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Vivir no es malo, vivir mal sí lo es

“Vivir no es malo, vivir mal sí lo es”
Diógenes
“El cinismo es lo más elevado que puede alcanzarse en la tierra;
para conquistarlo hacen falta los puños más audaces
y los dedos más delicados“.
Nietzsche
“El deseo es la esencia del hombre”
Jacques Lacan
La frase del deseo es de Spinoza. El deseo es lo más particular del psiquismo humano, del sujeto, y es aquello que le permite situarse frente a una realidad, un mundo, Otro, etc.
El deseo está en el corazón mismo de nuestra subjetividad. Toda la experiencia ética está desarrollada en una perspectiva al término de la cual tenemos la fórmula enigmática de Spinoza, que el deseo es la esencia misma del hombre.
La subjetividad al ser singularidad convierte al deseo en estructurante de esa subjetividad.
La subjetividad y la singularidad fueron tenidas en cuenta por varias de las escuelas filosóficas o filósofos que a lo largo de la historia trataron de constituir un saber y una práctica que sostuviera esa singularidad hasta las últimas consecuencias, es decir, sostener una ética. Entre esas se puede contar a la escuela cínica, la de Antítenes y Diógenes, la de los “filósofos llamados perros” – que no hay que confundir con el cinismo actual – Los cínicos más que perros guardianes son sabuesos, perros excluidos (Cinosargo), el lugar de los suburbios, allí nació la escuela cínica, en la periferia, en aquello rechazado por la “oficialidad” o normatividad.
Desde el punto de vista de un urbanismo simbólico, el cínico decidió escoger un lugar lindero con los cementerios, los extremos, los márgenes (…)En el Cinosargo se encontraban los excluidos de la ciudadanía, aquellos a quienes el azar del nacimiento no había hecho dignos de tener acceso a los cargos cívicos. De modo que la escuela cínica vio la luz en los suburbios, lejos de los barrios ricos, en un espacio destinado a los excluidos, a aquellos a los que el orgullo griego había dejado de lado.
El antiguo orgullo griego se podría reemplazar por el culto actual al éxito, a la belleza, a la juventud, los ideales actuales, del “winners” o lo “fast”, de la productividad capitalista.
Debe proponerse una ética de la existencia que sostenga eso particular de cada sujeto: su deseo; un deseo inconsciente que tiene que arreglárselas con el goce, las pulsiones, los fantasmas, los objetos, pero sobretodo con ese Otro. El cínico se encarga del malestar, de aquello que no puede “andar” en la cultura, pero no para eliminarlo, sino para que cada sujeto se pueda hacer cargo de ello.
Diógenes se erige pues en médico de la civilización cuando el malestar desborda las copas y satura la actualidad (…) Figura de la resistencia, el nuevo cínico impediría que las cristalizaciones sociales y las virtudes colectivas, transformadas en ideologías y en conformismo, se impusieran a las singularidades. No hay otro remedio contra las tiranías que no sea cultivar la energía de las potencialidades singulares, de las mónadas.
Llevar la singularidad hasta las últimas consecuencia no es otra cosa que la ética del deseo, donde cada quién encuentre su verdad, aquella verdad de lo inconsciente. Es la ética, la ética.
La ética es entonces un juego: además de ser un arte, apela a esa parte de nosotros que corresponde al gusto por lo agónico, el vértigo y el mimetismo. Diógenes es lo contrario de un positivista: Kierkegaard diría que era un filósofo ético, Nietzsche lo llamaría un filósofo-artista.
¿Has actuado de conformidad con tu deseo, más allá de las arandelas narcisísticas o imaginarias, más allá de los formalismo simbólicos que a cada rato nos obligan a ser protegidos (la moral del poder, del servicio de los bienes) y nos hacen andar por el mundo y sobrevivir, pero que anulan todo deseo.?
El problema del deseo, es que no es algo con lo que el sujeto llegue investido, poseído, a la vida. Tiene que situarlo y encontrarlo a un precio. Hasta el punto de no poderlo hallar sino en el límite, en su acción, que no puede ser realizable, sino a condición de ser mortal.
El deseo engendra al sujeto quien, por medio de ese acto causante surge, por eso el sujeto a lo largo de su vida tiene que sostener ese deseo por medio de un acto, una ética del deseo.
Un acto no es ni una descarga motriz ni cualquier movimiento. El acto representa la acción del sujeto, que a diferencia de la simple descarga motora, reafirma al sujeto de modo diferente en relación al Otro. Acto que implica la afirmación de lo Real, supone atravesar la realidad fantasmagórica tal y como la observamos cotidianamente.
Esta ética del deseo no puede confundirse con una variante perversa, ni con un “camino a seguir”, el deseo de lo singular de un sujeto, y cada sujeto tendrá que hacer ese recorrido para sostenerse como tal. Lo que implica que el sujeto pueda acercarse o percibir algo de su singularidad, eso es lo más radical que puede hacer un sujeto, su “acto”. Los cínicos lo intentaron en la antigua Grecia, de ahí la posible explicación a su rechazo desde varios puntos (desde la psicología pasando por la religión hasta llegar a la filosofía).
Por eso siempre hay que cuestionar los “lugares cómodos” que se ofrecen en nombre de diferentes “ideales”.
Hay muchas versiones de la muerte de Diógenes, desde la muerte por contener su propia respiración hasta que se atragantó con un pulpo, lo que tienen en común todas esa versiones es que el “cínico perro” murió viviendo, es decir, hizo de su propia muerte un acto de vida, un acto de deseo, de ahí su singularidad como sujeto, Diógenes y la escuela cínica nos dejó una pregunta: ¿es posible vivir de acuerdo a sus principios? , o, ¿es posible vivir de acuerdo al deseo?


































































