Violencia de sexo

La Ley Orgánica 1/2004, de 28 de Diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, establece en su Título Preliminar, artículo 1, lo siguiente: La presente Ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia.

Según las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial, en el año 2003, fallecieron por violencia de sexo 103 mujeres, en el 2004, 100, en 2005, 90, en 2006, 91, en 2007, 118 y en 2008, 100. Siento reflejarlas sólo con cifras y no con sus nombres y apellidos, pero por encima de todo, ha de tenerse en cuenta su dignidad.

En muy corto espacio de tiempo, el Poder en España ha pasado de imponer hábitos familiares acordes con el nacional-catolicismo a ejercer una influencia devastadora sobre la familia, fomentando costumbres y dictando leyes pseudofeministas que van contra la propia naturaleza de la mujer. Al establecerse que hay “relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres”, se incita a éstas a entablar una guerra abierta contra el hombre, al que se presenta como el enemigo emocional y físico. Lo que se deriva de la Ley mencionada se puede adivinar a través de esa primera premisa, junto con los párrafos que la acompañan: una desmedida represión que acarrea numerosas injusticias sufridas por unos hombres a los que amenazan con apartarles de sus familias, y que, sintiéndose como animales acorralados, pueden reaccionar como tales. Al margen de los misóginos y los engendros de una sociedad enferma, en una guerra, siempre aparecen los oportunistas y demagogos que pretenden sacar partido (ahora, en la oligocracia que padecemos) de ella, con métodos muy sibilinos y taimados.

Las mujeres dieron un gran paso hacía delante en su lucha por el voto hasta conseguirlo, hoy debemos caminar junto al hombre (ni un paso más ni uno menos) para conseguir terminar con esta violencia (guerra) de sexo propiciada y fomentada hasta lo indecible, desde el propio Estado de partidos, y que tantas víctimas inocentes se está cobrando en los “dos bandos”.

Pepita Jimenez

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