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Valoración de las masas en los protocolos de Sión
Cuando un ciego conduce a otro, ambos caen al precipicio; en consecuencia, los advenedizos salidos de las filas del “pueblo” no pueden colocarse a la cabeza de las masas sin arruinar la Nación.
¿El número de hombres con instintos perversos supera al de aquellos con instintos nobles?.
¿Todo hombre aspira al poder: cada uno desearía ser un dictador; casi todos sacrificarían el bienestar del prójimo por alcanzar sus metas personales?.
La libertad política no es un hecho, pero si una idea. Una idea que es necesario saber aplicar cuando conviene, a fin de atraer a las multitudes y despojar al partido rival. El problema se simplifica si el referido rival se ha contagiado con las ideas del llamado liberalismo y, por amor de esas ideas, cede una parte de su poder.
Hoy, el poder de los dirigentes liberales ha sido sustituido por el del oro. Alguna vez, gobernó la religión. Empero, la libertad es irrealizable porque nadie sabe servirse de ella con moderación. Basta dejar al pueblo que por algún tiempo se gobierne a sí mismo, para que inmediatamente esta autonomía degenere en libertinaje; inmediatamente, nacen polémicas que no tardan en convertirse en choques sociales: los estados se desbaratan y pierden su importancia. Da igual que un país se agote por sus propias convulsiones interiores o por las guerras civiles: en uno u otro caso, está perdido.
El despotismo del capital los tiene enteramente en su poder al Estado, que habrá de asirse a él si no quiere caer al despeñadero.
En un medio donde se permitan las discusiones, ningún espíritu sensato estima poder gobernar a las masas con razones y cordura. Para evitar las objeciones, hay que seducir al pueblo que es incapaz de reflexionar profundamente con representaciones ridículas; la mayoría está guiada por ideas mezquinas, costumbres, tradiciones y teorías sentimentales.
El populacho ignorante y no iniciado, así como todos los que han salido de su seno, se sume en discusiones partidarias que le impiden toda posibilidad de acuerdo, aun en cuestiones basadas en argumentos concretos. Las decisiones de las masas dependen de una mayoría, casi siempre casual y momentánea; se la prepara con anticipación, ya que, en su ignorancia de los secretos políticos, adopta disposiciones absurdas y siembra en los gobiernos el germen de la anarquía.
Todo el que quiera gobernar debe recurrir al engaño y a la hipocresía. En política, el honor y la sinceridad se convierten en vicios que despachan a un mandatario más pronto que sus mayores enemigos
El vocablo Derecho expresa una idea abstracta, sin base e inaplicable; ordinariamente, significa: proporcióname cuanto preciso para sojuzgarte. ¿Dónde empieza el Derecho, dónde termina? En un Estado desorganizado, el poder de las leyes o el poder de cualquier soberano se disipan por la incesante usurpación de las libertades por los mismos que las declaran.
¿ Son las masas incapaces de comprender o acatar las condiciones de su propia existencia y de su bienestar. Su fuerza es ciega, ilógica y cambiante?
¿Pueden las masas juzgar serenamente y administrar los negocios del Estado sin rivalidades, sin confundir dichos negocios con sus propios intereses?
Solo un autócrata puede concebir vastos proyectos y asignar a cada entidad una función dentro del mecanismo gubernamental. Por eso sostenemos que, para administrar eficazmente un país, el gobierno debe estar en manos de una sola persona. Sin el despotismo absoluto, la civilización es imposible; la civilización no es obra de las masas, sino del que las dirige, sea este el que fuere. El populacho es bárbaro y así se muestra siempre. En cuanto el pueblo cree que ha conquistado la libertad, se desbanda hacia la anarquía, que es la representación más perfecta de la barbarie.
De los Protocolos de Sión



































































