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La educación en España

La única propiedad verdadera de una persona es ella misma. Su misión consiste en llegar a ser ella misma. El Estado es necesariamente rival del individuo y es contrario a la voluntad personal. Ante esta situación deberá ser cada persona quien deba llevar a cabo su propia educación, porque de lo contrario la libertad individual será inalcanzable. Toda persona es única. ¿Qué educación ofrece el Estado; que ha decidido unilateralmente que va ha hacer con nosotros?, ¿La educación estatal está pensada para que seamos creativos o lo está para que seamos domados como caballos? La época de la educación infantil y juvenil es vital para un desarrollo personal aceptable.
Hoy sabemos que solo la mitad de los españoles adultos han terminado la enseñanza obligatoria. Que el 50% de los españoles de entre 25 y 64 años sólo ha finalizado los estudios obligatorios, frente a la media del 31% de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y sólo por delante de países como Portugal (72%) o México (78%). Son datos de 2006 recogidos en la versión española del informe ‘Panorama de la Educación’, que hoy publica la OCDE en París. El informe confirma que los niveles de desempleo son menores cuanto más alta es la formación de los trabajadores. “España es uno de los países con las diferencias salariales menos acusadas según los niveles de formación más altos y los más bajos, salvo en el caso de las mujeres”, se precisa. En relación con el gasto público en educación, el conjunto de las administraciones españolas invertía en 2005 un 4,2% del PIB, frente al 5,4% de la OCDE y el 5,3 de la UE-19.
Ahí está el resultado de dejar hoy , a lo loco, en manos del Estado cuestión tan importante. El problema de la educación es una cuestión vital. Los partidos políticos que no representan a la sociedad ni a nadie en concreto recomiendan cada uno una forma distinta de educar como la mejor de las posibles y, según ellos la mejor y más adaptada a nuestras necesidades. Es decir ellos conocen nuestras necesidades. Pero todo régimen político destruirá todo lo que pueda la mente de los sujetos a los que considera a su servicio. Mantener el poder lo exige. El saber propuesto por los gendarmes no es ni pleno ni trasparente pero es material, formal y positivo, sin elevarse al saber absoluto, un saber, en fin, que nos lastra como un fardo.
El poder no quiere ciudadanos grandes sino hormigas descerebradas, ya que todo lo grande debe saber llegar a la muerte y elevarse con su propio fin y esto es salirse del parchís.
Tan sólo el miserable acumula, cual un esclerótico funcionario imperial, actas sobre más actas, para presentarse a lo largo de siglos bajo la figura de delicadas porcelanas, como las imperecederas bagatelas chinas. El auténtico saber llega a su plenitud en el instante en que deja de ser saber para convertirse de nuevo en un instinto humano simple: la voluntad. El hombre libre supera lo dado e integra nuevamente todo lo que se ha extrañado. La educación debe aspirar al hombre personal o libre. La verdad no consiste en otra cosa que en la revelación de sí mismo y a ello le corresponde, precisamente, la búsqueda de sí mismo, la liberación de todo lo ajeno, la más radical abstracción o descargo de toda autoridad. Como comprenderéis a esto no juega el estado. Este tipo de hombre no es el que proporcionan la escuelas ni las universidades.
La educación se lleva a cabo únicamente en lo formal o lo material, cuando no en ambos a la vez en lugar de buscarse en la verdad. En la pedagogía tampoco se deja que la libertad llegue a irrumpir, que la fuerza de oposición tome la palabra que la crítica sea recibida como aumento de las posibilidades de conocimiento; lo que se desea, por el contrario, es la subordinación.
La tendencia es a adiestrar formal y materialmente, por lo que el resultado lógico al que lleva la vida escolar en la actualidad no es a otra cosa que al filisteísmo. Así como de niños nos habituamos a las cosas que se nos presentan, así también nos familiarizamos y adaptamos posteriormente a la vida positiva y a la época, convirtiéndonos en sus esclavos y en lo que se ha dado en llamar “ciudadanos honrados”.
¿Dónde se fortalece el espíritu de la oposición, en lugar de la servidumbre que se ha ido alimentando hasta nuestros días? ¿Dónde se educa al hombre creador, imaginativo, audaz y creido de sus posibilidades?
¿Dónde el maestro se convierte en colaborador? ¿Y dónde se asume el saber en el momento en que se transforma en voluntad? ¿Dónde se erige como objetivo al hombre libre, en lugar de hacerlo con el hombre educado?.






























