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Rodríguez arquetipo del insecto esterilizado

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El esteril Zapatero

Las civilizaciones y los imperios que las encarnaban decayeron y murieron cuando sus insectos jefes y sus insectos masa, éstos por inevitable reflejo inducido, abjuraron del absoluto histórico que los hizo grandes y se convirtieron en estériles insectos machos. Subvirtieron y liquidaron su predominio aquellos otros insectos de que se habían servido para mantener el sistema y creyeron llegada su propia ocasión fecundante abrazados a un nuevo absoluto religioso. Un alerta que, pese a su reiteración, sigue vigente.

El insecto macho estéril podrá copular. Podrá obtener goce físico. Pero se sentirá incompleto, frustrado e insatisfecho consigo mismo. Y de alguna manera envidioso e inferior al insecto macho entero y todavía libre. Buscará redimirse por otros caminos biológicamente heterodoxos, aunque sin conseguirlo. Huirá de la lucha generatriz a campo abierto y se degradará en la impotencia. Le atenazará el miedo y pretenderá enmascararlo con el recurso a la astucia, alardes petulantes y la pretensión de que el halago a las hembras les incite a revolverse pretenciosas contra el insecto macho entero y caigan en una suerte de hedonista autoesterilización fecundante. El resultado será el caos y el acabose de la especie.
El islamismo totalitario es un enemigo a batir si no queremos serlo por él. Está en guerra declarada contra algo más sustancial que la civilización relativista occidental. Persigue, y no lo oculta, erradicar con la persecución y la muerte el profundo sustrato, no solo judío, cristiano de nuestra cultura. Son conscientes sus dirigentes, y lo fue en su tiempo Mahoma, de que sólo la religiosidad activa de los pueblos occidentales, incluida Rusia, puede ser la barrera que reprima su expansión y hasta la derrote, como en España entre los siglos VI y XV. Pero en vez favorecer la vivificación del espíritu religioso, los insectos estériles y castrados occidentales se humillan con ínfulas moderadas ante el enemigo islámico, en tanto redescubren el iluminista laicismo jacobino y su siamés socialcomunista. También, y sobre todo, en España, de la que Rodríguez ha hecho el campo experimental de la promoción masiva de los insectos machos estériles al servicio del Gran Hermano, aposentado en la Secretaría General de la ONU.

Nada de insólito encierra que la Alianza de Civilizaciones la patrocine la ONU, su verdadera inductora, y apenas si cuente con el respaldo de Turquía, de retorno al islamismo, y de Irán, centro de alimentación ideológica y militar del terrorismo islámico, el cual, socapa de una lamentable e insidiosa política de inmigración, tiene ya en Europa más de diez millones de fieles envalentonados, multitud de imanes que llaman a la guerra santa y numerosas células armadas y con capacidad para cometer atentados selectivos o indiscriminados.

Rodríguez se ha convertido en arquetipo del insecto esterilizado. Su compromiso negociador con el terrorismo nacionalista-marxista etarra, del que a todas luces no se apea, tiene asimismo su reflejo en la suicida Alianza de Civilizaciones. Y no conviene olvidar, aunque haya existido significativo empeño en ocultarlo, que en la Internacional del Terror, creada en la Habana en los años sesenta a iniciativa del KGB, se incluyeron todas las facciones terrorista europeas e iberoamericanas, junto a las facciones del creciente terrorismo islámico, cuyo centro operativo era entonces Libia.
La intervención de Rodríguez en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el escaparate anual en el que se aprecia la talla política de los dignatarios de los países que la pueblan, por cuanto evidencia su alineación, y alienación, tercemundista que el informe del Foro de Davos confirmaba con datos pavorosos para España. Un caos institucional que niega cualquier presunción de recuperación económica. Pero junto al que marcha un doble e insidioso juego: convertir a la sociedad en masa deleznable, enmierdada, corrompida y acogotada; y al propio tiempo, el control absoluto por la presidencia del gobierno de todo el entramado institucional del Estado. Una perversa y esquizofrénica mixtura entre un sovietismo trasnochado y la tiranía caribeña.

Cierto que un loco, además de intelectualmente huero, es capaz de destruir una nación y convertirla en pocilga orwelliana. Pero aún así es difícil de entender el proceso sistemático de desmantelamiento de España a que asistimos, el cual nos hunde en un irreparable tercermundismo. Ha de existir por fuerza tras de Rodríguez una mente diabólica a la que se debe y a la que sirve, él y el todo el PP junto, y ambos bajo las ordenes de un monarca que jamás lo será.
I.M.


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