Suposición de no saber
Un hombre demandó a un fabricante de microondas porque después de bañar a su perro lo puso a secar en él para que no cogiese frío, con el resultado de que mató a su mascota. La demanda se basó en que el fabricante no indicó en el prospecto que en ese artefacto no había que poner animales a secar. Erik Porge menciona este caso, extraído de Folie et démocratie de Dany-Robert Dufour, y señala que en las sociedades democráticas de hoy se constituye, como reverso del Nombre-del-Padre Sujeto supuesto Saber, un “Sujeto supuesto No Saber, lo que todo el mundo sabe”.
Y podría afirmarse que todo el mundo sabe que si ponemos un animal en el microondas lo reventamos. Pero también se sabe que para secarlo no lo pondremos en el horno a gas, e incluso antes de conocer estos artefactos también todo el mundo sabía que no había que ponerlo en el horno de una cocina a leña o carbón. Por otra parte, en un agobiante día de verano, para refrescar al mejor amigo del hombre, tampoco lo pondríamos en el congelador..
Sin embargo, la “suposición de no saber” campea en la actualidad como un rasgo de la época. Esta posición de sujeto supuesto no saber se ve promovida por cierta “ingenuidad” -o infantilización- subjetiva, semejante a la del ejemplo de arriba, y al mismo tiempo es legitimada y favorecida por los mecanismos sociales y legales que disciernen una disminución de la responsabilidad individual en beneficio (o perjuicio) de un aumento de la misma en las corporaciones y las instituciones. Con efecto de procedimiento “objetivante” -al igual que el de la medicina y los diversos sociologismos y psicologuismos- que disminuye la implicación subjetiva.
El resultado es que suponemos en el ciudadano de hoy: el “consumidor / cliente”, un Sujeto supuesto No Saber. Es un sujeto poco o nada responsable de sus actos que estarían condicionados por un impersonal Sujeto que Sí Sabe, que queda del lado del “sistema”, favoreciendo así una posición de Ignorancia, que sin ser Docta es muy apasionada.
La referencia a aquel caso que cita Porge, la brinda Rolando Karothy en su libro Una sola gota de semen… el sexo y el crimen según Sade, de Editorial Lazos; allí, en el capítulo 5 de su libro, señala la función de Sade en relación a poner en escena el límite de la revolución democrática. En la medida que éste propone una democracia igualitaria frente al mutuo derecho al goce, lleva a un callejón sin salida y así denuncia el impasse revolucionario de la revolución francesa. Recuerda Karothy que Zizek señaló que no fue necesario esperar a Marx para descubrir el desequilibrio de las paradojas de la democracia formal, puesto que fue Sade quien con su “democracia del goce” (Franceses un esfuerzo más si queréis ser republicanos) “tropezaba con el hecho que una democracia sólo puede ser una democracia del sujeto, no hay democracia del objeto”.
El campo de la ley y los derechos pertenece a la dimensión de la universalidad, la naturaleza misma del fantasma se resiste a su universalización: “el fantasma es el modo absolutamente particular en que cada uno de nosotros estructura su relación imposible con la Cosa traumática. Es el modo en que cada uno de nosotros, por medio de un guión imaginario, disuelve u oculta, o ambas cosas, el atolladero fundamental del otro inconsistente”.
Sin embargo, en el ejemplo que vimos, el Otro sería puesto como garantía de consistencia del “artefacto” a condición que la inconsistencia quede magnificada brutalmente del lado del sujeto, hasta el extremo de lo que yo llamaría su infantilización y estupidización como Sujeto supuesto No Saber lo que todo el mundo sabría (modifico brevemente la fórmula para destacar la condición potencial de la suposición). De tal forma que, extremando el caso, en un campo de igualación universal de equivalencias y reciprocidad: somos todos estúpidos.
Juan Carlos Mosca






































