Los malos hombres públicos
Los Dalton
Los partidos políticos son ahora meros sindicatos de ambiciones malsanas, clubs de electos sin responsabilidad unidos en sociedades mercantiles dentro de la estructura del Estado. Lo nunca visto. La esquizofrenia en estado puro.
Convertidos en agentes de grandes sociedades financieras, paisanos acomodados que han hecho de su entendimiento de la política un negocio lucrativo. Bajo ese afán han engañado, asesinado y robado a lo largo de las últimas décadas. Pobres hombres abandonados por las ideas, pues qué ideas pueden aflorar en quienes tienen como única finalidad la de llevar a cabo el mayor número de negocios en la trastienda del poder. Pero han sido tantos y carísimos sus negocios que la miseria será incurable y eterna si la mayoría sana y expoliada que ahí los ha colocado, no realiza un heroico esfuerzo para extirparlos de raíz sacándolos del Estado lo antes posible. De lo contrario nadie podrá defender que a los ciudadanos los mueve la idea de justicia y bienestar social y, en ese caso, la mediocridad y la bajeza de todos será la que defina a este pueblo.
Lavada la cara del régimen anterior se presentaron como héroes victoriosos de la libertad tomando el destino de esta Nación empobrecida e inculta. Y como buitres se lanzaron al escarnio económico a cambio de corridas de toros, funciones de teatro y comilonas previas a la fechas de cada periodo de elecciones. Todos juntos, gremio estatal, congratulados por los resultados obtenidos por la imbecilidad de los saciados estómagos que les bastó con comer y beber en cínica y repugnante promiscuidad, convirtiendo su cerebro en una prolongación del tubo digestivo. Como cerdos escapados de diferentes pocilgas, se juntan amigablemente en la misma espuerta y en el mismo bebedero y saciados aclaman a su Rey, el porquero, cadáver moral, pues la muerte de concentra en la cumbre y clases dominantes.
Pero cuidado porqueros, porque cuando la parte más civilizada de una nación se prostituye, como es vuestro caso, la historia demuestra que el pueblo como una fecunda marejada todo lo regenera y fortifica. En medio de tanta miseria y de tanta ignominia, intentará formar un solo cuerpo de todos los hombres decididos a convertir las buenas intenciones en una acción eficaz, enérgica, que acabe con esas agrupaciones amorfas de tunantes vividores disolviéndolas o convirtiéndolas en verdadero partidos políticos al servicios de la sociedad y no del Estado cuya propiedad siempre han entendido inscrita a su nombre.
Quien avisa….






































