Ni quito ni pongo rey

“Ni quito ni pongo rey, sólo sirvo a mi señor”, fueron las palabras que Betrand Du Guesclin pronunciaba mientras se agarraba a las piernas del rey de Castilla Pedro I “El Cruel” para que su rival y valedor del francés, Enrique II de Trastamara, pudiera apuñalarlo alevosamente. El paralelismo medieval con la función servil e instrumental de la justicia, en apariencia neutral a la contienda política pero de la que es simple elemento estratégico, se acredita con las explosiones incontroladas de júbilo y felicitaciones endogámicas de los miembros de la clase política y judicial, rayanas con el onanismo institucional, ante la novación de la cúpula del Tribunal Constitucional.

El Ministro de Justicia, D. Francisco Caamaño, se felicitaba satisfecho por la elección de D. Pascual Sala como nuevo Presidente del TC, destacando a la vez la trayectoria del magistrado en la defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos. Seguramente no estaría pensando en D. José María Ruiz-Mateos, cuando Sala dio espaldarazo a la reprivatización de RUMASA a los compadres del poder desde el Tribunal de Cuentas, aunque quizás sí en su compañero de partido D. Felipe González Márquez, al que evitó el mal trago de su imputación por los crímenes del GAL oponiéndose con éxito a la desclasificación de los documentos del CESID, de los que presumiblemente se desprendía su implicación en la trama.

El TC nombra así al sucesor de Dña. María Emilia Casas en su Presidencia, situando a D. Eugenio Gay como vicepresidente, defensor con Sala de la constitucionalidad íntegra del estatuto catalán. Sin embargo, Gay sólo podrá ostentar el cargo durante las semanas –o meses, o años- que resten hasta la renovación de Magistrados que está pendiente de efectuarse por nombramiento del Congreso, ya que su mandato ordinario ya finalizó el pasado 7 de noviembre. Los nuevos cargos máximos del TC obtuvieron el aval de todos los magistrados que conforman con ellos el denominado “bloque progresista”, excepto el de D. Manuel Aragón, que votó en blanco. Curiosamente fue Aragón quien rompió la uniformidad de los jueces elegidos por el PSOE sobre la constitucionalidad de la definición de Cataluña como nación en la sentencia sobre el estatuto.

El actual juego de mayorías, favorecido por la vacante del magistrado elegido por el PP D. Roberto García Calvo, fallecido en el año 2.008, determinó que la elección de Sala en el Pleno del TC tardara menos de media hora en resolverse, y la de Gay tan sólo quince minutos, que contrastan tanto con los tres años de pendencia judicial sobre la norma autonómica catalana como con los retrasos para la novación íntegra del órgano por razones, en ambos casos, de pura matemática política.

Pedro M. González

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