Tempo garzónico

La relación entre el Tiempo y la aplicación del Derecho es de esencial atención para llegar a criterios objetivos de Justicia. El manejo del tiempo en la pseudojusticia del Estado de poderes inseparados es una de las formas esenciales para controlarla. Hacer o no hacer coincidir resoluciones judiciales con procesos electorales con la excusa de no influir en la vida política, cuando en realidad es ésta la que determina el retraso de la resolución judicial, es un ejemplo. Activar o ralentizar actuaciones procesales de determinados protagonistas de la vida pública y de los partidos a conveniencia, otro.

El máximo exponente del Magistrado mediático y postmoderno de la España del “Estado de derecho” del setenta y ocho, es consciente como nadie de la importancia del tempo procesal y hábil maestro de su manejo. Tiempo para ser juez, y tiempo para ser político en unidad personal, y tiempo también para activar o desactivar asuntos según la conveniencia coyuntural aconseje. Por eso no es casual que ahora, cuando se ve acosado por distintos flancos con querellas que cuestionan su probidad como juzgador, actúe inmisericordemente contra la corrupción activando un episodio político-urbanístico como el de Santa Coloma de Gramanet, cuya instrucción trae causa del caso BBVA Privanza que se remonta ya al año 2.002, sin que desde entonces se realizaran diligencias de instrucción de calado.

Es ahora, cuando a Garzón le interesa aparecer de nuevo como azote de corruptos, cuando rescata del cajón el asunto y ordena actuaciones tan espectaculares como trascendentes ante la opinión pública, preconstituyendo prueba artificialmente de Juez honesto, y, de paso, enviando un auténtico “aviso a navegantes” sobre la trascendencia inmediata que su condena futura puede tener en la sociedad política que lo ha encumbrado.
Pedro M. González

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