Ogdoéconta mélanas hexámetrous (Hamán honrando a Mardoqueo)

Cuando a la Prensa la dejan decir la verdad de las cosas nadie es culpable opinando respecto a los hechos expuestos. Si no amordazan la Prensa callar a lectores no es fácil, ni castigarse se puede al que piensa de lo escrito impune. Los dioses y los señores de la tierra no satisfacen.

Si Urdangarín no entrase en la cárcel por ladrón contumaz, habiendo en la misma cautivos por delitos menos graves, el régimen se verá privado de toda autoridad. Los españoles honrados abominarían de un Rey que desata de nuestras leyes a un miembro de su familia.

No sólo rex legibus absolutus él mismo sería, sino que hasta su familia absoluta legibus sería. Y como inútil carga veríamos a la Monarquía, que no desea velar por la igualdad de los españoles. Patraña del trono con su gesto ni convence ni asusta. Por tercera vez lo que no puede ser, no puede ser nunca. Y aquí en las entrañas a veces se hincha y ruge la furia del noble pueblo español, una vez más Fuenteovejuna. Las cárceles están llenas de pobretones desgraciados.Los poderosos, los ricos, se saben zafar de la Ley. ¿Es que no ve la Corona cómo el pueblo pide cárcel?. Roba el Urdanga el dinero del pueblo que ayer lo aplaudía, y hoy lo detesta con odio cerval y sangre masculina. Pide la España indigente castigos comunes al robo, y que tras las rejas Urdangarín sepa príncipe ser.

Ni Max Scheler ni Brentano, ni Aristóteles ni Platón, Ni Kant, ni Moore, ni Ross, ni Blondel, ni Hildelbrand, ni Mill, ni Hume, Ni Bergson, ni Bentham, ni Husserl, ni Hobbes, ni Mosterín, Ni tampoco Singer, ni Hartmann, ni Apel, ni Habermas, ni Rawls, y tampoco Berlin, ni Nozick, ni Höffe, ni Sandel, ni Taylor, entenderían que no esté aún en la cárcel Urdangarín.Con la misma rectitud de Josafat, Rey de los judíos, que a los jueces pedía no prevaricar por el soborno, el justo juez enviará a la cárcel a este príncipe impío. Aunque el pueblo no pueda ser juez ni ser masa justiciera, pues que peor que un príncipe malo es el vulgo linchador, son tantas y tantas las pruebas aportadas por la Prensa que va a la cárcel la Prensa o el insaciable Urdangarín.

El señor Matas está a las puertas del castigo de encierro, y ello supone que el duque verá su fortuna perderse. Lágrimas surcan mejillas de faces jamás dolientes. Cuando los próceres sufren parece el dolor no gastado. Cuando los pobres padecen lo nuevo parece  agotado. Todos los hombres del barro provienen, también la nobleza. Fausto Doctor los pecados de gula, soberbia, avaricia, Ira, lujuria, pereza y envidia, demonios tristísimos, por las artes de Mephisto vio aquella noche saturnina, y de su pobre figura se burló con tristeza humana.

Tan hombres son duques y reyes como pobres pordioseros, pero el duque tiene más obligaciones de ser mejor que aquel que un destino avariento su conducta determina.

La cárcel puede reconciliar a Urdangarín con él mismo. Debajo del torpe y muy insatisfactorio querer del duque late su querer fundamental de vida buena y honrada, límpida aspiración de todos los espíritus humanos.

Tiene virtudes quien triunfo sudó en el deporte exigente, y sin dudar el saber resistir el dolor lo levanta. Huelga en España el trabajo al patrón realiza unas horas pero a la Corte no pide que el malo devuelva el dinero. Más importante es la crisis del alma que la de riqueza.

Pues ésta es fruto de larga inmoralidad que sufre aquella. No discutimos la posibilidad de la monarquía, ni discutimos los derechos de ideales monárquicos. Sólo queremos que sea igual la justicia entre los hombres.

Porque creemos en el milagro de la espiga eleusina, porque postulamos que todas las personas son sagradas, todas merecen las mismas sentencias de los Tribunales cuando los mismos delitos y parecidos atenuantes sean vistos y probados por los jueces independientes. Vete a la cárcel, Urdangarín, a redimir tu alma herida con la pena y el castigo que hace castos a los manchados. Que a tu alma fáustica los negros demonios no despedacen. No reverenciemos a nadie salvo a Dios, Nuestro Señor –   No nos escandalizaremos con la maldad de los grandes -: Sigamos a Calístenes y a Mardoqueo en dignidad.

Martín-Miguel Rubio Esteban

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