Apologies (in advance) for the profanity but this side is a motherfucker….. I posted Ahmed Abdul Malik’s Spellbound last year – and now here’s ‘The Eastern Moods of Ahmed Abdul Malik’!
This is one of my personal holy grails of jazz vinyl collecting- long sought after by collectors, it would be an understatement to say that this side is rare… In any event it’s not a conventional jazz side either, but a riveting experiment in proto-world music c. 1963.
Zoltán Kodály, el compositor húngaro más importante del siglo XX, tal vez sólo un poco por debajo de Béla Bartók.
Al igual que Bartók, Kodály exploró en sus composiciones las verdaderas raíces de la música húngara, a menudo parodiada y mal parafraseada por otros compositores no húngaros. Kodály va a la esencia sintáctica e incluso antropológica del acervo musical húngaro, y así lo plasma en sus obras más conocidas, como las Danzas de Galanta, las Danzas de Marószek e incluso en obras más despreocupadas como Háry János.
El presente disco incluye obras poco conocidas de Kodály, pero que bien vale la pena conocer, pues sin duda delatan el estilo de su autor. La Philharmonia bajo la batuta de Yondani Butt hacen un excelente trabajo abordando por primera vez para el disco este trío de trabajos orquestales de primera.
(Sobre el lenguaje que se requiere en el púlpito entre los predicadores)
En tres días, señor Licenciado, oímos otros tantos sermones, en que se les dió una buena carda a los predicadores cultos, haciendo en ellos la riza que en ovejuelas tiernas pudieran hacer hambrientos y sangrientos lobos. Corríme de ver tan crudamente castigada la inocencia; dolióme en el alma oír golpes tan fieros contra la elocuencia medida y casta, y tan dentro de sus verdaderos y justos límites ceñida, llamándola “lenguaje crítico y culto”, y diciendo de ella indignas libertades.
Bien sé que si los santos varones, que son en esta parte calumniados, se quisieran defender, que con espadas negras rebatieran, como tan diestros, las aceradas de sus contrarios; pero quieren ganar con paciencia el mérito que pudieran perder por la ira, y quieren discretamente darse por no reprehendidos en lo que tiene dilatado campo de alabanza, y de reprehensión ni un cortísimo paso.
Poco letrado soy yo para defensor de esta causa:
Quid enim (hablo con Lucrecio) contendat hirundo. Cycnis? aut quidnam tremulis facere artubus haedi Consimile in cursu possint ac fortis equi vis?
The only album-length collaboration between pianist Art Tatum and tenor saxophonist Ben Webster (accompanied by a rhythm section of Red Callender, bass, and Bill Douglass, drums) was this September 11, 1956, session under the auspices of Norman Granz’s Verve Records label. (It was also Tatum’s last recording session before his death.) Granz probably suggested the repertoire of standards by the likes of Kern and Hammerstein, Rodgers & Hart, and Cole Porter, but the melodies, of course, only provide a framework. On each track, Tatum leads things off, with Callender and Douglass coming in discreetly (and low in the mix). Then, at a certain point, Webster appears in the foreground, playing comparatively few notes and sticking much more to the melody than his partner. This is a good approach, since Tatum never subsides to simple comping; he just keeps soloing away under Webster’s rich tenor tones until Webster stops playing, and then keeps on to the end. So, although this is billed as a group effort, it’s not a group of equals or really one in which the players are cooperating with each other. Tatum might as well be playing solo, since he takes very little account of what’s happening around him. Granz makes it work by varying the volume of the different instruments in the mix, and the result is a fascinating study in contrasts.
Siempre habrá quien no tenga un amor o no pueda gozar entre amapolas, pero abra su cuerpo mudo —no muy lejos de la noche, a la urgencia delicada del rocío. Ella cantaba estas cosas en radical armonía con la dicha indecible de vivir ya muerta en vida y oculta del lenguaje, pequeña durmiente del valle. Pero alguien comió y bebió de su rocío haciendo escala por las venas para subir a las heridas frescas y penetrar su boca abierta. ¡Ahí está tu jardín, frágil centinela! Entre los berros azules del arroyo, tu nuca ya no teme al sueño junto al muro, no escucha los ecos de un mundo derogado. Fondo sin espejos. Canta muda tú, como si no pasara nada, que el amor esconde a sus muertos entre lo caído. ¡Espera, corazón mío! ¡Talita Cumi! Al final de todo jardín hay siempre otro jardín. Escucha al oscuro ruiseñor de una noche en medio del camino. ¿Quién no busca una muerte donde vivir? El pájaro pasa entre las lenguas donde arde el último poniente en tu lecho inflamado. Te traduciré del otro mundo, árida rosa tallada con mi boca. (Miguel Beirat)