¿Magistrado Ponente o “Magistrado Amanuense”?. El extraño caso del Ponente que discrepa de la Sentencia redactada.

El jurista se encuentra a veces con situaciones que desafían la lógica más elemental, haciendo bueno el dicho de que el sentido común es el más común de los sentidos. Pero realmente ninguno tan curioso como el de los magistrados ponentes que discrepan del contenido material de la sentencia. En otras palabras, que quien redacta la sentencia no está de acuerdo con el contenido material de la misma. Puede parecer un contrasentido o una invención del redactor de este blog, pero les aseguro que es un supuesto muy, muy real. En concreto, me estoy refiriendo a la Sentencia 127/2009, de 26 de mayo del Pleno del Tribunal Constitucional, que resuelve las cuestiones de inconstitucionalidad acumuladas número 7393-2006, 8198-2006, 6138-2007 y 6878-2008 planteadas por el Juzgado de lo Penal número 2 de Albacete respecto al artículo 172.2 del Código penal, redactado por la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la violencia de género. Supuesta vulneración de los principios de igualdad, de presunción de inocencia y de culpabilidad, de legalidad y de proporcionalidad penal: trato penal diferente en el delito de coacciones leves. Pues bien, si uno lee el encabezamiento de la resolución judicial, comprobará que en el mismo se contiene la siguiente frase: “Ha sido Ponente el Magistrado don Vicente Conde Martín de Hijas, quien expresa el parecer del Tribunal.” (por cierto, el aditamento final que sigue al nombre del ponente es una traducción literal de la fórmula de estilo que contienen las sentencias estadounidenses: “justice X delivered the opinión of the Court”). Pero si uno desciende a los votos particulares, podrá comprobar con estupor que el primer y brevísimo voto particular es precisamente el de Martín de Hijas, que se inicia con esta frase: “Como Ponente de la Sentencia he asumido el papel de expresar el parecer del Pleno, que no el mío propio discrepante de aquel, por ello, ejercitando la facultad establecida en el art. 90.2 LOTC, formulo Voto particular para expresar mi personal parecer sobre el caso.” Confieso que al leer esto no pude dejar de sorprenderme, porque revela que el magistrado que redacta la sentencia no está de acuerdo con la misma, lo que en puridad le convierte no en “magistrado ponente”, sino en “magistrado amanuense”, pues su función no ha sido otra que la de servir como una versión humana del “dragon dictation”, la conocidísima aplicación para smartphones. Lo mínimo que se puede pedir a un magistrado ponente es que comparta el razonamiento de la sentencia que redacta pues, de lo contrario, lo que ha de hacerse es designar a otro distinto.

Es de sobra conocida la forma en que este asunto se resuelve al otro lado del Atlántico en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. En dicho órgano, es prerrogativa exclusiva del chief justice decidir cual de los magistrados de entre los que se encuentran en el parecer mayoritario ha de ser el redactor material de la sentencia, siendo ésta una regla no escrita, sino consuetudinaria que data de la época de John Marshall, que es quien instauró la costumbre de elaborar una única sentencia (con anterioridad a 1801, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos seguía la práctica británica conocida como sentencia in seriatim, en virtud de la cual cada juez redactaba su propio razonamiento). Esta potestad fundamental suele ser muy cuidadosamente ejercitada, dado que es fundamental que el redactor de la misma intente no sólo evitar votos discrepantes, sino incluso atraerse a alguno de sus colegas. ¿Qué ocurre cuando el chief justice se encuentra entre los discrepantes, es decir, en contra del parecer de la mayoría? Pues que entonces la facultad de designar al ponente la ostenta el juez más veterano de los que integran la mayoría. Bajo el actual mandato de John Roberts, dado el equilibrio de fuerzas existente, y dado el papel clave de Anthony Kennedy, la posición del juez más veterano hasta el año 2010 la ostentaba John Paul Stevens (nombrado en 1975), sin embargo tras su renuncia normalmente la suele ostentar precisamente Kennedy, al ser éste nombrado en 1987.

Nuestro país ha optado por no seguir este sistema americano, lo cual no es en sí criticable. Pero lo que no es de recibo es que el sistema patrio español derive en castizo, dando lugar a situaciones tan surrealistas como la descrita en este post.

Monsieur de Villefort

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