Cómo hacerte el harakiri en apelación

¿Qué tiene que hacer un abogado para perder (miserablemente) un recurso de apelación? A esta pregunta trató de dar respuesta en 1992 el juez de apelación en su artículo Mala idea: cómo perder una apelación. Con su particular estilo mordaz, este juez diseccionó algunos de los errores de planteamiento que debe cometer todo letrado para asegurarse de que no gana el caso ni por asomo.

A continuación traduzco los mejores pasajes:
(…) Estoy aquí para decirle que Usted también puede perder una apelación, no importa lo bueno que sea su caso. Pero no intente improvisar, lo que voy a decirle es la pura verdad, comprobada a lo largo de años de amarga experiencia.

Primero, diga a los jueces, ya de entrada, que tiene un caso chungo entre manos. La mejor forma de hacerlo es redactar un escrito tocho. (…) Así hará saber a los jueces que no tiene un argumento que pueda ser formulado de manera sencilla, directa y convincente. Tenga en cuenta que los argumentos sencillos son los que ganan, los argumentos complicados son pastillas para dormir de papel. (…)

Pero, ¿qué sucede si piensa que, a pesar de todo, los jueces podrían llegar a leer su escrito y encontrar en él un argumento ganador? Vaya al paso dos. Si ha completado el paso uno, usted ya tiene un escrito farragoso, de manera que ahora puede sepultar convenientemente su argumento ganador entre los nueve o diez perdedores. (…)

Bien, los secretarios judiciales no siempre son trabajadores y diligentes, pero aún existe algo de riesgo: ¿Qué sucedería si un secretario –quizás incluso el juez- encontrara su argumento ganador? Para protegerse frente a esto, los argumentos ganadores no sólo deberían de estar escondidos, también tendrían que estar escritos de forma totalmente ininteligible. Use frases complicadas, prescinda del verbo, del sujeto o de ambos. Huya de los signos de puntuación como de la lepra. Utilice en abundancia la jerga leguleya y los latinajos. Y no se olvide de llenarlo todo con acrónimos burocráticos. (…)

Pero, asumámoslo, un buen argumento es difícil de tumbar. Por tanto, lo que debe hacer es sazonar su escrito con un montón de distracciones que consigan desviar la atención de la cuestión principal. Una buena manera de hacerlo es iniciar una disputa con el abogado contrario. Adelántese, llámele mentiroso. Acúselo de que miente más que habla. La clave está conseguir que el tribunal sepa que la verdadera disputa no es la controversia entre los clientes. No, eso sólo es circunstancial. Lo que realmente está en juego es una lucha entre las fuerzas de la verdad, la justicia, la pureza y la bondad (es decir, usted) y Belcebú, su oponente.

La realidad, como ve, es que la mayoría de disputas jurídicas son aburridas, pero a todo el mundo le gusta una buena pelea, especialmente cuando los púgiles se quitan los guantes. A menudo sonrío de gozo cuando leo un pasaje como éste que encontré en un reciente escrito de oposición al recurso:
Con el debido respeto hacia mi colega, debo decir que lo que ha contado al tribunal es un fantasioso cuento de hadas, lleno de mentiras y tergiversaciones.

Evidentemente, el otro abogado respondió por el estilo. Muy pronto me encontré vitoreando a los abogados y me olvidé de todo lo relacionado con las cuestiones jurídicas.

Pero asumamos que su oponente es lo suficientemente espabilado como para no entrar al trapo. No importa. Siempre puede crear una distracción atacando al juez de instancia. Puede empezar a sugerir que si no te dio la razón debe ser porque estaba untado. O que estaba senil o ebrio de poder, o simplemente ebrio. Lo más probable es que muy pronto yo vea al juez de instancia en una de esas reuniones secretas en las que los jueces nos juntamos para cotillear sobre los abogados. (…)

Pero digamos que tiene un caso excelente que, a pesar de todo esto, aún tiene opciones de ganar simplemente con que los jueces sólo lean las citas legales. Bien, esto es fácil: no cite el precepto aplicable, no lo incluya en el escrito. En realidad, ni siquiera lo mencione. Lo que tiene que hacer es empezar hablando de política. A los jueces nos encanta la política, nos da sensación de poder. Así que en lugar de hablar sobre qué es lo que el Parlamento dijo, hable de qué es lo que debería haber dicho. (…)

Por cierto, las transcripciones en bloque son un ‘must’ que ocupan mucho espacio y que nadie lee. Siempre que veo una cita de bloque doy por sentado que el abogado ha tenido que ir al baño y se ha olvidado de desconectar la función de corta/pega en su ordenador. Seamos francos, si la transcripción en bloque realmente tuviera algo de interés, el abogado me habría dado una cita muy sucinta (…)”

Este artículo de Kozinski es uno de mis textos de redacción jurídica preferidos. Realmente me hizo reflexionar y consiguió que mirara los escritos judiciales con un enfoque distinto. El hecho de que un juez de apelación identifique a sangre fría nuestros errores más habituales no tiene precio.

El mes pasado leí un artículo sobre “textos irritantes” en el Maryland Appellate Blog. Cinco jueces de apelación de Maryland compartían sus reflexiones sobre cuáles eran las palabras, las frases, expresiones o técnicas más odiosas que utilizan los abogados. Uno de ellos decía que “me parece que las palabras vacías restan valor a un argumento y la categoría más común que aparece en los escritos es el argot jurídico gratuito. Somos un tribunal honorable. Hacer referencia constante a Este Honorable Tribunal a lo largo del escrito no añade nada de sustancia y, sin embargo, hace cada frase más incómoda”. Otro juez afirmaba que lo que más le desagradaba era que “los litigantes hagan ataques personales al juez de instancia o al letrado contrario, utilizando un tono sarcástico u hostil en su argumentación”.
Entre estos dos artículos han pasado más de dos décadas. Sin embargo, no parece que nuestros hábitos como abogados ni la perspectiva de los jueces haya cambiado demasiado.

Ahí os lo dejo. Cada cual puede sacar sus propias conclusiones. Ya que me dedico a ello, a ver si más adelante tengo algo de tiempo para escribir un artículo sobre “Cómo quemarte a lo bonzo en casación”.

Paso a paso.(joder qué tacones!)

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