Guiñoles

La despedida de Dña. María Emilia Casas como Presidente del Tribunal Constitucional (TC) consiguió el difícil reto de superar en caradura y cinismo la falta de dignidad de cualquier jurista al que le ofrezcan pertenecer a ese órgano para-judicial y lo acepte. En su adiós, la Magistrado reprochó a los mismos políticos que la eligieron para su puesto que las designaciones partitocráticas no se renueven en el momento previsto “constitucionalmente” y que estas “quedaran embarradas por todo tipo de cábalas y supuestas negociaciones políticas llevadas a cabo al margen del parlamento”.

Lo dice una mujer de leyes que debe saber que sin separación de poderes en origen no existe constitución posible y que aceptó presidir un cónclave nombrado por el poder político al margen de la carrera judicial para controlar las resoluciones de la Justicia ordinaria. Habla así quien aguantó estoicamente la reprimenda pública de la Vicepresidente del Gobierno por la forma de conducirse en su encargo al frente del TC. Expresa su queja quien después de aceptar el cargo pudo dimitir forzando su renovación y sin embargo al marcharse reprocha a sus jefes que la maquinaria de la tiranía de los partidos sobre la justicia no sea suficientemente precisa en los tiempos de engrasado, recambio y entretenimiento. Realiza reproches de orden moral quien, durante su mandato, fue objeto de diligencias por el Tribunal Supremo por asesorar a una abogada acusada del asesinato de  su marido, recomendándole supuestamente la llamada personal en el momento en que el asunto llegara al conocimiento de su Tribunal en amparo. No es de extrañar la sorpresa de los allí presentes, entre ellos el actual preboste máximo de la Justicia, Sr. Caamaño, que se permitió recordar luego a la cesante que para el nombramiento de Magistrados del TC la propia constitución es la que exige un consenso que “inevitablemente” se tiene que dar entre el PSOE y el PP.

Ha sido el Magistrado D. Javier Delgado quien por ser el de mayor edad ha asumido interinamente la presidencia en funciones del TC dirigiendo la toma de posesión de los nuevos cuatro Magistrados designados por la política. Esta renovación parcial ha supuesto de facto una ruptura del equilibrio que demoró la resolución de la decisión sobre el estatuto catalán más de tres años, de tal forma que ahora hay siete magistrados del llamado sector “progresista” y cuatro “conservadores”. No obstante el mandato de los magistrados designados por el Congreso también venció el mes de Noviembre pero sin que hasta ahora PSOE y PP hayan logrado un acuerdo para proceder a su renovación. La Cámara Baja debe cubrir también la vacante dejada por D. Roberto García Calvo, fallecido en Mayo de 2.008, por lo que el TC continúa compuesto por once miembros.

Se levanta otra vez el telón del teatrillo de guiñoles. Títeres, eso sí, con cachiporra.

Pedro M. González

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