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España y su régimen nefando
Los rebaños nunca se oponen a que se derriben las cercas que los confinan, aunque sea tarea de otros el demolerlas contra la voluntad y los intereses de quienes las levantaron, que son los pastores y los propietarios del hato. Por eso, la liberación de los 40 millones de conciencias —que harían del español un pueblo soberano— no podrá venir de la fuerza interior de ellas mismas, sino de las de otros: de un suficiente puñado de hombres libres capaces de jugarse el todo por el todo en la ejecución de un plan perfectamente trazado. La liberación de conciencias es sólo el campo de batalla y el fruto de la tarea a realizar, pero el adormecido pueblo español no es el enemigo, sino que constituye sólo esa masa inercial que hace pesadísimo e ímprobo el esfuerzo para conseguir mover el estado de las cosas un solo centímetro.
Del grueso del pueblo español no cabe esperar ninguna clase de colaboración en tan ciclópea tarea, porque tiene firmado desde hace muchísimos años un soterrado Pacto Nefando con el Gran Poder Fáctico, que le ha funcionado muy bien durante los años de vacas gordas y despilfarro, sobre todo los católicos que, siguiendo las consignas de la Iglesia no se plantean la legitimidad o ilegitimidad del régimen y se someten de forma natural a lo que hay y de paso si pueden trincar, lo hacen. Es toda una política de vida.
Los otros, perdidos en el abismo de la ignorancia y el deseo son incapaces de atisbar su propia existencia, se venden a cualquier idea pelegrina que cualquier estúpido le exponga siempre y cuando intuyan que lleva ingredientes de medro particular al margen de la colectividad que dicen defender.
Y no sólo eso, sino que cualquier con dos neuronas ve claramente que en España hay otras muchas malas conciencias creadoras de servidumbres y que son el verdadero enemigo a derrotar. Se trata de los corruptos aparatos de los partidos políticos que, junto con la Monarquía llevan causando estragos al rebaño durmiente; Ellos solos se han erigido, sin titubear en los más altos constituyentes de los tres poderes, que provienen del mismo, Uno, Trino y Todopoderoso. Si olvidar a los medios de comunicación del Régimen, que se dedican a entontecer, manipular y hasta se inventarse lo que sea la opinión pública. Opinión pública callada y mora en las prebendas de la obtención de capital sin previa aportación alguna. Con razón todos quieren saber en qué consiste eso de la opinión pública. Que al final van a ser los financieros, cuya voluntad de extraer dinero del Pueblo, por el procedimiento del bombeo cíclico, apaga en sus podridos cerebros cualquier atisbo de ética; es la Iglesia, que gusta de hacer monarcas por la gracia de Dios, por los pingües beneficios de la servidumbre implícita aunque sus encíclicas pregonen a los cuatro vientos la imparcialidad de su actuación. Pero en las grandes ciudades están vendiendo solares a precio de oro a quien pueda pagarlos; es la clase supuestamente culta, pseudo-progresista que domina y subyuga desde las universidades hasta llegar a la infame Real Academia Española de la Lengua. Todos ellos no son meros colectivos de pasivos pesos muertos, sino los autores y los sostenedores del Gran Fraude que en silencio acumulan riqueza que depositan en la oscuridad de paraísos fiscales.
A todos esos impostores, ladrones de dineros y libertades no bastará con cantarles las cuarenta, la verdad. Su poder habrá de ser legítimamente destruido por otros procedimientos.
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