La vieja escuela

La sincronía del curso procesal del “caso Palau” y el retorno del nacionalismo expreso al poder en Cataluña siguen arrojando datos abracadabrantes de lo que aquí se denunció como el natural risorgimento de las maneras de la vieja escuela pujolista. El pasado 17 de Enero declaraba en calidad de imputado durante hora y media ante el juez que investiga el saqueo de la institución musical la que fuera secretaria personal de D. Félix Millet durante treinta y cinco años, Dña. Elisabeth Barberá, que se ratificó en la versión que mantuvo cuando el año pasado declarara tan solo como testigo, recalcando que se limitó a obedecer órdenes de su jefe, sin que nunca sospechara de sus ilícitos manejos.

Respecto a la relación entre la entonces dirección del Palau y cargos de CDC, la declarante señaló que el tesorero del partido, también responsable de la Fundació Trias Fargas, afín a la formación convergente, mantenía contacto continuo y diario con Millet. También ha destacado los asiduos contactos de su jefe con D. Pedro Buenaventura, directivo en Cataluña de la constructora FERROVIAL, empresa que según los peritos de la Agencia Tributaria habría pagado comisiones por la adjudicación de obra pública referida al Palau en los gobiernos de Jordi Pujol que después se repartirían ente sus directivos y CDC. Además de esta relación que Barberá juzgaba “normal” al tratarse del principal patrocinador del Palau, la secretaria personal de Millet ha puesto al descubierto las frecuentes conversaciones entre su jefe y D. Esteve Escuer, presidente de CiU en L´Ametlla del Vallés, que se sospecha cobró 13.000 euros destinados luego a pagar gastos domésticos de la familia Millet.

Barberá ha ratificado que ella misma preparaba mensualmente varios sobres que sumaban entre 40.000 y 50.000 euros destinados a pagar, desde el jardinero o el servicio doméstico de Millet y de sus hijas, hasta las seis hipotecas que el saqueador confeso tenía pendientes de pago. No obstante, ha puntualizado que no dudó de la legalidad de esos pagos porque pensaba que ese dinero pertenecía a su jefe, añadiendo que no le sorprendía el dinero que movía porque cuando le conoció, en la década de los 80, se dedicaba a la compraventa inmobiliaria y ya manejaba grandes cantidades. A pesar del cúmulo de evidencias, D. Artur Mas, ha negado que su partido se encuentre involucrado en el asunto así como que la Generalitat quiera “tapar” las investigaciones judiciales sobre la gestión del Palau, añadiendo que las acusaciones contra CDC son los coletazos de una dura campaña electoral y que tras las declaraciones judiciales practicadas “no era el momento de imputar  a nadie” relacionado con la  formación nacionalista. Lo dicho, el retorno del conocido estilo de la vieja escuela tras la novación alternante del ciclo partitocrático del que la corrupción es lógica e inevitable consecuencia.

Pedro M. González

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