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Corrompidos, impotentes y votantes
El filosofismo y la Revolución antes de corromper la política corrompieron al hombre. No puede ser igual la concepción de la política si hacemos del hombre un simple ejemplar de la escala zoológica que si hacemos de él un ser iluminado por la luz de la razón, con un destino eterno.
El hombre es un ser con necesidades materiales, porque tiene un cuerpo, pero sobre todo con necesidades intelectuales, morales y espirituales. Y esto no surge de una consideración apriorística, sino que es la comprobación de lo que observamos en nosotros mismos por el sentido íntimo, en los demás por la observación, y por la historia en todo el correr de la existencia humana.
El signo más típico y grave de la descomposición del mundo moderno es la guerra a la sabiduría que contempla los principios del ser. De ahí que el mundo moderno sea una feria de fenómenos absolutos, llamados Estado, Individuo, Libertad, Soberanía, Revolución, Igualdad, Fascismo, Democracia, Derecha, Izquierda, Centro. Cada uno de estos fenómenos sublimados a lo absoluto, lucha desordenadamente para imponer su tiránica dominación. Y el ser perece víctima de esta lucha alocada y quimérica de los mitos que desató el hombre. Y en ella perecen también todos los valores humanos, incluso la política.
La sociedad política debe estar postulada por las raíces mismas de la vida del hombre, porque sin ella no puede éste lograr su perfección propia en el triple orden material, intelectual y moral.



































































