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¿Se rebelarán los plebeyos españoles, se repetirá la historia ?

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Livio sitúa explícitamente la historia de la primera de las tres secesiones de los plebeyos en el contexto del servicio de armas y de la esclavitud por deudas: de acuerdo con su descripción, en torno al 495 antes de la era cristiana la situación se agrava en Roma tanto en política interna como externa. El conflicto entre los senadores patricios y la plebe estalla ante todo a causa de aquellos plebeyos que habían caído en la esclavitud por deudas, esto es, bajo la dependencia económica de un patrono patricio. Estos plebeyos endeudados se indignaban de manera cada vez más perceptible porque, mientras en la guerra arriesgaban realmente su vida por la libertad de Roma, en tiempos de paz eran sometidos a la esclavitud por deudas y tratados como una especie de siervos.

Tras varias guerras victoriosas contra los volscos, los sabinos y los auruncos no se cumplieron las promesas que figuraban en un edicto, un decreto que garantizaba a los plebeyos la seguridad y la protección de sus propiedades y de su familia durante la conducción de una campaña militar. La esclavitud por deudas no fue abolida. Los senadores patricios comenzaron ahora a temer levantamientos y conspiraciones de la plebe, pero continuaron respaldando en tanto que acreedores la continua violación del decreto. De ahí que intentaran de nuevo obligar a los plebeyos aptos para el servicio militar a respetar el juramento de bandera en vigor y ordenaran a las legiones, basándose de nuevo en un supuesto ataque inminente, que abandonaran la ciudad. «Esto», escribe Livio, «hizo que la indignación no tardara en precipitarse en estallido».

Los varones plebeyos en armas, así lo dictaba su dramaturgia, consideraron entonces si debían matar al cónsul para impedir el llamamiento a filas. Sin embargo, en lugar de llevar a la práctica tales consideraciones, los plebeyos en armas hicieron algo completamente distinto: se negaron a cumplir órdenes y se retiraron, escribe Livio, «sin orden del cónsul al Monte Sacro», a una montaña que se encontraba más allá de las fronteras de Roma y por ende más allá del dominio de influencia de los dirigentes patricios. Esa partida de Roma representó la primera secesión de los plebeyos.

La partida de los plebeyos que salen de la ciudad, más allá de las fronteras de la misma, puso asimismo de manifiesto los límites de las relaciones de poder dominadas por los patricios. El descubrimiento de los límites hizo posible al mismo tiempo marcharse, sustraerse y por lo tanto dejar de concebir la limitación como un horizonte absoluto. Lo plebeyo «no constituye tanto un exterior con respecto a las relaciones de poder, sino tal vez su límite». La partida no conduce a un más allá del poder. Se trata más bien de un sustraerse y un marcharse de los que nace una fuerza centrífuga que «provoca un nuevo desarrollo de la estructura de poder». La plebe dinamiza las limitaciones de las relaciones de poder dominadas por los patricios, la estructura del poder se pone en movimiento, se transforma.

La estrategia plebeya de una secesión para luchar por sus objetivos políticos, económicos y jurídicos se ha practicado hasta el día de hoy en muy raras ocasiones. En las fuentes disponibles no se encuentran indicios que apunten a que pudo haberse tratado de una guerra civil, ni hablan de una sola batalla armada entre varones patricios y plebeyos. La lucha contra el predominio patricio consistió exclusivamente al principio en la desobediencia. Se trató de un acto de desobediencia en los planos tanto militar como político, una renuncia a seguir aceptando el poder restrictivo de los patricios.
Los que se negaron a cumplir las órdenes sin luchar con sus armas son los varones plebeyos armados. Son, por lo tanto, aquellos que en otra situación defienden a Roma (y con ello en cualquier caso las relaciones de poder dominadas por los patricios) contra los agresores belicosos procedentes del exterior. Estos plebeyos se retiran de la lucha con las armas en la mano para hacer valer sus intereses en la política interna y en la economía. Rehúsan la fidelidad a los patricios, en tanto que generales y en tanto que acreedores.
Esa renuncia a seguir aceptando el poder patricio, ejercida mediante la negativa a cumplir las órdenes y la huida de las restricciones políticas y económicas es un ejemplo del cuestionamiento, del rechazo de la aceptabilidad, de la evidencia de los modos de gobierno. Y esa renuncia, esa negativa a cumplir órdenes puede calificarse, con el filósofo postoperaista Paolo Virno, de «desobediencia radical», porque con su partida escapan del campo de aplicación de las leyes y las órdenes. «Sin orden del cónsul», se preocupa de observar Livio, se demoran en el Monte Sacro. La plebe se evade marchándose. Haciéndolo, no sólo actúa sin autorización, sino que con su acción pone básicamente en tela de juicio el imperium, las prerrogativas de mando del cónsul, esto es, la estructura pública de dominio de Roma.

En este sentido, la secesión de los plebeyos puede concebirse como éxodo. No, sin embargo, como la forma del éxodo de los israelitas, que no regresaron a Egipto. El éxodo de los plebeyos representa una estrategia de autoconstitución como alianza política. Y asimismo el éxodo, la sustracción a través de la partida, es un medio de presión y de amenaza para dar expresión a las reivindicaciones de derechos en la política interna.


Una vez llegados al Monte Sacro, continúa Livio, los varones plebeyos levantaron un campamento permanente, sin que hubieran sido atacados o emprendieran ataque alguno. Durante su estancia en el Monte Sacro, los plebeyos se unieron en juramento y acordaron mediante leyes consagradas la institución de tribunos plebeyos para su protección y para la consecución de sus intereses políticos. Estos tribuni plebis debían ser inviolables y sacrosantos, y tener derecho de prestar auxilio a la plebe. Los negociadores y el patriciado aceptaron estas reivindicaciones de la plebe ahora constituida. En lo sucesivo, a los plebeyos les corresponderán sus propios y sacrosantos servidores públicos, y aquel que «lesione» a los tribuni plebis se expone a la pena capital. Tras la elección de dos tribunos los plebeyos regresaron a Roma.


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