés, “nendo dango”): se envuelven las semillas en bolitas de arcilla y se esparcen directamente sobre el campo. Se evita así que sean comidas por animales, y germinarán con la primera lluvia apropiada.

Rendimientos de la agricultura natural vs. agricultura convencional

Las experiencias que se tienen sobre agricultura natural son que, después de una disminución inicial en las cosechas a causa del previo empobrecimiento de los suelos por las técnicas modernas, los rendimientos aumentan sobrepasando a los de la agricultura convencional.

En la finca de Fukuoka se obtiene una cosecha de unos 5.800 Kg/Ha de arroz y 5.800 Kg de cereal de invierno. A veces alcanza los 7.800 Kg./Ha, lo que supone cosechas récord en Japón.

Mejores aún son los datos sobre eficiencia energética. A primera vista, la agricultura mecanizada parece incrementar la productividad por trabajador, y aumentar así los ingresos. Pero, por lo contrario, un vistazo a la eficiencia de utilización del terreno y al consumo de energía, revela que la agricultura mecanizada es un método extremadamente ineficiente. El cultivo natural requiere sólo un hombre/día de trabajo para recolectar 200.000 kilocalorías de energía alimentaria, por 1.000 m2 de terreno; el aporte de energía necesaria para obtenerla, es de 2.000 kilocalorías, que son las que necesita un granjero por día. El cultivo con ayuda de caballos o bueyes requiere un aporte de energía de 5 a 10 veces mayor y la agricultura mecanizada exige un aporte de energía de 10 (mecanización a pequeña escala) a 50 veces mayor (mecanización a gran escala).

 

Transición a la permacultura

Vemos que el impacto sobre la alimentación que supondrá en Oil Crash depende de la velocidad con que se vayan sustituyendo las actuales infraestructuras agrarias (grandes extensiones de monocultivos, muy mecanizadas, orientadas a la comercialización) en permacultura (pequeñas granjas de gran diversidad, sostenibles y orientadas básicamente a la autosuficiencia).

Mediante la permacultura una persona puede autoabastecerse en un terreno de 1.000 m2; es decir, 0,5 Ha para una familia media. Conviene indicar aquí las ventajas del vegetarianismo: se necesitan unos 170 m2 para mantener a un ser humano que viva de cereales, 500 m2 si se alimentase a base de patatas, 1.260 m2 para quien viva de leche, 3.360 m2 para el que se alimente de carne de cerdo y 8.400 m2 para quien subsista enteramente a base de carne de vacuno. Se ha de trabajar 10 veces más para comer carne que para comer cereales; 5 veces más, si se toma leche y huevos.

Otra tarea fundamental será restituir la fertilidad natural de los actuales suelos esquilmados por la agricultura convencional, carentes de materia orgánica y vida. En España habrá que resolver los actuales problemas de desertificación causada por la erosión (ej. olivares) y la falta de cubierta arbórea de gran parte del territorio (ej. extensiones cerealistas).

El método más básico para mejorar el suelo es enterrar restos orgánicos en zanjas profundas siguiendo las líneas de nivel del terreno. Otro buen método consiste en amontonar tierra para crear caballones altos. Pueden hacerse estos caballones usando, con una pala, la tierra que se arranca al excavar dichas zanjas. El lodo sería apilado alrededor de los restos orgánicos. En apilamientos de esta clase, la mejor aireación madura al terreno más rápidamente que en las zanjas. Estos métodos activan con rapidez la fertilidad latente, incluso en suelos esquilmados y granulosos, preparándolos rápidamente para poder realizar cultivos sin utilizar fertilizantes.

Haciendo la transición a la permacultura puede ser necesario algo de desherbaje al comienzo, así como compostaje o poda, pero estas medidas deben ser reducidas gradualmente cada año.

Si los árboles están creciendo siguiendo un modelo no natural debido a la poda y se abandonan en este estado, las ramas se cruzan entre sí y se originan daños por ataque de insectos. Pero si los árboles se corrigen gradualmente, irán regresando a su forma natural, volviéndose más resistentes a los ataques de plagas.

Conviene evitar los monocultivos de frutales. Por el contrario, una buena opción es la creación de bosques comestibles, plantando árboles frutales caducifolios junto a otros de hoja perenne. Entre unos y otros, conviene incluir árboles de abono vegetal; las leguminosas arbóreas consiguen enriquecer y estructurar el suelo; al cabo de unos años se cortan los árboles y se entierran en zanjas por todo el terreno, y empieza de nuevo otra plantación para volver a enterrarla; de este modo, en unas decenas de años se consigue la creación de productivos suelos forestales.

El sistema de siembra directa con bolas de arcilla es mucho más eficiente que los métodos tradicionales de reforestación; aproximadamente hay un 2% de éxitos de germinación frente al 0,2% de otros sistemas. Es conveniente utilizar semillas tradicionales adaptadas a nuestro entorno; las variedades de semillas “mejoradas” necesitan la ayuda de insecticidas y abonos químicos; conviene, por tanto, comenzar cuanto antes a crearse una colección de semillas de plantas autóctonas.

Este método de Fukuoka sirve para reforestaciones y reverdecer zonas desecadas; por ejemplo, mediante árboles capaces de extraer hacia arriba la humedad del subsuelo ha sido capaz de cultivar en zonas desecadas de Somalia. La desertificación no se debe a la ausencia de agua sino a la ausencia de vegetación; este principio, que Fukuoka ha llamado método de “irrigación mediante plantas”, consigue, a su vez, devolver las lluvias. La eficacia de estos métodos supone una prueba más a favor de la validez de la Teoría Gaia.

Epílogo

La naturaleza no puede ser superada por las técnicas humanas. Lo mejor que podemos hacer es limitarnos a recoger los alimentos que nos aporta la naturaleza; una analogía, sería, como en el caso de los bebés, una vuelta a la insuperable lactancia materna natural.

Vivimos en una sociedad fracasada en los aspectos más importantes de la vida. El error original es, para Fukuoka, el habernos apartado de la naturaleza; debemos empezar, cuanto antes, la transición para reencontrarnos con ella.

Pedro Herrera

Read More

 

Dos grandes epidemias marcaron el siglo XIV. Una de ellas fue la peste negra. La otra fue la comercialización de la guerra.

Aunque siempre hubo mercenarios, bajo el reinado de Eduardo III de Inglaterra estos se convirtieron en la fuerza fundamental del ejército inglés, precisamente durante los primeros 20 años de lo que iba a convertirse en la Guerra de los Cien Años. Cuando Eduardo III firmó el Tratado de Bretigny, en 1360, y ordenó a sus soldados cesar la lucha y regresar a sus casas, la mayoría no tenían adonde regresar. Se habían acostumbrado a la guerra y sólo así sabían ganarse la vida. Así que se unieron en ejércitos independientes, muy justamente llamados «compañías libres», y empezaron a recorrer Francia saqueando, matando y violando.

Uno de aquellos ejércitos era conocido como «La Gran Compañía». Se estima que contaba 16,000 soldados y era de hecho una fuerza mucho más numerosa que cualquier otro ejército nacional de la época. Atacó la sede papal de Aviñón e hizo prisionero al Papa, quien cometió entonces el error de pagar grandes sumas de dinero a los mercenarios, lo cual los incentivó aún más a seguir dedicándose al saqueo. El Papa les sugirió entonces que se fueran a Italia, donde los más enconados enemigos del propio Papa, los Visconti, dirigían Milán. Los mercenarios siguieron la proposición del Papa bajo la bandera del marqués de Monferrato, también a sueldo del Papa.

Así empezó la pesadilla. Sólo la peste resultó más catastrófica que aquellos enormes ejércitos de bandidos que asolaron toda Europa. Era como si el Genio hubiese salido de la botella y fuese imposible volver a meterlo en ella.
La guerra se había convertido en un negocio rentable. Las ciudades-Estados italianas se empobrecieron a medida que el dinero de los contribuyentes servía para pagar las «compañía libres». Y como los que vivían de la guerra querían, por supuesto, seguir haciéndolo, la cosa parecía no tener fin.

Regresemos ahora lo que estamos viviendo 650 años más tarde. Bajo la presidencia de George W. Bush, Estados Unidos decidió privatizar la invasión de Irak recurriendo a los servicios de «empresarios» privados como Blackwater, hoy rebautizada con el nombre Xe Services.
En 2004, Blackwater obtuvo, sin licitación alguna, un contrato de 27 millones de dólares para garantizar la protección de Paul Bremen, por entonces a la cabeza de la Autoridad Provisional de la coalición en Irak. Por garantizar la protección de los funcionarios en las zonas de conflicto a partir de 2004, Blackwater recibió más de 320 millones de dólares. Y este mismo año, en 2012, la administración Obama se ha comprometido a pagar a Xe Services 250 millones de dólares para que garantice la protección en Afganistán. No se trata, por lo tanto, de una empresa más entre las muchas que se están beneficiando con la guerra.

En el año 2000, el Project for the New American Century publicó el informe Rebuilding America’s Defenses, cuyo objetivo confeso era elevar los gastos de defensa del 3% al 3,5 o el 3,8% del Producto Interno Bruto estadounidense. En realidad, esos gastos representan actualmente el 4,7% del PIB. En el Reino Unido, nosotros gastamos al año 57,000 millones de dólares en el sector de la defensa, el 2,5% del PIB.

Al igual que los contribuyentes de las ciudades-Estados de la Italia medieval, nuestro dinero está siendo desviado hacia el negocio de la guerra. Toda empresa tiene que reportar dividendos a sus accionistas. En el siglo XIV, los accionistas de las «compañías libres» eran los propios soldados. Si no había quien contratara la compañía para entrar en guerra con alguien, los soldados no ganaban dinero, así que tenían que buscar la manera de crear mercados por sus propios medios.

La «White Company» de Sir John Hawkwood ofrecía sus servicios al Papa o a la ciudad de Florencia. Si ambas partes declinaban su oferta, Hawkwood simplemente ofrecía sus servicios a los enemigos de ambas. Como escribe Francis Stonor Saunders en su importante libro “Hawkwood – Diabolical Englishman”: «El valor de aquellas compañías era puramente negativo, y residía únicamente en su capacidad para mantener el equilibrio de fuerzas militares entre las ciudades», exactamente lo mismo que sucedió durante la guerra fría.

Hace dos decenios pude ver casualmente una revista interna de la industria del armamento. El editorial se titulaba «Gracias a Dios por Sadam». Y explicaba que desde la caída del comunismo y el final de la guerra fría, las listas de pedidos a la industria del armamento se mantenían vacías. Pero que la industria podía alegrarse ahora que había un nuevo enemigo. La invasión de Irak se basó en una mentira. Sadam no tenía armas de destrucción masiva, pero la industria de la defensa necesitaba un enemigo y los políticos le consiguieron uno.

Y en este momento, los mismos tambores de guerra, estimulados por el asalto de la semana pasada contra la embajada británica, resuenan clamando por un ataque contra Irán. Seymour Hersh escribe en la revista New Yorker:
«Se lleva ahora la contabilidad exacta de todo el uranio pobremente enriquecido producido en Irán». El reciente informe del OIEA, que suscitó tanto escándalo contra las ambiciones nucleares de Irán, prosigue Seymour Hersh, «no contiene nada que demuestre que Irán esté tratando de desarrollar armas nucleares».

En el siglo XIV era la Iglesia la que vivía en simbiosis con lo militar. Hoy en día, son los políticos. El gobierno estadounidense gastó en 2010 la astronómica suma de 687,000 millones de dólares en cuestiones de «Defensa». Imagínense ustedes todo lo que pudiera hacerse con ese dinero si se invirtiese en hospitales, escuelas o en rembolsar los préstamos hipotecarios y así evitar los desalojos.

En su famoso discurso de adiós a la nación, pronunciado en 1961, el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower aprovechó la ocasión para poner a sus conciudadanos en guardia contra el peligro de permitir relaciones demasiado estrechas entre los políticos y la industria de la defensa.
«Esta conjunción de una inmensa institución militar y de una enorme industria del armamento es un hecho nuevo en América», decía Eisenhower. «En el seno de los consejos gubernamentales, tenemos por lo tanto que cuidarnos de toda influencia injustificada, solicitada o no, que pueda ejercer el complejo militaro-industrial. El riesgo potencial de un desastroso ascenso de un poder ilegítimo existe y persistirá.»

Y aún existe. El Genio ha salido de la botella… otra vez.

Terry Jones

Read More

CD

 

 

 

Read More

Un día, la princesa Europa, salió con sus amigas a recoger flores a un prado junto al mar. Formaban un grupo de chicas risueñas y bonitas entre las que Europa destacaba por su alegría y belleza. Zeus, famoso como ya sabemos por sus aventuras sexuales, que no fueron pocas, se enamoró locamente de la muchacha y como muchas otras veces pensó en recurrir a un engaño para seducir a la hermosa joven. En los prados en los que las muchachas jugaban, pastaban unas vacas tranquilamente y entre ellas un toro, hermoso y fuerte y mucho más grande que los toros que veían normalmente. Europa se dirigió hacia el animal, el cual a pesar de su fuerza y gran tamaño se mostró juguetón y manso, agachándose para que la muchacha se subiese a su lomo. En cuanto Europa había subido a lomos del animal este comenzó a correr hacia la orilla del río, Europa no podía más que agarrarse fuertemente para no caerse, al llegar a orillas de Creta el dios se mostró a la muchacha la cual no mostró reparo alguno en entregarse a Zeus. Mientras su familia, en Fenicia , lloraba la pérdida de la pequeña Europa, Zeus y la princesa engendraron tres hijos, Minos, Radamantis y Sarpedón.

El hermano de Europa, Cadmo decidió ir a buscarla aunque para encontrarla tuviese que recorrer el mundo entero pero jamás encontró el lugar donde el dios la había escondido, incapaz de regresar a casa y de enfrentarse al dolor de su familia comenzó a fundar una nueva ciudad en Grecia, Tebas.

Pues bien, podríamos decir que Europa sigue secuestrada, desde nuestro punto de vista, politicamente. La partidocracia imperante en todo el continente europeo, es un conjunto de grupos secretos dirigidos por sus jefes de partido que tienen como enemigos a la misma sociedad civil, pero su secretismo en la época de la opinión pública es de exposición mediática,no se disfrazan de toro. Lo que explica que toda palabra de los miembros del estado de partido sea expresión de la mentira que disimula lo que son y simula lo que no son. El siervo voluntario se identifica con la palabra falaz de su jefe pues la misma está siempre dirigida- no a ellos-, sino al enemigo interno: la sociedad  civil, la opinión pública libre. El estado de partido ha destruido, casi por completo, la libertad en Europa. Es hora de resucitarla o conquistarla asentando las bases de la libertad política, del control ciudadano sobre la politica que les afecta. Las leyes del mercado no pueden secuestrar la libertad de los sujetos ni en base a ellas las normas que dirijan sus vidas.Las leyes de la producción no pueden seguir sustituyendo a las leyes sociales de relacion. Las teorías liberales – marxistas, deben ser aplastadas y sustituidas.

Read More

Lo primero que hago cada mañana es una “salutación a mi polla”, equivalente a la yóguica “salutación al sol”. Y ciertamente mi polla comparte algo con el sol: el descomunal tamaño, la fogosidad y esa virtud curiosa de que los planetas giren en torno. La “salutación a mi polla” consiste, como era fácil imaginar, en una paja de lo más gratificante. Empezar el día haciéndose una paja es toda una declaración de intenciones. Y, sobre todo, una declaración de sobreabundancia seminal. Había un poeta que cada 31 de diciembre quemaba uno de sus poemas escritos en el año; con ello quería proclamar la confianza en su capacidad creativa: la desaparición de ese poema sería insignificante en comparación con los muchos poemas que se sentía capaz de escribir el año siguiente. A mí me pasa lo mismo con mis erecciones y eyaculaciones. Empiezo el día con una paja porque así ratifico mi capacidad genésica: eyaculo nada más despertar, pero sé que si se me presentan cuarenta zorras a lo largo del día, eyacularé otras cuarenta (¡u ochenta: dos por cada!) veces. Yo soy mi polla y sus circunstancias.

Read More