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Los españoles tranquilos, como buenos monárquicos saben que la ruina ennoblece

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El español de hoy despues de haberse ganado a pulso la nobleza requerida

Zapatero, utilizando el poder que se le otorga por el poder que a nadie más que a la ciudanía corresponde y que sin embargo está en manos de quienes siquiera saben utilizarlo, nos ha clavado un clavo que nos impide proseguir.

Alguien dijo que “Hay colectivos, a los que se puede distinguir claramente en algunos lugares de la historia, que pasan de la riqueza a la miseria, de la gloria a la insignificancia de la libertad a la esclavitud, no ya en silencio sino incluso con serenidad. Han perdido el poder de asombrarse de sus propias acciones. Cuando adoptan una moda descabellada o promulgan una ley absurda, no se asombran del monstruo que han parido. Se han acostumbrado a su propia sinrazón. Su cosmos es el caos, el remolino su aliento. Estas naciones se arriesgan, en verdad, a perder colectivamente la cabeza; de convertirse en un vasto teatro de la estupidez, con ciudades en ruinas y locos campos salpicados de industriosos lunáticos. Uno de estos países es, cómo no, España.

Pero esto aunque se haya dicho no efecta para nada a los españoles. eso será de los Pirineos hacia arriba. Y es que, si hasta ahora el español típico era un sujeto que estaba por todos lados y a punto de quedar reducido a realizar sus funciones vitales y poco más, que vivía animalizado y materializado, sin pensar porque no tenía tiempo de pensar, su horizonte vital terminaba en su deseo inmediato, no es reflexivo, apenas lee, su cultura es la del videoclub… Buen coche, mucho electrodoméstico, buena hipoteca, la nevera llena, malo en el trabajo, peor en la conversación, pésimo en la familia… y los temas, aún muy básicos, lo desenmascaran pronto: sexo empalagoso, rajar del trabajo, algo de política local, mucha protesta y queja, lenguaje chabacano con amigotes, pelis infumables que han descargado en Internet, modelitos de móvil… Y se llegó a hablar de su falta de ideales, siendo tan solo un simple problema de miopía existencial, hoy esto ya no es así.

Cualquiera, aquí en España, le dirá en estos momentos que los españoles, gracias a esta democracia de pandereta, han alcanzado de golpe, todos juntos y a la vez, lo que ningún pueblo de ningún país soñaría alcanzar jamás y menos de esta forma. No otra cosa que la nobleza de cualquier Duque, Conde o Márquez, a quienes la ruina los termina de reconocer como tales. Y si además salen de ella el Marquesado, Condado o Ducado lo asienta en la parte inamovible de la historia. Hoy los españoles, democráticamente, y sin necesidad de apoyarse en soberanía alguna han adquirido la nobleza que otorga la ruina.

¡Viva España y la ruina que los ennoblece!. A partir de ahora se encuentran habilitados para poder pedir al Rey que les conceda el título ganado en la batalla vital y política del engaño y la estafa de la que, aun sin haber salido airosos, han demostrado poseer una cualidad poco común entre los pueblos europeos: su entereza para asumir el gasto millonario que otros realizan en su nombre sin pedir rendición de cuentas alguna. ¿Os dais cuenta ahora de lo nobles que sois?. Lo que en Andalucía se dice: ser un señorito. Hoy gracias  a la Monarquía de origen y pedigrí greco-francés todos los españoles, todos y sin excepción, son unos señoritos, pero eso sí, arruinados, que es lo que ´los eleva de inmediato a las cotas de la nobleza. Hoy en España no hay ya ni trabajadores ni burguesía, ni nada. Todos forman parte de la nobleza más rancia.

En definitiva, hoy podemos hablar ya de, y utilizar la, doble condición del español. O bien la de ser  unos señoritos nobles arruinados, o, bien unos noblotes arruinados por unos señoritos. Estas cosas son las que tiene la democracia y que hasta ahora no hemos podido ni comprender ni aprehender ni agradecer.

McM


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