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O Economía de Casino o Derechos Inalienables. Elegid que no hay tiempo

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hambre a gogo

Por todas partes nos anuncian una catástrofe inminente. Una catástrofe sin precedentes nos amenza sin que sepamos qué hacer. Pero es cierta, como que hay día y noche. Y será mortal para el mundo entero si no logramos declarar viva voce que la globalización ha sido un fracaso. Por tanto lo primero a partir de ahora es que todos los seres humanos tengamos para comer, que todos puedan alimentarse como es debido y no unos sí y otros no como hasta ahora. Hay que comprender, por encima de teorías posibles que después pueden ser analizadas, que la situación del ser humano en estos momentos es seria, gravísma.

Hoy la crisis del hambre amenaza seriamente a mil millones de asiáticos (!), y en África, en Iberoamérica y entre los pobres de los demás continentes, otros mil millones se enfrentan la misma suerte.

¿Cómo podemos permitir esto, quienes somos nosotros para permitir esto?
¿ Como puede ser posible que la propia Naciones Unidas , es decir, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), lleve desde diciembre pasado intentando recaudar, sin éxito alguno , 10,9 miserables millones de euros para comprar las semillas que necesitan los agricultores pobres de países en vías de desarrollo y al menos unos cuantos se salven? . ¿ qué está pasando aquí? ¿Porqué las naciones ricas no están dispuestas a apoyar con dinero, la adquisición de semillas y posibilitar la infraestructura necesarias a quienes se mueren de hambre?.
Con qué clase de asesinos estamos bregando?.

Hoy, pienso que lo sabéis, se están utilizando alimentos para producir biocombustibles. Y eso, sencillamente, es un crimen, un  crimen de lesa humanidad . Para que unos puedan llenar nuestro tanque de etanol con base en una supuesta conciencia ecológica, la gente del Tercer Mundo tienen que morir de hambre. Así están las cosas. Y luego van diciendo por ahí que son creyentes de una u otra religión.

Se está ocultando la realidad de cómo miles de personas en el mundo mueren cada día. Si creéis que esto no va con vosotros estáis equivocados. Los hombres, los que son hombres, pararían esta situación de inmediato. Saldrían a la calle y se comerían con patatas a todos esos cerdos asesinos que promueven estas situaciones.

Y esto sólo acaba de comenzar, sabedlo. Porque, como las naciones “ricas” continúan su política actual —o sea, la doctrina librecambista de la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Comisión Europea y demás—, los carteles de los alimentos y los especuladores aprovecharán las condiciones creadas por la crisis sistémica creciente del sistema financiero mundial para aumentar al máximo sus ganancias y alimentar la inflación, sin que los agricultores obtengan ningún beneficio de ello. Y si los bancos centrales del mundo continúan su práctica de usar los ingresos fiscales para tratar de compensar las pérdidas especulativas de los bancos privados, entonces veremos propagarse una hiperinflación estilo Alemania de Weimar por todo el orbe que casi ya está aquí.

Esto no es demagogia ninguna. Se avecina, si no se evita, un vendaval de disturbios por los alimentos que azotará al mundo entero, hasta que la humanidad caiga en una nueva edad oscura, una época de caos, guerras de pandillas y mortandad en ascenso, o hasta que la justicia y la vida digna se restablezcan para todo ser humano en este planeta. Señores, esta es la realidad, esto es lo que hay. Apuesten o dejen el juego, pero aquí no se puede estar de brazos cruzados.

La ONU pronostica un crecimiento demográfico de 33% para el 2050, o sea, de los 6.700 millones de seres humanos que somos ahora, a aproximadamente 9 mil millones. La demanda de alimentos aumentará en esa misma cantidad, pero si además le sumamos los cerca de 2 mil millones que ahora sufren desnutrición, entonces doblar la producción de alimentos es la única salida, preliminar que permitiría dar tiempo a planificar todo de nuevo. Este es el gran problema de la humanidad hoy.

Sería difícil encontrar otro problema que desenmascare con más eficacia el estado mental axiomático oligárquico. Por ejemplo, la perspectiva estadounidense–eurocéntrica, considera el crecimiento demográfico esperado como una amenaza que conlleva el problema de la emigración en masa de pobres a las naciones avanzadas y el de la pelea por las materias primas (la mayoría de las cuales están en los países pobres). Esto es así y lo dijo hace poco el director de la CIA, Michael V. Hayden, en un discurso que dio en la Universidad de Kansas, afirmando que este crecimiento se dará más que nada en las naciones de África, Asia y el Oriente Medio, lugares cuya economía no puede sustentar dicho crecimiento demográfico, cosa que llevará a una intensificación del peligro de violencia, rebelión y extremismo.
El modelo oligárquico que Richard Nixon, Henry Kissinger y George Shultz pusieron sobre la mesa el 15 de agosto de 1971, basado en el sistema de Bretton Woods de Franklin Delano Roosevelt y de los tipos de cambio fijos, lo cual guió de manera sistemática la economía rumbo al libre comercio, ha fracasado por completo. Este cambio de paradigma de 1971, que nos alejó de la producción para meternos en la especulación —la generación desregulada de crédito en los llamados mercados de ultramar, tales como los de las islas Caimán, donde 80% de los fondos especulativos del mundo están asentados—, presagió el surgimiento de la actual economía de casino.

Desde entonces, paso a paso, cada nuevo precedente ha seguido la dirección del modelo neoliberal: la creación del mercado del eurodólar; la estafa de los precios del petróleo de 1974; el recrudecimiento de las “condiciones del FMI” de 1975; los ataques del Gobierno de Jimmy Carter, a partir de 1976, contra las “tendencias mercantilistas en los países en vías de desarrollo”; la política de altas tasas de interés del presidente de la Reserva Federal estadounidense Paul Volcker, de 1979; las directrices de la “reaganomía” y la “economía thatcheriana” de los 1980, entre ellas las de las fusiones y las tomas hostiles, que fueron típicas de un proceso de cartelización cada vez mayor; la invención de Greenspan de los milagrosos “instrumentos de crédito creativos” tras el crak de 1987; la globalización desaforada que siguió a la desintegración de la Unión Soviética en 1991; y la transferencia de las manufacturas industriales a “países con producción barata”; todos hitos en la misma dirección.

Este marco nos lleva al actual e inminente estallido de la mayor catástrofe jamás vivida: la del hambre.Sí en un principio, desde 1957, la Política Agrícola Común (PAC) de la Comunidad Económica Europea se diseñó para abastecer a la población de productos alimenticios suficientes, a precios razonables, de modo que los agricultores tuvieran un ingreso apropiado y pudieran aumentar la producción, con la introducción de la globalización desenfrenada impuesta por los gobiernos de Norteamérica, se impuso otro criterio totalmente diferente. Con la reforma agrícola de 1992, se sustituyeron las reducciones en el precio al consumidor; por ejemplo, 20% a la carne, 30% a los cereales y 15% a la leche. Pero no se estipuló ninguna compensación correspondiente para el agricultor. Lo que se les ofreció fue una  ayuda financiera sujeta al cumplimiento de “criterios ecológicos”.

Persuadieron a los granjeros para que lo aceptasen con el argumento de que tenían que “defender lo suyo en el mercado mundial”, es decir, poder competir con la producción abaratada del extranjero. En la práctica, sin embargo, significó que muchos agricultores tuvieron que cerrar definitivamente, en tanto que otros sólo pudieron atender sus granjas como una ocupación de medio tiempo, hasta el punto de que dedicarse a la agricultura perdió todo interés para las generaciones futuras y la lógica desaparición de miles de  granjas familiares.

Esta tendencia hacia el libre comercio se intensificó con la llamada Ronda Uruguay, la sesión final de negociación del Acuerdo General sobre Aranceles de Aduanas y Comercio o GATT, que acabó con su práctica, previa consideración de las reglas de la producción agrícola desde la perspectiva de la seguridad alimentaria. En cambio, se ciñeron al precepto estricto del libre comercio y, así, los carteles de los alimentos exigieron aumentar al máximo la ganancia.

Desde entonces, millones de granjas se han ido a la quiebra y el proceso de cartelización se ha impuesto, a tal grado que, en cinco meses, la FAO no ha podido reunir 10 miserables millones de euros para que los países pobres, en medio de esta hambruna, ¡puedan sembrar las semillas que sólo tres compañías controlan!

El remplazo del GATT —que todavía conservaba la forma de un acuerdo multilateral entre Estados— por la OMC, una burocracia supranacional con amplios poderes independientes, auguró otra ronda más de desregulación, abolición de toda barrera al comercio no sujeta a acuerdos de negociación colectivos y “armonización” de las normas de los Estados miembro. Los principales beneficiados con estas medidas de inclinación librecambista fueron, de nuevo, los carteles de los alimentos. Desde entonces, juntas de expertos de la OMC totalmente anónimas han gozado del derecho a imponerles castigos a quienes contravienen el libre comercio, sin que tales “expertos” estén de ningún modo obligados a darles cuenta de sus actos a los votantes.

Para la Unión Europea, el Programa 2000 y la reforma agrícola de 2005 arreciaron aun más el ritmo al que disminuían los superávit (y, así, la destrucción de las reservas y las exportaciones de alimentos). En vez de establecer precios justos para que el productor pudiera cubrir sus costos, se pagaron compensaciones para dejar la tierra sin cultivar —la política de “reserva”— y para cumplir medidas de protección ambiental absolutamente arbitrarias. De modo que la tendencia era liquidar las granjas familiares independientes rápidamente.

La ex ministra de Agricultura alemana (y después ministra de Protección al Consumidor) Renate Künast y el comisionado de la Unión Europea para la Agricultura, Franz Fischler, tuvieron razón cuando dijeron que se había introducido un cambio sistémico con esta reforma agrícola. Fischler observó con cinismo entonces, que las reducciones compulsivas de precios también traerían una reducción en la intensidad de los cultivos, porque los agricultores no tendrían dinero para fertilizantes ni insecticidas. Poco después, a algunos agricultores les fue mejor en lo financiero durante un tiempo por los subsidios de la Unión Europea a los cultivos para la producción de biocombustibles, pero con las consecuencias catastróficas antedichas. Como anécdota señalar que el pionero en el uso de comida para la producción de etanol fue Benito Mussolini.

Con el régimen de la OMC y la Comisión Europea, la capacidad productiva de las naciones industrializadas se redujo, mientras que a los países en vías de desarrollo se les obligó a exportar productos alimenticios baratos para conseguir liquidez con qué pagar su deuda externa; y esto era frecuente, aunque su propia población no tuviera comida suficiente. Por eso hoy la bancarrota económica y moral de este sistema de libre comercio británico y capitalismo manchesteriano está a la vista de todos.

Por fortuna, también hay resistencia a las directrices genocidas del libre comercio de la OMC y la Unión Europea. En las últimas semanas el ministro de Agricultura francés Michel Barnier y el ministro de Protección al Consumidor alemán Horst Seehofer iniciaron una campaña directamente en contra de las políticas de la Unión Europea. Barnier emprendió una ofensiva en toda Europa, en defensa de la PAC, una política que algunos fanáticos librecambistas (tales como David Spector, profesor asociado de la Escuela de Economía de París, y el Financial Times) exigen que sea abolida por completo, a pesar de la crisis de inanición. Barnier ataca la idea de que los países más pobres deban exportar comida a los ricos como un escape total de la realidad, ya que es precisamente semejante política la que ha arruinado la agricultura de subsistencia y la producción local en dichos países. Barnier exige, en cambio, que África, Latinoamérica y también Asia instituyan sus propias PAC, o sea, un sistema de paridades proteccionista.

Medidas de emergencia que se necesitan ahora

Sólo puede haber una respuesta a la bancarrota obvia del libre comercio asesino: necesitamos emprender una movilización mundial para doblar la producción agrícola lo más rápido posible. Y la propia OMC debe disolverse, de inmediato y se debe incluir una nueva “revolución verde”, así como medidas a medio  plazo para la expansión de infraestructura, la creación de industrias de procesamiento de alimentos en los países en vías de desarrollo que no las tengan y la gestión de aguas.

El tema de un nuevo orden económico mundial más justo debe ponerse sobre el tapete. En vista de su significado existencial para el futuro de toda la humanidad, debe convocarse a una sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas para tratarlo.

El sistema del Nuevo Bretton Woods y un Nuevo Trato para el planeta entero, en la tradición de Roosevelt —medidas por las que muchos mandatarios y economistas han venido pugnando—, deben convertirse de inmediato en el tema de una conferencia de emergencia de jefes de Estado, quienes han de decidir el nuevo sistema financiero mundial que les permitirá a todas las naciones desarrollarse. Debe acordarse la realización del Puente Terrestre Eurasiático, como la piedra angular de la reconstrucción de la economía mundial.

Caso contrario que se metan su declaración de Independencia donde les quepa y dejen de sostener: “…como verdades evidentes que todos los hombres nacen iguales, que están dotados por su creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se cuentan el derecho a la vida, a la libertad, y al alcance de la felicidad”.

La Declaración de los Derechos Inalienables del Hombre se debe seguir sosteniendo hoy como una verdad evidente para todo ser humano. Lo que necesitamos hoy son hombres y mujeres que luchen con pasión y amor por la idea de un orden mundial más justo, uno en el que la comunidad de las naciones pueda vivir unida y con dignidad. La vida, la libertad y la felicidad significan, sobre todas las cosas, que todo el mundo tenga una alimentación suficiente y que la pobreza deje de existir, pues para eso contamos con todos los medios tecnológicos. O esto o nos precipitemos, toda la humanidad hacia el vacío.


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